Ciberguerra Israel e Irán contra objetivos civiles: Guerra sicológica de la más alta dimensión.

Publicado: 2021-11-29   Clicks: 457

    ciberguerraa Irán-Israel La guerra política está catalogada por los especialistas en temas de defensa nacional, geopolítica y estrategia como la máxima expresión reguladora de la guerra sicológica, la guerra de masas, la guerra de organizaciones, etc. Y cuando esta conjuga todas las anteriores, se llega al estado de guerra de nervios, planteado por las teorías propagandísticas de Goebbels en el Estado nazi.

     Por su naturaleza este tipo de acciones son sistemáticas, sostenidas y apuntan a objetivos del masto nivel político estratégico, pues la finalidad es destruir la estrategia y el armazón organizacional en los campos social, político, económico, cultural y militar del adversario.

     Tal es el caso de la guerra fría declarada entre Irán e Israel. Para la teocracia de Teherán desaparecer de la faz del planeta al odiado Estado judío es la prioridad 1 A de su política nuclear. Y para Tel Aviv, sobrevivir a las “eternas agresiones contra el pueblo judío es necesidad de supervivencia”. Como las circunstancias geopolíticas les impiden entrar en conflicto armado abierto, ambos estados recurren a agresiones mutuas, que por su naturaleza van cerrando el cerco de la probabilidad de un choque armado de impredecibles extensiones y consecuencias.

     El más reciente episodio de esta cadena de tensiones se materializó en que los iraníes no podían comprar gasolina en las estaciones de servicio, mientras que los israelíes encontraron muchos detalles íntimos de citas especialmente de quienes son LGTBI no declarados, que fueron publicados en línea. Lo anterior indica, que la guerra en la sombra entre Irán-Israel golpea ahora a los ciudadanos comunes y corrientes de ambas naciones, y lo que es peor, que el problema llegó para quedarse.

     A manera de ejemplo, en Teherán, un odontólogo intentó retanquear su vehículo durante horas haciendo largas filas en cuatro estaciones de servicio, pero no pudo y terminó varado en una vía pública.

     Mientras tanto, en Tel Aviv, un conocido locutor entró en pánico cuando los detalles íntimos de su vida sexual y los de cientos de miles más fueron robados de un sitio de citas L.G.T.B.I, fueron puestos al descubierto en las redes sociales de libre acceso.

     En síntesis, durante años, Israel e Irán se han involucrado en una guerra encubierta, por tierra, mar, aire y computadora, pero los objetivos generalmente han estado relacionados con el ejército o el gobierno. Ahora, la guerra cibernética se ha ampliado para atacar a civiles a gran escala.

      El ciberataque atribuido a Israel contra el sistema nacional de distribución de combustible de Irán paralizó a 4.300 estaciones de servicio del país, problema que tardó 12 días en solucionarse, para restablecer por completo el servicio. La respuesta iraní probablemente apoyada por Rusia, se materializó en ataques cibernéticos contra una importante instalación médica israelí y un popular sitio de citas L.G.T.B.I.

     Ninguna persona murió en estos ataques, pero si su objetivo era crear caos, ira y angustia emocional a gran escala, lo lograron enormemente.

      La escalada de ataques mutuos en el Medio Oriente, se produjo cuando las autoridades estadounidenses advirtieron que habían detectado intentos iraníes para piratear las redes informáticas de los hospitales y otra infraestructura crítica en Estados Unidos.

      Mala noticia para la paz mundial, pues en la medida que se desvanecen las esperanzas de una resurrección diplomática del acuerdo nuclear iraní, lo más probable y lo más obvio, es que tales ataques proliferen.

      En términos generales, como parte de los estadios superiores de la guerra sicológica, los piratas informáticos se han infiltrado en todos los escenarios civiles de alto valor estratégico de muchos dos países. El ferrocarril nacional de Irán fue atacado en julio, pero fue un “hackeo” poco sofisticado, lo cual infiere que puede que no haya sido israelí. Por su parte, Irán fue acusado de realizar un ataque fallido contra el sistema de agua de Israel el año pasado.

      Por estas y otras razones, se cree que los últimos ataques son los primeros en causar un daño generalizado a un gran número de personas y objetivos civiles. Las redes de computadoras que no pertenecen a los organismos relacionados con la defensa nacional, son generalmente menos seguras que las vinculadas a los activos de seguridad del Estado.

      El ataque informático al sistema de distribución de combustible de Irán sucedió el 26 de octubre de 2021, fecha cercana al segundo aniversario de las enormes protestas contra el gobierno de los ayatolás, causadas por un repentino aumento en los precios de la gasolina. El gobierno iraní respondió con una brutal represión que, según Amnistía Internacional, mató a más de 300 personas.

      El ciberataque atribuido a los servicios de inteligencia israelíes, pareció tener como objetivo generar una nueva ola de malestar antigubernamental.

      Las estaciones de gasolina dejaron de funcionar repentinamente, mientras un calculado mensaje digital dirigió a los iraníes comunes y corrientes a quejarse número de teléfono de la oficina del líder supremo de Irán, el ayatolá Ali Khamenei. Para dar mayor impacto al sorprendente golpe sicológico, los piratas informáticos tomaron el control de vallas publicitarias en ciudades como Teherán e Isfahan, y cambiaron los textos de los usuales anuncios, con el mensaje "Khamenei, ¿dónde está mi gasolina?"

