Defensa Nacional

Análisis estratégico sobre seguridad nacional, defensa hemisférica y políticas de estado.

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2020

88 años después de la agresión peruana contra Colombia

Han sido pocas las oportunidades en que los colombianos nos hemos unido para alcanzar un objetivo común. Tan escasas, que casi se podrían contar en los dedos de la mano. Una de ellas, tal vez la más significativa sucedió hace ochenta y ocho años.       El 1º de septiembre de 1932, a las cinco treinta de la mañana, una agrupación de civiles armados y militares peruanos asaltaron el puerto colombiano de Leticia, sobre el Trapecio Amazónico, consagrado como territorio nacional por el Tratado Lozano Salomón de 1928.      La invasión fue encabezada por el ingeniero Oscar Ordóñez y el alférez del Ejército del Perú Juan de la Rosa, comandante de la guarnición de Chimbote quien vestía prendas civiles.      Los agresores emplearon ametralladoras pesadas y cañones, fusiles Mauser y carabinas Winchester, que sólo podían tener procedencia castrense. Una vez perpetrado el asalto, un contingente de soldados en uniforme distribuyó centinelas en los cuatro puntos cardinales de la población.       De manera simultánea, el puerto de Tarapacá, ubicado sobre la margen sur del río Putumayo, lugar estratégico por su ubicación próxima a la frontera con el Brasil y sus características topográficas, fue tomado por fuerzas militares peruanas y convertido en fortín atrincherado, con el fin de controlar la navegación de este importante tributario del río Amazonas.       Como es obvio de inferir, las Fuerzas Militares fueron protagonistas de ese episodio, a raíz del cual Colombia entendió la importancia de contar con tropas profesionales. La integridad del territorio se defendió con éxito gracias al valor de nuestros soldados, a la dirección política y diplomática y al apoyo de todos los sectores de la sociedad. Hasta ese momento, no había ocurrido algo similar en algo más de un siglo de vida republicana.        La movilización nacional       Tras el asalto peruano a Leticia, el presidente Enrique Olaya Herrera llamó a los colombianos a la movilización nacional y obtuvo caudalosa respuesta encaminada a contribuir en la defensa y protección del patrimonio común. Tan grave ultraje a la soberanía nacional despertó el patriotismo. Las juventudes se aprestaron a servir en las filas del Ejército Nacional. En las oficinas de reclutamiento, fueron rechazados centenares de jóvenes que querían empuñar las armas de la república.        Es digno recordar aquí el noble gesto de nuestras mujeres, quienes no escatimaron esfuerzo. En cumplimiento del llamado presidencial, las solteras donaron sus anillos de compromiso y las casadas las argollas de matrimonio. Hasta las familias más humildes que guardaban algún objeto de valor a manera de tesoro, lo entregaron por la salud de Colombia.        Los diferentes estamentos sociales de la nación contribuyeron a reunir joyas que fueron fundidas en el Banco de la República, donde convertidas en lingotes de oro, se convirtieron en los recursos urgentes para responder a la inesperada guerra.       Los periodistas colombianos difundieron a través de los distintos medios toda la información conocida, y conmovieron a los taciturnos espíritus para poner a todos en pie de guerra.        Escuelas como los colegios se convirtieron prácticamente en cuarteles, pues allí se adiestraba en los asuntos castrenses animosos jóvenes. Eminentes médicos de quienes aceptaron sueldo de soldados rasos, como compensación a sus aportes humanitarios.       Mediante la ley 12 de 1932 el gobierno nacional fue autorizado para endeudarse por $10’000.000 destinados a atender los gastos más urgentes. La agresión peruana contra Leticia fue está relacionada con el estado crítico en que se hallaba la defensa militar del país. En lo externo, reposaba en la confianza del cumplimiento de los tratados por parte de los países vecinos y, en lo interno, en el consenso de la opinión pública y el espíritu pacífico después de la sangrienta guerra de los mil días.        Acorde con la nueva ley se impusieron gravámenes a espectáculos públicos, juegos, loterías y giros a residentes fuera del territorio nacional. A lo anterior se sumó el patriótico caudal de las contribuciones, que permitió alcanzar la suma de $10’382.183,68, incluyendo el valor de las joyas que damas, caballeros y niños aportaron a la causa, por valor en oro de $123.963,17. El sábado 22 de octubre de 1932 fue de regocijo nacional, al conocerse la noticia de que la colecta había sobrepasado los $ 10’000.000. ¡Antes de 30 días Colombia había cumplido el objetivo financiero de la primera parte de la guerra!        El combate de Güepí        Güepí, primera batalla de la guerra, se desarrolló durante nueve horas de lucha sin descanso, a lo largo de un sector de quince kilómetros. El caudaloso río Putumayo, describe en este trayecto de la selva dos lentas curvas de dirección opuesta, que desde los aires deben verse como una S gigantesca. En medio del río existen varias islas, la mayor de las cuales, Chavaco, podría convertirse en una hacienda de regulares proporciones.       Antes de salir las primeras luces del alba, tropas colombianas al mando del capitán Luis Uribe Linares alcanzaron la orilla opuesta y desembarcaron, en perfecto silencio y sin que fuera advertido el movimiento. Al mando de los pelotones iban los tenientes Mario García, Deogracias Fonseca quien 25 años más tarde fue presidente de la república, Carlos Manrique y Francisco Benavides.       A las ocho y media de la mañana los aviones de guerra colombianos surcaron los aires. Era la señal convenida para iniciar el ataque. Como se había previsto. A cuatro kilometros de distancia, estaba el fuerte peruano de Cachaya o Bolognesi.

