El problema no son los electores. Son quienes se autoproclaman candidatos
La dinámica política en Colombia ha sido compleja desde siempre, pero con mayor razón el proceso electoral, que parte de la selección de los candidatos, siempre autoimpuestos, sin consultas con las comunidades y lo que es común: votar “por el que diga el gamonal de turno” En una sociedad acostumbrada por credo atávico a la confrontación, a los discursos grandilocuentes y a los mensajes agresivos en libelos y plaza pública, con facilidad estas posiciones exclusivistas ― antaño y hogaño patrocinadas por los “dueños del poder”―, han terminado siempre en reyertas, conflictos armados, polarizaciones y violencia política, de la cual en las últimas décadas, han sacado gran provecho comunistas y narcotraficantes. Dentro de ese enredado espectro de pasiones banderizas, se han enquistado caudillos, a los que por fuerza de la costumbre siguen grandes masas poblacionales sin formación política, sin educación cívica, sin estructuración para ejercer los derechos democráticos, sin partidos serios que las guíen; y, de remate propensas a ser utilizadas como idiotas útiles para todo tipo de polarizaciones nefastas.