Estados Unidos derribó dron iraní para aumentar tensiones Teherán-Washington

Publicado: 2019-07-06   Clicks: 289

Geopolítica internacional

Tres semanas después de que la guardia revolucionaria iraní derribara un dron de inteligencia militar estadounidense, en la convulsa región del Mar de Omán, el buque de guerra USS Bóxer 6, derribó un dron de inteligencia militar iraní, según el presidente de Estados Unidos Donald Trump, porque la aeronave iraní no tripulada se acercaba peligrosamente al acorazado norteamericano, y era imperioso defender la vida e integridad de la tripulación naval, así como garantizar la seguridad que estas embarcaciones garantizan a los tanqueros que se movilizan por aguas internacionales.

Como es de esperar la respuesta de Irán será desafiante en escenarios políticos y diplomáticos, siempre azuzada por Rusia, país al que más le conviene posicionarse geoestratégicamente en la apetitosa región geopolítica. Y desde luego, a China que ve cada día mejores horizontes en la zona para posicionar mejor el ambicioso proyecto comercial y de control militar del mundo, por medio de la ruta de la seda.

Aunque es improbable que en plena campaña presidencial Donald Trump se comprometa en una costosa e impredecible guerra internacional contra Irán, hecho que eventualmente pondría en riesgo su reelección, tampoco es descartable que el eje Moscú-Pekín-Irán, pudieran provocar alguna acción bélica que desencadenara una fuerte reacción militar estadounidense.

El punto crucial aquí es determinar que tanto favorecería a cada quien cometer una insensatez de ese nivel. Por parte de China se esperaría cautela, pues su plan estratégico de la nueva ruta de la seda es a largo plazo y les sería inconveniente desatar una guerra en el Golfo Pérsico y Asia Meridional,  librada por un socio, en pleno proceso de su expansión geopolítica comercial y militar.

China preferiría esperar, pero estaría de acuerdo en generar todo tipo de tensiones y presiones geopolíticas, que pongan al gobierno de Estados Unidos, frente a disyuntivas de ceder o ceder ante la ambición geopolítica de Irán y su renuencia a suspender el proyecto nuclear, proyecto que a largo plazo tampoco conviene, ni interesa a China pues sería un competidor menor más, pero al fin y al cabo un competidor nuclear más.

La estrategia de la diplomacia coercitiva con la latente amenaza del uso del  poder nuclear contra Europa Occidental y Estados Unidos, por parte de Rusia, así como su inocultable maridaje por conveniencias mutuas con Irán, Siria y los rebeldes chiitas yemeníes, darían algunos argumentos para suponer que Rusia estaría mas inclinada a empujar a la teocracia iraní, a aventurarse en una guerra contra Estados Unidos, mediante el ataque contra Arabia Saudita o alguno de los satélites de la monarquía Saud en el Medio Oriente, o lo que es más grave contra Israel.

No obstante el poderío militar ruso, que es innegable, es pertinente anotar que la economía nacional rusa no es boyante, ni tendría la forma de sostener una guerra prolongada contra Estados Unidos, sin que tuviera que someterse a lo que diga Pekín, y esa opción si es muy remota para el señor Putin.

 Sin embargo, si es claro que Moscú utilizará por más tiempo, las tácticas de guerra fría, para generar confusión desasosiego, y obviamente intervenir de manera clandestina, una vez más en las elecciones presidenciales venideras en Estados Unidos. Es la lógica de su conducta diplomática y visión geopolítica.

Por su parte Irán, sopesando todas estas eventualidades y con la bendición de sus dos padrinos en Moscú y Pekín, podría desatar una guerra regional limitada contra Arabia Saudita o algunas de las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, e inclusive posesionarse de un parte sustancial de Yemen, máxime que Emiratos Arabes acaba de anunciar la probable decisión de retirar las tropas de suelo yemení, decisión que crea una brecha en el teatro de operaciones saudita y deja mas espacios a la acción de los rebeldes huthies y la presencia no tan clandestina de combatientes iraníes, libaneses, iraquíes y sirios a favor de los intereses de Teherán.

Como puede inferirse esta decisión estadounidense era un mal necesario, pues si no derribaba el dron iraní enviaba un mensaje de debilidad ante el poderoso ayatola Rumenei, pero si lo derribaba como en efecto ocurrió, echaría gasolina al fuego.

Por donde se le mire, la creciente tensión geopolítica Washington-Irán esta atada a los intereses geopolíticos y geoestratégicos de las grandes potencias con capacidad nuclear, en todos los espacios relativos al problema se están jugando cartas de latente amenaza de todos los sectores al estilo de la guerra fría, y de no haber adecuada inteligencia estratégica y fuertes dosis de diplomacia inteligente, una lamentable acción bélica regional provcada por algún incendiario insensato, puede desatar un caos impredecible.

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

www.luisvillamarin.com

Especialista en estrategia, geopolítica y defensa nacional. Autor de 35 libros sobre estos temas

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