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2020

Eln, teología de la liberación y sacerdotes terroristas

      El 17 de septiembre de 1982 a las 6 pm, bandidos de las autodefensas del Magdalena Medio dirigidos por Ramón Isaza, perpetraron una masacre contra una célula embrionaria del “proyecto Santos” del Eln, que desde comienzos de 1978 y como parte de la estrategia del replanteamiento, venía desarrollando en las veredas de Estación Cocorná en Puerto Triunfo Antioquia el sacerdote católico, miembro activo de la teología de la liberación y difusor del terrorismo marxista-cristiano Bernardo López Arroyave.       Ya vinculado como militante y activista urbano del Eln en Medellín, López Arroyave ingresó con vocación tardía al seminario de la Ceja Antioquia, donde adelantó estudios canónicos. En esos claustros compartió formación religiosa con varios sacerdotes centroamericanos, que luego obraron como terroristas e ideólogos de las guerrillas salvadoreñas y nicaragüenses. Inclusive fue ordenado como sacerdote, en una ceremonia masiva en el Templete en Bogotá durante la visita del Papa Pablo VI en 1968.  

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2020

47 años después de la Operación Anorí, el Eln sigue asesinando colombianos

Análisis del conflicto armado en Colombia      Han transcurrido 47 años desde el 23 de septiembre de 1973, cuando tropas del Comando Operativo 10, dieron de baja en la zona rural de Anorí Antioquia a los terroristas Manuel y Antonio Vásquez Castaño, fundadores del Eln.       La Operación Anorí que arrasó más de la mitad del grupo criminal en las montañas antioqueñas, fue el epílogo de la acción del foco guerrillero impulsado desde La Habana por la dictadura cubana.       Los hechos indican que los gobiernos de turno desaprovecharon las enseñanzas político-estratégicas, y la amplia autopista de posibilidades que dejó la ofensiva militar contra el Eln en Anorí, para derrotar en los campos político y militar los reductos de las guerrillas comunistas, que por no haber desaparecido del panorama político nacional, cuatro décadas después configuran aún la más grave agresión contra la estabilidad institucional y el futuro de Colombia como Estado-Nación.       Al desconocimiento y desaprovechamiento de los éxitos militares logrados por el Ejército colombiano en Anorí en 1973, se añadió otro error histórico, producto de la miopía estratégica de un vasto sector de la dirigencia política de turno, que en cada coyuntura avizora los réditos que pueda rescatar para su beneficio personal sin tener en cuenta la proyección del país.       Tal fue la actuación de Álvaro Escallón Villa a la sazón gobernador del Departamento de Bolívar, quien con el visto bueno del entonces presidente Alfonso López Michelsen en asocio por mezquinos intereses politiqueros con el dirigente liberal Jaime Castro Castro, el entonces promotor de acción comunal Oswaldo Utria acompañados por algunos estudiantes de medicina de una universidad de Cartagena.

