El capitán Orlando Mazo Gamboa héroe de Las Delicias
El 30 de agosto de 1996, 415 terroristas del Bloque Sur de las Farc atacaron por sorpresa y arrasaron la base militar de Las Delicias, ubicada a orillas del Río Caquetá. Después de 17 horas de fieros combates, 28 militares perdieron la vida, 60 fueron secuestrados y 15 quedaron heridos de gravedad. El improvisado cuartel era un sencillo conjunto de kioscos, construido al estilo maloca indígena, y habitado sin los criterios tácticos y técnicos inherentes a una fortificación militar. José Martínez el centinela del puesto No. 6 escuchó varios ruidos cada vez más nítidos. No eran suposiciones. Sin duda cerca de él había varias personas, que pretendían acercarse hasta su posición. En voz baja, preocupado alertó al soldado de refuerzo nocturno: —¡Lanza!, ¡lanza!, ¡lanza!… Oigo murmullos por aquí cerca. Oiga bachiller, oiga bachiller, oiga esos ruidos. Varias personas se acercan— Ante el aterrador volumen de fuego, siete de los once centinelas, enfrentaron el ataque, sin que sus sorprendidos compañeros aferrados al terreno y aturdidos por las estruendosas explosiones de los cilindros, las bombas y las granadas, pudieran llegar rápido a ocupar las posiciones principales. En fracción de segundos la base de Las Delicias enclavada en pleno corazón de la selva putumayense, reeditaba el infierno del Vietnam. Con la celeridad de un rayo y gracias a la agilidad que le daba su atlética fisonomía, el capitán Mazo corrió hacia su dormitorio, apagó la luz y en un santiamén se colocó el uniforme camuflado se calzó las botas, tomó la pistola y se arrastró hacia la caseta de comunicaciones. Incansable, el capitán Mazo se multiplicaba por doquier para animar a sus hombres y para exigir disciplina, ya que cada vez que algún soldado hablaba, era blanco de inclementes descargas de fuego enemigo. A partir de la media noche, la situación se complicó más para la Compañía “C”, pues se desgajó un fenomenal aguacero, propio de la selva tropical. Como las zanjas de arrastre no tenían desaguaderos y estaban en mal estado de mantenimiento o no tenían empalizada en el piso, las posiciones defensivas eran cada vez más intransitables.