Paralelamente y como es lo indicado en una campaña de guerra sicológica articulada de manera estratégica, se difundieron rumores de que el gobierno iraní había diseñado la crisis para aumentar los precios del combustible. En consecuencia, las compañías de taxis basadas en Irán, Snap y Tapsi, duplicaron y triplicaron sus tarifas normales, como respuesta a que los conductores tuvieran que comprar combustible caro sin subsidio, informaron los medios de comunicación iraníes. Pánico económico, derivado de una operación de guerra sicológica.

      Aunque el levantamiento antigubernamental iraní no se materializó, el gobierno chiita se apresuró a contener el daño y sofocar el alboroto. El Ministerio de Petróleo y el Consejo Nacional Cibernético raalizaron reuniones de emergencia. En entrevista a la televisión estatal, el ministro de Petróleo, Javad Owji, emitió una extraña disculpa pública y prometió 10 litros adicionales de combustible subsidiado a todos los propietarios de automóviles.

      Para que las estaciones de gasolina estuvieran de nuevo en línea de abastecimiento, se enviaron técnicos a todas partes del país. Una vez restablecido el servicio, la mayoría de los surtidores pudieron vender solo combustible no subsidiado, cuyo precio duplica el del combustible subsidiado.

      Como resultado de esta dificultad tecnológica, los iraníes necesitaron casi dos semanas para restaurar la red de subsidios, que asigna a cada vehículo 60 litros, aproximadamente 16 galones, al mes a mitad de precio.

      Yendo más allá, el mencionado hackeo pudo haber sido más serio que un inconveniente para los automovilistas.

       Los funcionarios oficiales iraníes estaban alarmados porque los piratas informáticos también tomaron el control de los tanques de almacenamiento de combustible del ministerio y pudieron haber tenido acceso a los datos relacionados con ventas internacionales de petróleo, un secreto de estado que podría dejar al descubierto cómo Irán evade las sanciones internacionales, por apoyar el terrorismo y desarrollar proyectos nucleares agresivos.

      Debido a que los servidores informáticos del ministerio de petróleo iraní contienen datos tan confidenciales, el sistema funciona sin conexión a Internet, lo cual genera mayores sospechas entre los funcionarios de inteligencia iraníes,  de que Israel pudo haber tenido ayuda interna, como es lo obvio de suponer y se ha comprobado en casos anteriores.

      Cuatro días después de que las estaciones de servicio de gasolina en Irán dejaron de funcionar, los piratas informáticos iraníes apoyados probablemente por rusos, accedieron al banco de datos del sitio de citas israelí Atraf y a los archivos médicos del Instituto Médico Machon Mor, una red de clínicas privadas en Israel.

Los archivos de ambos ataques, incluida la información personal de aproximadamente 1.5 millones de israelíes, aproximadamente el 16 por ciento de la población del país, se publicaron en un canal de la aplicación de mensajería Telegram, muy usada en esa región del mundo.

      De inmediato, el gobierno israelí solicitó a Telegram que bloqueara el canal, acción que fue tomada de inmediato por esa red social. Pero los piratas informáticos, un grupo poco conocido llamado Black Shadow, volvieron a publicar inmediatamente el material en un nuevo canal y continuaron haciéndolo cada vez que fue bloqueado.

     Este grupo de hackers también publicó archivos robados de la compañía de seguros israelí Shirbit, que fue pirateada en diciembre de 2020. Dicha compañía asegura a empleados del Ministerio de Defensa de Israel.

      Como es obvio, por razones geopolíticas, diplomáticas y de seguridad, ni Israel ni Irán se han atribuido públicamente la responsabilidad, ni han culpado a nadie de la última ronda de ciberataques mutuos. Así, los funcionarios israelíes se negaron a acusar públicamente a Irán, y los funcionarios iraníes han culpado del ataque a la estación de servicio a un país extranjero, sin mencionar uno.

      Lo evidente es que ambos gobiernos no necesitan atacar a una agencia gubernamental, que está mucho más protegida, pero si podrían atacar fácilmente a empresas privadas, con estándares de seguridad menos sofisticados, para que controlen enormes cantidades de información, incluida información financiera o personal íntima sobre muchos ciudadanos y actividades trascendentales para la seguridad nacional de los dos estados en pugna.

      El grave problema es que nuevas rondas de ciberataques generalizados serían pasos más cercanos al enfrentamiento militar.

      Crudo ejemplo de los niveles de incertidumbre que causan las operaciones de guerra política, pues por acometer acciones de esta envergadura, casi siempre han surgido sangrientos bélicos a lo largo de la historia de la humanidad. En conclusión, la capacidad de ciberataques es otro gran reto para la diplomacia mundial en los años venideros. El dilema es como impedir a los Estados que poseen esta capacidad y la consideran parte esencial de su seguridad nacional.

     Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     Autor de 40 libros sobre estrategia, geopolítica y defensa nacional

     www.luisvillamarin.com

 

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