¿Hay crisis de liderazgo al interior del Ejército de Colombia?

Publicado: 2019-11-17   Clicks: 1132

          Parecería ser, que hay una crisis estructural de liderazgo dentro del Ejército de Colombia. No porque quienes están al frente de la institución, carezcan de condiciones para ejercer el mando de tropas, sino porque la acumulación de procesos mal resueltos en años anteriores, podría estar haciendo metástasis.

         Así se podría concluir del inusitado escándalo mediático, originado por la inusual actitud de un oficial superior por canales extra institucionales desde Cali, al denunciar de todo sin precisar nada; sumado a otros problemas anteriores tales como:

       Una capitán denunciando acosos y traslados “castigo” por supuestamente no acceder a presiones sexuales de sus superiores en Bucaramanga, o de un coronel denunciando presumibles actos de corrupción con dineros de inteligencia, o el abusivo allanamiento a una sede de inteligencia militar en Facatativá, o las temerarias declaraciones ante la JEP de algunos militares sindicados de cometer los mal llamados “falsos positivos”, o las denuncias de otro coronel contra el general Mejía cuando fue Comandante de la Aviación del Ejército, la guerra de “fuego amigo” que se desató  contra el general Martínez y otras perlas más.

           Cuando el general Nicacio Martínez asumió el comando del Ejército, le llovieron sindicaciones, denuncias y sobre todo mensajes siniestros enviados a los medios de comunicación, por oficiales activos al parecer cercanos al santismo. El insólito hecho fue reiterado ene mil veces por redes sociales y comentarios de prensa, que eso le sucedía a Nicacio por no ser la “ficha santista” que quería dejar el general Mejía, a quien de paso el gobierno Duque, premió su deslealtad con los soldados al lado de Juan Manuel Santos, enviándolo a crear una embajada en Australia. Tropicalismo puro y duro…

          Pero la guerra de poder no terminó ahí, pues los amiguis de los amiguis continuaron las presiones y bajos procederes, hasta que lograron la salida del general Martínez. Con esas bajezas y servilismos hacia los corruptos, que desde siempre han visto la institución militar como un filón para sacar réditos politiqueros, los promotores de esta intriga sacrificaron el buen nombre de la institución para salvar sus egos.

           Pésimo ejemplo de liderazgo, y nefasto mensaje para los cuadros de mando en los cuerpos de tropas, porque por ser un suceso demasiado visible, originado en los máximos niveles de la jerarquía castrense, desarticula la esencia militar, induce a la indisciplina, genera grupismos o individualismos y lesiona gravemente las virtudes militares.

          Ese tenebroso ejemplo, naturalmente cunde en una institución piramidal, en la que el mejor juez es el subalterno, todo el mundo conoce la vida de casi todo el mundo, los rumores de malos procederes vuelan y se asientan con firmeza, pero sobre todo, cada quien conoce a sus superiores y subalternos, al punto que tiene la capacidad de definir con precisión, cual es el máximo nivel de incompetencia de esa persona, parafraseando un poco a Peter Drucker. Por esa razón es muy difícil “tramar”, pues el olfato práctico de la vida la cuartelaria o de campaña, se aguza con suma facilidad.

          El infortunado escenario crítico derivado de esas conductas, impropias en los más altos niveles, se nubla más, cuando un alto mando sale ante los medios de comunicación a hablar por hablar y comete incoherencias o expresa insensateces.

          Dicha conducta fractura la cohesión y permite a quienes no están satisfechos con que esa persona sea su comandante,  especulen, rumoren, cuestionen y critiquen sin la franqueza que debe tener un militar para decir sus puntos de vista alto y claro, mirando a los ojos y con el respeto propio de las formalidades militares.

           Desde luego ese mar de incertidumbres por falta de solidez deontológica militar, por no cultivar la franqueza como virtud sino como argumento defensivo  para sacar a relucir pecados de otros, no en el momento de la falta sino como botín acumulado de potenciales venganzas o defensas, es caldo de cultivo, para que ocurran desafortunados sucesos, como los enunciados en el encabezado de este escrito.

