Geopolítica del terrorismo islámico: Latinoamérica y el Caribe en la mira
El terrorismo es la forma más violenta para expresar los contenidos de la guerra de cuarta generación que incluye insurrecciones, operaciones con guerrillas ...
Prospectiva y análisis profundo sobre el equilibrio de poder en el escenario global contemporáneo.
El terrorismo es la forma más violenta para expresar los contenidos de la guerra de cuarta generación que incluye insurrecciones, operaciones con guerrillas ...
Desde luego, el propósito era causar una mortandad de proporciones descomunales en vísperas de la navidad, como respuesta a la acción militar de Estados Unidos contra los yihadistas en el Medio Oriente, y quizás con el mensaje implícito del solidario rechazo musulmán a la reciente decisión de Trump de reconocer a Jerusalén como la capital del odiado Estado Judío.
En ese escenario de controversias políticas, económicas y religiosas, los extremistas islámicos instalaron en el nororoiente de Nigeria, células del grupo fundamentalista Boko Haram, que traduce algo así como “la educación occidental es pecado”, el cual primero juró lealtad a Osama Bin Laden y luego se unió a ISIS.
Pareciera que los mandatarios de las potencias jugaran con candela para ver cuál de ellos incendia primero el planeta. China estimula a Corea del Norte para que arroje misiles desafiantes. Rusia apoya a Corea del Norte pero lo niega, al mismo tiempo se expande a la brava Ucrania y Chechenia, protege a Bashar Al Assad en Siria e instiga a Irán para que se fortalezca y amenace a Israel y Arabia Saudita. Y como respuesta Trump juega su as geopolítico reconociendo a Jerusalén como capital israelí y vende un enorme arsenal a la monarquía saudita para amedrentar a Irán y por extensión a Rusia y China.
Todo parece indicar que las dos contrademandas recientemente admitidas por la Corte Internacional de la Haya, publicitadas con auto-propaganda como todo lo que hace el gobierno Santos, tienen más de acumulado error geopolítico y estratégico que de conveniencia para Colombia.
La primera realidad ignorada de este problema, es que en la medida que los yihadistas siembran el terror en sus países de origen, aumentan su influencia geopolítica local y de paso la extienden a sus connacionales que viven en países occidentales, donde imames radicales incrustados en las comunidades musulmanas, cumplen la paciente labor de multiplicar células yihadistas por todo el mundo, en cumplimiento de la estrategia paulatina que trazó desde Osama Bin Laden desde las montañas de Tora Bora en Afganistán, en asocio con el régimen talibán afgano y sectores radicales del servicio paquistaní de inteligencia ISI, financiados de manera clandestina desde Qatar y Arabia Saudita.
l reciente lanzamiento desde Yemen de un misil operado por milicianos huthíes apoyados por Irán, que explotó cerca del aeropuerto de Ryad en Arabia Saudita, es un grave episodio más que se adhiere a la creciente cadena de eslabones de agresiones mutuas, persecuciones religiosas y latente guerra fría entre sunitas y chiitas en el Golfo Pérsico. Como era de esperarse el cada vez más dictatorial régimen saudita, que acaba de apresar a quienes se opongan en el camino del príncipe Mohamed bin Salmán como el “elegido” sunita para dirigir no solo los destinos políticos de Arabia Saudita, sino la proyección geopolítica del islam estricto cercano al salafismo que se riega por el mundo de la mano de la casa Saud, aseveró que este hecho es una provocación y un ataque directo de Irán por medio de su milicia Hizbolá. En respuesta la teocracia iraní, manejada a su antojo por el ayatola chiita Ayatolá Sayyid Ali Hoseyni Khamenei, respondió de inmediato que esto se trata de una estupidez, y un deseo belicista de su vecino y archienemigo político-religioso Irán. La profundidad del problema gravita en que Irán chiita y Arabia Saudita a la cabeza de los reinos sunitas del Golfo Pérsico libran una guerra fría desde finales de la década de los setenta, que involucra intereses geopolíticos y geoestratégicos locales, regionales y mundiales, con extensión al fenómeno revolucionario de la Primavera Árabe, las guerras civiles en Libia, Siria y Yemen, el conflicto israelí-palestino, las tensiones internas en Egipto, la ambición expansiva de Turquía, el ahorcamiento diplomático-comercial a Qatar, los apoyos soterrados a los sunitas de Isis, los Talibán y Al Qaeda, o de la contraparte a los chiitas de Hizbolá, y mucho más.
El ataque es icónico porque se realizó en una fecha trascendental para los niños en los países occidentales especialmente en Estados Unidos. Coincide con el anuncio de los países con intereses geopolíticos en el Medio Oriente que supuestamente ISIS está acorralado. Y se ejecuta en el Bajo manhattan muy cerca del World Trade Center para demostrar que el yihadismo está vivo dentro de Estados Unidos y cualquier país occidental.
Entretanto, la teocracia iraní continuó desarrollando su política exterior con la multiplicidad moral que acomoda a cada evento en que participa. Los ayatolas dijeron que renunciarían al programa de armas nucleares, pero mintieron y siguieron empeñados en construir armas nucleares con la complicidad rusa y el respaldo tácito de China.
El problema debe mirarse, tratarse y resolverse en conjunto. Mientras pervivan celos internos e internacionales por parte de los organismos de seguridad para coordinar y compartir informaciones de inteligencia, o mientras hasta la disculpa que por insuficiencia de medios, no se hicieron seguimientos continuados a personas sindicadas de pertenecer a células terroristas, los imames radicales y las células terroristas islámicas diseminadas por el planeta, perpetrarán nuevos atentados, y por fuerza de repetición la situación se tornará cíclica y consuetudinaria.
Según el fiscal estadounidense:
El por siempre empobrecido y dividido Estado de Yemen, padece desde hace tres años una atroz guerra civil, oxigenada por las ambiciones geopolíticas de los reinos sunitas del Golfo Pérsico encabezados por Arabia Saudita contra la teocracia chiita de Irán, con extensión a los intereses geopolíticos de Rusia y Estados Unidos. El problema se desató con ocasión de la Primavera Árabe, cuando los estudiantes de la Universidad de Saná lograron la caida del régimen totalitario de Abdullah Sale, quien fue reemplazado por su vicepresidente, pero pronto la etnia hutí de tendencia chiita apoyada por Irán, promovió una revolución a la que se unieron algunos sectores del ejército yemení, hasta deponer al presidente en ejercicio quien apoyado por Arabia Saudita continuó gobernando desde el exilio. De ahí en adelante, desde 2014 Yemen padece una crisis humanitaria sin precedentes en las convulsas guerras civiles que han azotado el Medio Oriente y el África, después de la Segunda Guerra Mundial.