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2020

Estrategia subversiva para desarticular la institucionalidad y maniatar Fuerza Pública

Análisis del conflicto armado en Colombia       No es gratuito que el 7 de agosto de 2018, cuando se posesionó el presidente Iván Duque, desde el occidente de la capital de la república, Gustavo Petro integrante del desmovilizado grupo narcoterrorista M-19, anunció en nombre de la “oposición” que le “haría la vida imposible” con “protesta social”. Tampoco es gratuito que cuando firmaron el pacto Farc Santos, los terroristas anunciaron que pasarían a la “protesta social”.        Mucho menos es gratuito, que transcurridos pocos meses del gobierno de Duque, indígenas caucanos alebrestados por las Farc el Eln e inclusive visitados por Petro en el lugar donde aterrorizaban a los colombianos que se atrevían a transitar por la vía Panamericana, y financiados por los capos de todos los carteles de narcos del sur del país, paralizaron la economía regional durante más de un mes.         Y como si fuera poco, todo lo anterior, los mismos que se infiltran en las masas de incautos de la “protesta social” activaron un carro-bomba y asesinaron a 22 cadetes de la Escuela de Policía General Santander”, y a renglón seguido comenzaron las “marchas pacíficas” manipuladas por terroristas urbanos de las Farc y el Eln, que también financiados por narcotraficantes de todas las pelambres, vandalizaron instalaciones públicas y privadas en todo el país.         El proyecto criminal de los comunistas armados con la evidente complicidad de comunistas desarmados, se detuvo transitoriamente con la pandemia. Sin embargo, Petro no escatimó oportunidad para instigar al caos y el desorden, pero como habilidoso comunista especializado en manipular el lenguaje, siempre asegura que está llamando a la “protesta social”. Eso si nunca cuestiona a los vándalos, ni a sus amiguis de las Farc o el Eln por los actos terroristas que comenten en cada “protesta”. Siempre se va lanza en ristre contra el capitalismo, el imperialismo, la derecha… El mismo argumento barato de dinosuarios comunistas de los años sesenta.

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2020

Crónica N° 2 Don egocéntrico y don propositivo hablan de la educación política de la reserva moral del país

Conversación ocurrida en una videoconferencia virtual. Don propositivo y don egocéntrico debatieron algunos asuntos, mientras don Comprometido quien escuchaba paciente decidió opinar … Tema para reflexionar y para actuar         Don propositivo: Escuche bien señor, la perspectiva política de las reservas de la fuerza pública y en general la de los compatriotas, exige mucha educación para que no cometamos errores del pasado. Debemos adherirnos al esfuerzo integrador mediante educación permanente en asuntos sociales y políticos, que promueve la fundación integrada por algunos veteranos, para fortalecer nuestra cultura organizacional, en los campos ideológico, identidad gremial y claridad conceptual.          Don egocéntrico: No viejo, no me venga con libritos, ni charlitas, ni teorías. Necesitamos un líder que nos represente y que le cante las cuarenta a los ladrones de cuello blanco. Busquemos a ese man y ese nos saca adelante