          Pero por otra parte, que estos hechos se conviertan en comunicaciones virales por canales no oficiales, sino por las redes sociales, y, que sean contrarios a la disciplina y costumbres militares, no significa que no puedan ser ciertos, y que en realidad pudieran ser el producto de ojerizas, persecuciones, venganzas acumuladas, malos procederes; pues quienes hemos portado las armas de la república y hemos estado largo tiempo bajo banderas, sabemos que en un entorno donde la gran mayoría son excelentes seres humanos y comandantes apreciados, se cuelan personajes siniestros de cuyos nombres nadie quiere acordarse, que en ocasiones cometen excesos de poder contra subalternos por razones personales, o porque estos se oponen a cometer ilícitos, o porque de vez en cuando, también se cuelan sujetos de escasas neuronas escudados en el grado o el cargo, pero con gran facilidad para agredir  e irrespetar la dignidad humana, etc.

           Si se mira en conjunto todo lo sucedido en los últimos años, que ha derivado en sendos escándalos mediáticos contra la buena imagen de la institución más querida por los colombianos, algo que no es culpa de las redes sociales, sino de los comportamientos inadecuados de algunas personas con grado y mando, resultaría inconsecuente, descartar la posibilidad de que lo que viene sucediendo, es un creciente deterioro del liderazgo militar, que hay una crisis o dicho de otra forma, que hay una situación crítica, que por obvias razones debe ser resuelta de la manera más inteligente y pronta posibles, a partir de una sensata autocrítica y un examen científico de los hechos.

           Todo lo descrito exige acción correctiva, pues un oficial que en la actualidad ocupa una de las más altas posiciones de comando militar, confesó al autor de esta nota, que él se cuida al extremo de lo que dice en una reunión, porque tiene la certeza que lo están grabando quienes lo acompañan.

          Entonces, la solución no es vender el sofá, ni trasladar la responsabilidad a las redes sociales de lo que  desafortunadamente está sucediendo, ni caer en la estulticia del pavo real ensoberbecido,  que camina arrogante pero amaina su plumaje al primer ruido; ni subirse en la cresta de la burbuja del fulgurante trono del poder, para mirar con desdén e incredulidad a quienes desde el retiro o desde las redes sociales, no lo elogian, ni lo adulan, ni lo felicitan, sino que con la dignidad del soldado que ama la institución y la patria, advierte de la gravedad de lo que está transcurriendo.

            La solución tampoco es ir a los cuerpos de tropa a entonar cánticos, estribillos o lemas trillados que tienen mucha marca de “tramadera” y pocas veces de convicción surgida desde la fuente que inspire a los demás a hacer lo correcto. El ejemplo es con hechos y con inteligencia, algo que a veces escasea en los momentos de crisis.

         Pero como de toda crisis las instituciones deben salir fortalecidas, y ya pasada la tormenta politiquera y utilitarista de la gaseosa doctrina Damasco, el ejército multimisión que terminó de bombero y hasta de recolector de basuras, con oficiales que cambiaron el léxico científico militar colombiano por terminachos, anglicismos y pésimas traducciones del inglés para llenar de palabras una explicación pero sin aumentar la eficiencia operacional, es hora de que el Estado Mayor del Ejército con el general Eduardo Zapateiro a la cabeza, cambien esa ruta equivocada a la que lo llevaron los embelecos “pacifistas” de Santos.

         Para el efecto deben reducir la innecesaria burocracia de excesivas secciones de los Estados Mayores y Planas Mayores, suprimir puestos burocráticos en jefaturas “generadoras de fuerza para la guerra de las galaxias” y aterrizar tanto el quehacer castrense como la estructura orgánica del Ejército, a una serie de criterios concretos para reencauzar el liderazgo, la doctrina, la educación militar, el entrenamiento y las operaciones.

 

         Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

         Autor de 37 libros sobre estrategia, defensa nacional, geopolítica y liderazgo militar

           www.luisvillamarin.com

 

 

 

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