20 de julio de 1810: De lo anecdótico a la ruptura con un modelo de gobierno, y gestación de convulsa dinámica política
Al cumplirse 212 años del grito de independencia suscitado en la fría Santafé, con ocasión de la visita del comisionado regio Antonio Villavicencio, Colombia celebra la fecha patria, en medio de la turbulencia política y las prevenciones válidas en torno a lo que podría ser un desastre económico y organizacional, durante el cuatrienio venidero de Gustavo Petro. Infortunadamente la polarización que el pintoresco personaje izquierdista ha despertado entre los colombianos, ni es nueva ni será la última en la accidentada y convulsa dinámica política del país desde antes de su nacimiento como república. De lo anecdótico del premeditado cálculo para solicitar al “chapetón” González Llorente el préstamo de un florero para adornar una mesa de recepción protocolaria al delegado de la corona española que venía a apaciguar ánimos disidentes y buscar más impuestos para financiar la guerra en la península contra Napoleón Bonaparte, al evidente complot que habían instaurado en la sombra varios criollos e intelectuales de la época, hay un trecho que no se ha analizado con profundidad en la etiología de nuestras permanentes y sucesivas violencias. Se conspiraba en tertulias caseras al calor de las onces o de la merienda en frías noches bogotanas o tunjanas, en salas elegantes del centro de Cali o en las haciendas azucareras, en las casas solariegas la ciudad amurallada en Cartagena de Indias, o en las residencias de los más pudientes en Cúcuta.