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2020

El capitán Orlando Mazo Gamboa héroe de Las Delicias

       El 30 de agosto de 1996, 415 terroristas del Bloque Sur de las Farc atacaron por sorpresa y arrasaron la base militar de Las Delicias, ubicada a orillas del Río Caquetá. Después de 17 horas de fieros combates, 28 militares perdieron la vida, 60 fueron secuestrados y 15 quedaron heridos de gravedad.        El improvisado cuartel era un sencillo conjunto de kioscos, construido al estilo maloca indígena, y habitado sin los criterios tácticos y técnicos inherentes a una fortificación militar.        José Martínez el centinela del puesto No. 6 escuchó varios ruidos cada vez más nítidos. No eran suposiciones. Sin duda cerca de él había varias personas, que pretendían acercarse hasta su posición.  En voz baja, preocupado alertó al soldado de refuerzo nocturno:         —¡Lanza!, ¡lanza!, ¡lanza!… Oigo murmullos por aquí cerca. Oiga bachiller, oiga bachiller, oiga esos ruidos. Varias personas se acercan—        Ante el aterrador volumen de fuego, siete de los once centinelas, enfrentaron el ataque, sin que sus sorprendidos compañeros aferrados al terreno y aturdidos por las estruendosas explosiones de los cilindros, las bombas y las granadas, pudieran llegar rápido a ocupar las posiciones principales. En fracción de segundos la base de Las Delicias enclavada en pleno corazón de la selva putumayense, reeditaba el infierno del Vietnam.        Con la celeridad de un rayo y gracias a la agilidad que le daba su atlética fisonomía, el capitán Mazo corrió hacia su dormitorio, apagó la luz y en un santiamén se colocó el uniforme camuflado se calzó las botas, tomó la pistola y se arrastró hacia la caseta de comunicaciones.        Incansable, el capitán Mazo se multiplicaba por doquier para animar a sus hombres y para exigir disciplina, ya que cada vez que algún soldado hablaba, era blanco de inclementes descargas de fuego enemigo.         A partir de la media noche, la situación se complicó más para la Compañía “C”, pues se desgajó un fenomenal aguacero, propio de la selva tropical. Como las zanjas de arrastre no tenían desaguaderos y estaban en mal estado de mantenimiento o no tenían empalizada en el piso, las posiciones defensivas eran cada vez más intransitables.

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2020

Violencia en Nariño: La solución no es solo militar. Y autoridades civiles ¿qué?

Análisis del conflicto armado en Colombia       Los tres hechos ocurridos violentos en el último fin de semana en el departamento de Nariño, incluida la masacre de ocho estudiantes universitarios en el municipio de Samaniego, y el asesinato con sevicia de dos integrantes de las Farc en presencia de otros desertores perpetrado por bandas de narcotraficantes, causaron revuelo en la opinión pública y volvieron a poner sobre el tapete los trillados argumentos de los mandatarios locales y regionales, que por su parte no ejercen la suficiente autoridad, ni se esfuerzan por buscar soluciones puntuales a sus problemas, tales como:      “Necesitamos más fuerza pública, más justicia y más inversión social, porque estamos abandonados del gobierno central, bla, bla, bla…”       Claro que es cierto que hacen falta esos tres aspectos y por eso es que ocurren hechos similares y peores en Nariño, en Catatumbo, en el Bajo Cauca, en el Chocó, el Putumayo, Arauca, Meta y otros departamentos “olvidados de la mano de Dios y de la del gobierno central”. No de ahora sino desde nuestro nacimiento como república.       Curiosamente esos mandatarios locales piden mayor presencia del Ejército para combatir a todas las manifestaciones de violencia que hay en sus territorios, producto entre otras razones de la eterna y rampante corrupción, que ha caracterizado a toda la geografía electoral colombiana. De esa podredumbre no se salva ninguna región en este país.  

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2020

Farc nunca desmovilizaron sus milicias bolivarianas: resultados a la vista

Los recientes hechos de violencia en el país, materializados en masacres de ciudadanos inermes incluido un mayor del Ejército en retiro que practicaba ciclismo en Jamundí Valle, y ataques violentos contra soldados y policías en áreas campesinas en diversos lugares del país, corroboran por su naturaleza, que un paso esencial para derrotar el narcoterrorismo comunista contra Colombia, es la desarticulación de las milicias bolivarianas de las Farc y populares del Eln.       Si bien es cierto que Mao Tse Tung afirmó durante la guerra popular prolongada en China, que los campesinos son a las guerrillas como el agua al pez, también es cierto que en Colombia, las milicias bolivarianas y populares son para las guerrillas comunistas como el agua a los peces.       Desafortunadamente la dirigencia política colombiana e inclusive las autoridades judiciales, jamás han dado la importancia al combate de este de este problema, y por el contrario han utilizado el mismo lenguaje de los comunistas armados y desarmados, asegurando que esas milicias integradas por personas incrustadas dentro de la población, son “civiles ajenos al conflicto”.       Por su parte las Farc y el Eln, utilizan a esas milicias, para efectuar actividades de inteligencia y subversión contra las instituciones gubernamentales, asistencia logística a las cuadrillas, espionaje a las comunicaciones y actividades de sabotaje contra las instalaciones públicas o privadas.

