La agresión izquierdista de Petro y sus cómplices es demasiado grave, pero el país ha ido aceptando esa tragedia

Publicado: 2022-07-09   Clicks: 1180

Procuraduria General oragno de control disciplinario en la mira de la corrupción petrista

      Como suele suceder con el conformismo y la indiferencia de los colombianos, frente a los hechos trascendentales que en cada etapa de la historia, afectan  nuestra soberanía, seguridad, tradiciones y nacionalidad, parecería ser que el afán de sobrevivir, ya nos resignó a que desde el día siguiente a su posesión Gustavo Petro tendrá patente de corso para destruir el país, ante la vista complaciente de todos los pacíficos colombianos, porque por medio de la propaganda y las mentiras, ha ido construyendo el imaginario de que “la izquierda ya se subió y llegaremos a ser otro estado fallido como Venezuela”

       Tan inconveniente fatalismo derrotista, se robustece con la ausencia de oposición seria y organizada, que impida el avance hacia tan oscuro precipicio de incertidumbre. Alejados de la realidad los corruptos que por siempre han pululado en el Congreso de la República, no contentos con haber entregado el país ante las imposiciones de las Farc a De La Calle y sus mudos en Cuba, ahora están promulgando a los cuatro vientos, que se debe repetir la misma desgracia del “fast track” santista como primera fase estatizante de Petro y sus cómplices.

     Alegremente, Petro anuncia que acabará la Procuraduría, que remozará la justicia con izquierdistas resentidos, que los terroristas de la primera línea saldrán de las cárceles, que ahora es el nuevo mejor cómplice de la dictadura de Maduro, que le entregara otra parte del país al Eln, y a juzgar por el sesgado y malintencionado informe del cura De Roux, la conducta de Petro, infiere que él va a acabar con la inteligencia militar, que va a disminuir el tamaño de las tropas, que politizará y descompondrá la disciplina y apoliticidad de la Policía Nacional llevándola como un apéndice del foco de corrupción petrista que se incubará en el ministerio del interior, que va a crear una jurisdicción agraria y mil costosos e improductivos populismos más.

      El país no puede olvidar ni dejar a un lado la realidad. Desde su inicio político como terrorista del M-19, Gustavo Petro Urrego ha demostrado su mentalidad bandoleril, tramposa, confrontativa y de odio insepulto contra las Fuerzas Armadas, la empresa privada y la división de poderes. Es un megalómano con ambiciones dictatoriales y mente trapacera, dispuesto a hacer lo que le venga en gana, para satisfacer odios y traumas propios de su origen. Obviamente, ya como presidente su conducta no será la excepción.

      De manera increíble con sus cómplices ideológicos armados y desarmados, Petro hizo la vida imposible al saliente gobierno, incitando vándalos y terroristas a destruir bienes públicos mediante actos criminales dentro de la “pacífica protesta social”, aduciendo que los delincuentes, lo hacían porque el gobierno Duque presentó una reforma tributaria de 23 billones. En contraste, Petro anuncia gravar a todo el mundo con una reforma tres veces más grande, pero, curiosamente producto de su discurso de odio y división, anestesiados los colombianos parecerían estar dispuestos a legitimar sus ansias dictatoriales.

      Desde luego, con todas esas medidas populistas y desafiantes de incitación a que el “pueblo ganó con él” como si su pasado terrorista y pésimo gobierno en la alcaldía de Bogotá fueran valores agregados para desgobernar a Colombia, a todas luces Petro quiere llevar al país a la trampa de una asamblea constituyente llena de ignorantes en política, pero apasionados antiuribistas, como regla básica desde su sesgada óptica para cambiar a Colombia.

      A ese ritmo de indiferencia, incertidumbre y evidente ausencia de liderazgos políticos estructurados, derivados de la ausencia manifiesta de partidos políticos serios, Colombia está dando un tremendo salto al vacío.

       En las urnas del 19 de junio, el país entero pidió a gritos que aparezca un partido liderado por estadistas y personas capaces. No por terroristas de la izquierda armada o desarmada, ni por los tradicionales politiqueros corruptos, que nos han llevado al actual caos. Infortunadamente el candidato que fue a segunda vuelta contra Petro, ni fu, ni fa.

      Han pasado tres semanas desde cuando la ignorancia política del pueblo colombiano, eligió la peor opción, y hasta ahora, fuera de algunos chispazos de cada vez mas tenue descontento de algunos sectores, la anestesia general comunista está adormilando a los colombianos, que por dejar todo para ultima hora, estaremos más preocupados y agobiados dentro de tres años pensando en qué hacer, para que el dictadorzuelo populista y antiguo terrorista del M-19, no se eternice en el palacio de Nariño. Lo cual, podría ser demasiado tarde.

       Desde esta columna seguiremos insistiendo en que el país debe concitar una verdadera oposición guiada por un partido político nuevo, sin ataduras a la corruptela de siempre, con objetivos nacionales, políticas de Estado y personas capaces, aún no contaminadas por la consuetudinaria descomposición de quienes hasta ahora, han ostentado el poder y las poco sensatas oposiciones.

      Los grandes cambios se logran con voluntad, con compromiso y con sinergia. No con críticas descalificadoras contra quienes se atreven a proponerlos y liderarlos, ni mucho menos apoltronados en la comodidad, disparando comentarios de autosuficiencia en las redes sociales.

       Si un sujeto con prontuario delictivo como hoja de vida política, pudo cooptar sentimientos de esperanza, ¿por qué razón un proyecto bien estructurado y liderado por personas que quieran a Colombia, la conozcan y sean símbolo de rectitud, no puede ser mejor y coadyuvar a nuestro desarrollo y seguridad nacional?

       Es imperioso dar el paso hacia la construcción inmediata de la oposición seria. Que las tres semanas perdidas hasta hoy, no sean la regla sino la excepción de esta impostergable obligación con Dios, con la patria, con la familia y con todos los colombianos, que no queremos regímenes políticos autoritarios, ni economías estatistas de parasitismo social y cultural.

        No se puede echar en el fardo del olvido, que la agresión izquierdista de Petro y sus cómplices es demasiado grave, además de que el país ha ido aceptando esa tragedia. Es una agresión no una amenaza petrista, porque aún sin posesionarse ya pasó a los hechos nocivos para Clombia.

      Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 40 libros de geopolítica, estrategia y defensa nacional

       www.luisvillamarin.com

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