Reflexiones geopolíticas y político-estratégicas alrededor de probable retiro de Estados del pacto nuclear con Irán

Publicado: 2018-05-07   Clicks: 591

       Geopolítica del Medio Oriente

     En la última semana la agenda política internacional de Estados Unidos en torno al siempre convulso Medio Oriente, ha estado salpicada por los anuncios y la guerra de frases de diversas vertientes alrededor de la eventual decisión que tomará el presidente Donald Trump en torno a la continuidad del gobierno estadounidense en el pacto firmado por el entonces secretario de Estado John Kerry en 2015 en forma multilateral con otras potencias, para conminar a Irán a suspender sus programas de guerra nuclear.

     Desde cuando Trump estaba en campaña presidencial anunció que llegado el momento, retiraría a Estados Unidos de ese pacto multilateral, impondría nuevas sanciones económicas a la teocracia de los ayatolas en Teherán y en consecuencia, forzaría al gobierno iraní a renegociar bajo imposiciones, un pacto de desnuclearización más creíble y menos soportado en la ilegalidad de la diplomacia bajo las sombras.

      No obstante, como en todo proceso geopolítico, una cosa es interpretar los sucesos desde la propia óptica y otra desde la óptica conjunta de todos los actores implicados. Y en el caso de las ambiciones geopolíticas y geoestratégicas de la teocracia iraní, hay muchas otras condiciones anexas que dan mayor complejidad al asunto.

     Hace pocos días, el primer ministro israelí Benjamín Netanyahu avivó la discusión internacional, al presentar ante los medios de comunicación media tonelada de documentos de origen iraní, conseguidos mediante una típica operación de comandos del Mossad en febrero de 2017 en un suburbio  de Teherán, en los que al parecer estaría demostrado que los ayatolas siguen desarrollando un proyecto nuclear, que según esas pruebas habrían mentido al mundo acerca de su verdadera intención de fabricar armas atómicas y desde luego de atacar y desaparecer del mapa al odiado enemigo sunita.

      Inclusive, Netanyahu fue más allá de las reflexiones de seguridad nacional que significaría el contenido del monumental hallazgo documental, y aseguró que Israel está listo para responder militarmente contra Irán si continúa desarrollando proyectos militares anti-israelíes en Siria. Por su parte el ministro de educación israelí, agregó que con el reciente triunfo de Hizbolá en El Líbano, el gobierno de Tela Aviv ya no establece diferencia entre el estado libanés y la milicia chiita Hizbolá pro-iraní, considerada grupo terrorista por todos los aliados de Estados Unidos.

      Entretanto, el actual presidente iraní, elegido y reelegido por su pueblo, habida cuenta de su talante moderado e intención de gestionar aperturas políticas en su país, cambió de tono y advirtió que si Trump se retira del pacto firmado en 2015, Estados Unidos cometerá un error histórico del cual se arrepentirá.

       Desde otra óptica, Rusia y China que manejan ingentes intereses geopolíticos y geoestratégicos sobre la convulsa región en apoyo de Irán, que no solo desea continuar clandestinamente su desarrollo nuclear, sino que pretende controlar el norte del Golfo Pérsico y consolidar un arco chiita con Irak, Siria y El Líbano, han guardado silencio mesurado alrededor del asunto, pero por razones obvias, aprestan todo su arsenal político, diplomático y la latente advertencia del uso de la fuerza para proteger a sus aliados chiitas, en caso de la intervención militar estadounidense o israelí apadrinada por la Casa Blanca.

       Los críticos del gobierno Trump, dentro y fuera de Estados Unidos, están divididos entre quienes consideran que es mejor negociar de nuevo para mejorar un acuerdo preexistente sin salirse de las vías diplomáticas y sin usar la coacción. Entre estos están los actuales gobiernos de los países firmantes  del pacto  en 2015.

      Al mismo tiempo, hay una minoría de analistas y dirigentes políticos norteamericanos, que se suman al deseo del gobierno israelí de intervenir militar, política, económica y culturalmente contra el proyecto nuclear iraní. A este grupo se suman los reinos sunitas del Golfo Pérsico que desde la revolución de los ayatolás en 1979, viven una latente guerra fría contra Teherán, cuyo gobierno apoya el terrorismo chita, la expansión geopolítica del chiismo en el mundo, y las guerras civiles en Yemen y Siria para favorecer a los adversarios de Arabia Saudita.

      Como se evidencia, hay muchos factores geopolíticos en juego sobre uno de los estados más ricos de la llamada yugular del petróleo, pues se suman problemas irreconciliables de credos religiosos, odios étnicos, ambiciones focalizadas, amenazas de riesgo nuclear, terrorismo islámico de ambas vertientes chiitas y sunitas, guerras civiles atizadas, y voracidad geoestratégica de las potencias aunadas a intereses económicos de la Unión Europea, con la circunstancia agravante que lo que allí suceda se podría extender al Asia Central y al Cuerno Africano donde pululan yihadistas y extremistas listos para inmolarse en nombre de Alá, contra apóstatas e infieles, máxime que un dispositivo nuclear táctico podría llegar a esas células en medio de ese caos.

      Todo lo anterior indicaría, que es evidente que Irán no ha cumplido con el pacto y que su objetivo es convertirse en potencia nuclear apadrinada por Rusia y China. Que no es fácil lograr un acuerdo sincero de desnuclearización con los ayatolás. Que la Unión Europea juega a decir a Irán que cumpla lo pactado pero no es clara en apoyo al plan de Trump. Y que lo más seguro es que Trump, saldrá a decir que Estados Unidos se retira del pacto con Irán e impone nuevas sanciones a Teherán.

      En ese escenario, vendrán reuniones de urgencia del Consejo de Seguridad de la ONU, amenazas multilaterales de guerra en el Medio Oriente, tensiones políticas internacionales, titulares de prensa en todas partes, opiniones a favor y en contra, pero seguirá latente la advertencia de confrontaciones mayores. Por mucho menos se desataron dos grandes guerras mundiales durante la primera mitad del siglo XX.

      Nunca antes la paz del planeta ha estado tan amenazada por los vaivenes de la geopolítica de la postguerra y la post-caida del Muro de Berlín, máxime que Putin acaba de consolidar su cuarto mandato consecutivo y en la dimensión de su vanidad no cabe nada diferente a ser superior en todo a Trump y por extensión a su latente enemigo yanqui.

      Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

      Presidente Centro de Geopolítica Colombia

         www.luisvillamarin.com

 

 

 

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