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2020

Pacto Farc-Santos, masacres, narcotráfico y grupos criminales

     Análisis del conflicto armado en Colombia       Igual a lo sucedido durante las últimas siete décadas  de violencia política en Colombia, las recientes masacres ocurridas en diferentes lugares del territorio nacional, todas asociadas con el narcotráfico, se han repetido las versiones reiterativas en los medios por parte de los comunistas desarmados sindicando y cuestionando al gobierno de turno y a las Fuerzas Militares; los sabelotodo estrategas de escritorio que todo lo ven fácil de solucionar; los congresistas de las regiones afectadas haciendo politiquería con los hechos; y mucho más, pero la población colombiana sigue desinformada.      Los hechos indican que tal como se advirtió desde cuando el gobierno de Juan Manuel Santos decidió arrodillarse ante narcotraficantes y terroristas, la violencia rural se incrementaría, pues muy habilidosas las Farc impusieron en Cuba la condición que para firmar el pacto que en todo los favorece en todo:       Mediante ese pacto, se evitó la erradicación de los cultivos ilícitos, al tiempo que mediante componendas de asociaciones, programas agropecuarios, organización comunitaria y “zonas de concentración transitoria” que se convirtieron en permanentes, las Farc se ubicaron con brazo político en el congreso y cuadrillas armadas en el monte, controlando el negocio del narcotráfico en asocio con los carteles mexicanos y la financiación de las “protestas sociales” contra el gobierno.

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2020

24 años después de la masacre en la base militar de las Delicias Farc y demás Bacrim siguen asesinando colombianos

 Análisis del conflicto armado colombiano      A partir de las 7 de la noche del 30 de agosto y durante 17 horas continuas, la selva amazónica en el departamento de Putumayo, trajo al escenario de violencia y el narcoterrorismo comunista contra Colombia, una siniestra copia de los sangrientos ataques en las arroceras y áreas rurales vietnamitas.       Esa noche 415 terroristas encabezados por Joaquín Gómez, Fabián Ramírez y el mocho César, atacaron a 100 soldados que ocupaban la Base militar de Las Delicias y se disponían a iniciar operaciones de control de área y destrucción de la infraestructura narcotraficante del bloque sur de las Farc.      Al cabo del desigual y sangriento ataque, perecieron 28 soldados de la más humilde condición y estrato social. Un alto porcentaje de ellos rematados con tiro de gracia, como fue el caso del capitán Orlando Mazo, comandante de la unidad atacada. Otros 60 militares que sobrevivieron a la arremetida terrorista, fueron secuestrados y 12 militares heridos a quienes les robaron todo el material de dotación, fueron abandonados a suerte, por los delincuentes que partieron hacia la selva con el “botín de guerra”, para presionar al débil y desprestigiado gobierno Samper a que les concediera estatus político, a cambio de la liberación de los soldados en poder de las Farc.

