Adecuado uso de inteligencia artificial, crucial desafío para el futuro de Colombia
Nota introductoria general La discusión académica, política, geopolítica y de conveniencia de la empresa privada y el sector oficial del mundo actual en torno a la inteligencia artificial (IA), suele naufragar en dos extremos nocivos. Por un lado, el tecno-optimismo ingenuo que la exalta como una divinidad milagrosa capaz de erradicar la ineficiencia humana de la noche a la mañana, y por otro, el apocalipsis tecnofóbico que la condena como un satán digital destructor de empleos. Para aterrizar este debate en el contexto de la población productiva de Colombia, es imperativo prescindir de academicismos complejos y adoptar una definición didáctica como base de comprensión del complejo tema, en los siguientes términos. La inteligencia artificial no es una entidad pensante ni una conciencia artificial, sino un conjunto de herramientas matemáticas y computacionales avanzadas que imitan patrones del razonamiento humano, tales como reconocer rostros, traducir idiomas, predecir compras o redactar textos, a partir del análisis masivo de datos pasados. En términos prácticos para un trabajador, es un "copiloto" digital hiperveloz que procesa información y ejecuta tareas repetitivas o de análisis lógico, pero que carece de criterio ético, intuición empática y sentido común. Comprender la IA bajo esta óptica desmitificadora permite evaluar con lucidez los profundos retos que enfrenta la fuerza laboral colombiana presente y futura, ante la ya inatajable transformación digital global.