Defensa y Seguridad Nacional

Farc asesinan soldados en Dagua (Valle), pero eso no importa a muchos colombianos

Colombia subsiste como Estado gracias a la sangre, el sudor y las lágrimas vertidas por sus soldados, en defensa de la libertad, el orden, y la imperfecta democracia que nos caracteriza. En contraste, a muchos connacionales, parecería importarles muy poco o nada, la suerte que corran quienes les permiten disfrutar de las comodidades o las circunstancias favorables, que les proporciona su existencia dentro del territorio nacional.       Cínicos algunos de los “negociadores de paz” que fueron a arrodillarse ante Márquez y Santrich en Cuba, abren eventualmente la boca para proponer, lo que las Farc les ordenaron en Cuba. Pero nunca cuestionan a quienes eran sus amos en la isla caribeña, por la farsa matizada de terror, sangre y violencia que se vive actualmente en Norte de Santander, Arauca, Nariño, Cauca, Valle, Chocó y el conflictivo Bajo Cauca.       Ni tienen la desvergüenza para reconocer que por su falta de foco, los terroristas engañaron al país y ahora tienen senadores, partido político, cuadrillas armadas, y cómplices que los legitiman en la JEP; la memoria histórica y la verdad histórica. Por el contrario, son adalides de la moral y la corrección política.        El viernes 24 de septiembre de 2021, en la vereda Río Blanco del municipio de Dagua (Valle) terroristas de las Farc, activaron un campo minado irregular, cuyo estallido causó la muerte de tres soldados y heridas a otros.        Fuera del escándalo mediático momentáneo y los conceptos estratégicos de “especialistas en seguridad” que ni siquiera prestaron servicio militar, llegó el fin de semana y la noticia pasó a último plano, mientras solitarias y olvidadas las humildes familias víctimas del narcoterrorismo comunista, lloran a sus muertos, los entierran y mañana nadie se acordará de ellos. ... seguir leyendo

11 años después de la muerte del Mono Jojoy, Colombia sigue sin resolver problema de narcoviolencia comunista

El 23 de septiembre de 2001, Colombia recibió con alborozo la noticia de la muerte en combate del narcotraficante y terrorista, Víctor Julio Briceño alias el Mono Jojoy, uno de los delincuentes con más abultado prontuario criminal, de las últimas décadas en el país y en el mundo.        Hijo de bandoleros comunistas cercanos a Juan de la Cruz Varela y los dirigentes del Partido Comunista en la década de 1950, desde cuando tenía 10 años de edad, el Mono Jojoy inició a sembrar los surcos de su despiadada conducta y su mentalidad siniestra, para asesinar sin reatos, traficar cocaína a raudales, entrenar terroristas, emboscar unidades militares, planear asaltos a desprotegidos puestos de policía alejados del centro del país, construir partido comunista clandestino con cómplices de los terroristas, secuestrar, robar tierras a humildes finqueros campesinos, desterrar labriegos que no aceptaran sus imposiciones, asesinar guerrilleros dentro de las guaridas, urdir tramas con periodistas “imparciales” miembros desarmados de las Farc, y la lista sigue…       Después de servir de guía a Tirofijo desde Cabrera hasta la vereda La Escalera en el municipio de La Macarena (Meta), para realizar la segunda conferencia del grupo terrorista en 1966, Jojoy se convirtió en estafeta de las Farc desde el páramo de Sumapaz hacia el Tolima y el Huila. Con menos de 15 años de edad se convirtió en el “hijo adoptivo y predilecto de Tirofijo”. Y desde entonces, permaneció cerca del anciano terrorista hasta su muerte, coincidencialmente en la vereda La Escalera, donde Jojoy conoció en 1966 el primer campamento de Tirofijo. ... seguir leyendo

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