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2020

Colombia sigue en guerra contra el narcoterrorismo comunista

Análisis del conflicto armado en Colombia       El cuento chino de la paz de Santos con las Farc y la venta al imaginario colectivo de los colombianos,  de que llevar a los cabecillas terroristas al congreso de la república era la “paz más perfecta posible” como descaradamente  dijeron el general Mora y Humberto De La Calle, es un cáncer que comenzó a hacer metástasis.       El asesinato a sangre fría del mayor Vergara en una carretera muy transitada por ciclistas en las goteras al sur de Cali, trajo a la memoria de los colombianos los nefastos recuerdos cuando el hampa fariana de Jojoy, Romaña, Lozada y los demás bandidos secuestraban o asesinaban inermes ciudadanos en las carreteras del país.       Solo falta que los camaradas de Timo, Alape, tornillo y la concubina de Tirofijo, ahora encabezados por Santrich y Márquez en el monte, vuelvan a asaltar poblados y a exigir a los alcaldes que les entreguen el manejo del presupuesto municipal, aunque parece, que eso ya está sucediendo. Por lo pronto siguen empoderados del control del narcotráfico. Pero como en la popular canción bailable, “aquí no hay problema, aquí no hay pelea, mi gente de Cali disfruta y rumeba”… Viva la fiesta y güepajeeee.        Sin que haya datos exactos de secuestros, extorsiones y matanzas cometidas por las Farc que nunca se han desmovilizado o por el Eln que es parte de la misma caterva criminal, las cifras de afectaciones militares son dicientes. A grandes rasgos en mas de un año y medio, las Farc y el Eln han sacado de combate las tropas equivalentes a una unidad táctica.        Desde enero de 2019 hasta el 31 de agosto de 2020, el Ejército colombiano ha tenido 204 enfrentamientos directos con los grupos narcoterroristas y en ellos ha habido bajas militares cuantificadas en 95 muertos y 360 heridos en combates contra las Farc y el Eln.         De ellos, 15 soldados fueron asesinados por francotiradores, mientras sus unidades erradicaban manualmente los cultivos de coca; agricultura ilícita que es defendida a capa y espada con argumentos siniestros, por parte de los comunistas armados y desarmados.        Otros 18 militares han sido asesinados en medio del “plan pistola”, realizado por sicarios comunistas que de manera sorpresiva, atacan a una pequeña unidad mal conducida o indisciplinada que se aleja temporalmente de las necesarias medidas de seguridad. Siempre con la intención de robar el armamento a las víctimas.

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2020

Secuestro de la cabo Nubia Correa y negociaciones con el Eln

      Sin duda, el secuestro de la cabo Nubia Correa en Arauca, simultáneo con la liberación de otras dos personas, gracias a la “mediación humanitaria de la iglesia” es un hito digno de analizar, en plena efervescencia, de la poco oculta intención del gobierno Duque, por iniciar conversaciones con el grupo narcoterrorista, que desde su interés,  por razones obvias, pretende utilizar este suceso, como fórmula de presión para imponer condiciones… Como lo han hecho en anteriores ocasiones.       Un examen detallado de lo que podría estar tejiéndose tras bambalinas, deja al descubierto intenciones particulares de diversos actores, todas excluyentes contra Colombia, pero incluyentes para los deseos personales de cada quien.      No se puede descartar que Iván Duque también sueñe con el Nobel de paz, pues el poder ensoberbece y nubla la visión. Tampoco se puede ocultar, el vehemente deseo de figuración que caracteriza al comisionado Ceballos, ansioso de estar todo el tiempo expuesto ante los medios. Mucho menos, se pueden abrigar dudas que los comerciantes de pasajes aéreos, estén haciendo lobby, para quedarse con el millonario contrato de tiquetes ida y vuelta Bogotá-La Habana.       Y desde luego, tan poco se puede olvidar, que los “analistas del conflicto” están a la caza de “contraticos” de más de cinco mil milloncitos, para coadyuvar en la mentira de los terroristas, como hicieron en la farsa de Santos con las Farc. Ya tienen experiencia y saben como Q”aclimatar el cuento de la paz”       De contera, no se pueden olvidar los intereses políticos de los curitas de la “teología de la liberación”, que militan en el Eln, pero a la vez son “elenos sin fusil”: ni de los “sindicalistas” y “líderes sociales”, que hacen parte de los “urbanos”, las “comunidades eclesiales de base, las bases revolucionarias de masas, los grupos de estudio y trabajo, las milicias populares, los “palmeros” de los frentes de guerra y demás estructuras clandestinas de apoyo clandestino a las cuadrillas armadas.

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