Por Luis Alberto Villamarín Pulido
Resumen
Cuatro años después de iniciada la sanguinaria invasión rusa a Ucrania no es solo un conflicto territorial. Es un modelo fehaciente del abrupto choque entre el imperialismo anacrónico del siglo XX atado a la visión zarista y la voluntad de hierro de una democracia del siglo XXI. Representa la mayor prueba para el orden internacional estructurado en 1945, en la que la voluntad de un pueblo por supervivir en medio de la adversidad, sobrevive, inspirado en heroísmo civil e innovación tecnológica para detener contra todo pronóstico, a la maquinaria bélica más temida de Eurasia.
1. Despertar de un gigante moral: heroísmo sin par
Cuando las columnas de tanques rusos cruzaron la frontera ucraniana en febrero de 2022, el mundo entero supuso la caída de Kiev en 72 horas. Sin embargo, Moscú no calculó la metamorfosis de un pueblo. Heroísmo ucraniano manifiesto en sus soldados y en el ciudadano común. Los abuelos iniciaron a defender sus aldeas, las mujeres desafiaron con valentía a soldados armados agresores y el presidente Volodímir Zelenski rechazó una evacuación con la ya histórica frase: "Necesito municiones, no un viaje".
Este espíritu de resistencia nacional transformó a Ucrania en símbolo global de libertad. La unidad nacional borró erróneas líneas entre lo civil y lo militar para defender una nación agredida, convirtiendo cada ciudad en una fortaleza y cada calle en una trampa para el invasor ruso.
2. El drama humano presente en atroz andanada rusa y el grito de Bucha
La guerra ha mostrado la faz más oscura del régimen de Vladimir Putin. La "andanada de ataques rusos" no fue solo de misiles, sino de crueldad sistemática contra la población civil.
Las masacres en Bucha e Irpín: Tras la vergonzosa retirada rusa del norte de Kiev, el mundo descubrió el horror. Cadáveres con las manos atadas, fosas comunes y testimonios de tortura revelaron que las masacres no eran incidentes aislados, sino una política deliberada de terror. Bucha e Irpín se convirtieron en rostros de infamia contemporánea.
El asedio ruso contra Mariúpol: Los valientes habitantes de esta ciudad con tradición siderúrgica funideron en el crisol del valor la apoteosis del drama. Una próspera ciudad ucraniana quedó reducida a cenizas pro la barbarie rusa. El asedio a la acería Azovstal, donde soldados y civiles resistieron meses bajo tierra, simboliza la capacidad de resistencia humana frente a un cerco medieval apoyado por tecnología de destrucción masiva. La caída de Mariúpol dejó una herida abierta en la memoria de la humanidad. Es el símbolo de la agresión rusa contra Ucrania.