¿Está China construyendo un sistema de alianzas rivales contra Estados Unidos?

Publicado: 2021-11-16   Clicks: 346

     Geopolítica del Asia

      Durante varias décadas la red de alianzas de Estados Unidos ha sido pilar central de su política exterior y, a medida que se ha intensificado la competencia por la supremacía geopolítica con China, se ha mantenido como una de las principales ventajas estratégicas de Estados Unidos. En particular, la administración de Joe Biden ha puesto puntual énfasis sobre los aliados en su estrategia para Asia.

       Durante el primer año, la administración Biden ha fortalecido alianzas de larga data con Japón y Corea del Sur y se ha esforzado para reforzar otras asociaciones multilaterales tales como el Diálogo de Seguridad Cuadrilátero con Australia, India y Japón, y el recién formado pacto AUKUS con Australia y el Reino Unido.

      Por el contrario, China se ha alejado de las alianzas formales, conducta sustentada en su visión supuestamente diferente de las relaciones internacionales y un deseo pragmático de evitar los riesgos de complicaciones diplomáticas. Sin embargo, los analistas de temas internacionales encuentran indicios, de que la resistencia de Pekín a buscar alianzas, ha comenzado a erosionarse, prueba de ello es que en los últimos años, ha mejorado asociaciones estratégicas, y, ampliado intercambios militares y ejercicios conjuntos con Rusia, Pakistán e Irán.

      Dichas asociaciones todavía están muy lejos de las alianzas de Estados Unidos que incluyen cláusulas de defensa mutua, amplios acuerdos de base de tropas y capacidades militares conjuntas.

      Pero con el tiempo, estos países podrían formar la base de la propia red de alianzas de China, si los líderes chinos se convencen de que es necesario conformar sólidas alianzas, para que tanto su efecto disuasorio como su valor operativo, prevalezcan en competencia a largo plazo contra Estados Unidos y sus aliados.

      Semejante desarrollo geopolítico chino marcaría un verdadero punto de inflexión en plena era de competencia entre Estados Unidos y China, y allanaría el camino hacia un alarmante nuevo orden mundial, con umbrales más bajos para que se desaten conflictos regionales y entre grandes potencias.

       Para el efecto, China está creando una red propia de aliados

      A la fecha, China tiene un solo aliado formal: Corea del Norte, país con el que comparte un tratado de defensa mutua y recíproca. Además, Pekín tiene docenas de asociaciones oficiales con Estados en otras partes del mundo. En la cima de la pirámide de aliados chinos, se encuentran Rusia y Pakistán, cuyos lazos extra especiales con Beijing se denominan con largos y exclusivos nombres, tales como; "Asociación estratégica integral de coordinación China-Rusia para una nueva era" y "Asociación cooperativa estratégica para todo clima China-Pakistán”.

      Enseguida aparecen en la pirámide, varios estados del sudeste asiático tales como Myanmar, Camboya, Vietnam, Tailandia y Laos, así como Estados más lejanos de su centro de gravedad geoestratégico, tales como Egipto, Brasil y Nueva Zelanda.

      Simultáneamente China ha invertido gran energía en la construcción de mecanismos multilaterales liderados por China, verbigracia, la Organización de Cooperación de Shanghai (OCS), el Foro de Cooperación China-África y el Foro de Cooperación China-Estados Árabes.

      Se infiere entonces, que hasta ahora China ha evitado construir una red tradicional de aliados, por razones que van desde arraigadas inclinaciones ideológicas maoístas, hasta obcecados cálculos estratégicos. Desde los primeros días de la República Popular, el régimen de Pekín ha tratado de presentarse ante las demás potencias, como un líder del mundo en desarrollo y un defensor de los principios de no interferencia y antiimperialismo del Movimiento de Países No Alineados.

       Durante lo que va transcurrido del siglo XXI, los líderes chinos han insistido en que practique un "nuevo tipo de relaciones internacionales", evitando tradicionales políticas de poder en favor de la "cooperación de beneficio mutuo".

     Esta teoría pretende reforzar la tesis de que no debe temerse nada respecto al ascenso de China, sino que este debe ser bienvenido como una bendición para el desarrollo y la prosperidad global, y al mismo tiempo, para distinguir a Pekín de Washington, al que con frecuencia los líderes chinos critican, por la "obsoleta mentalidad de Guerra Fría" de la Casa Blanca.

      Además de esfuerzos concretos de diplomacia pública, la postura tímida de las alianzas de Pekín refleja una decisión estratégica de construir relaciones centradas en los lazos económicos en su búsqueda de poder e influencia global. Esto no significa que China utilice únicamente el arte de gobernar económica para promover sus objetivos.

      Está probado que en las últimas dos décadas, China ha expandido capacidades militares y ha utilizado su poder para intimidar a Taiwán, aumentar las tensiones con India a lo largo de la frontera en disputa y presionar sus reclamos de soberanía en los mares de China Oriental y Meridional.

      Pero, aunque los líderes chinos consideran que el poder militar es esencial para proteger su patria, los intereses nacionales fundamentales y los ciudadanos y las inversiones en el extranjero, han demostrado o por lo menos han aparentado, pocos deseos por asumir compromisos de seguridad externa que podrían arrastrar a su país a conflictos lejanos.

      Para sustentar esa posición geopolítica pensando en ganar amigos e influencia internacional, China ha apostado a ofrecer préstamos, inversiones y oportunidades comerciales, y hacer negocios con cualquier entidad soberana, independientemente de su carácter y trayectoria en el país.

      Dicha estrategia ha dado frutos. Los socios de China, particularmente en el mundo en desarrollo, han acogido con satisfacción su compromiso y a cambio han apoyado intereses fundamentales chinos, mediante apoyos de naturaleza diplomática. Por ejemplo, afirmando el principio de "una sola China" desconociendo a Taiwán; guardar silencio o incluso elogiar sus políticas represivas en Xinjiang; y respaldando su agenda en foros multilaterales como las Naciones Unidas.

      Anexo a los incentivos financieros con sus “aliados”, el gobierno chino ha recurrido cada vez más a la coerción económica, para castigar a los Estados que desafían sus demandas, como en el caso de Australia, que sufrió rígidos aranceles chinos a sus exportaciones, después de que el gobierno australiano, prohibió en su país al gigante chino de telecomunicaciones Huawei de sus redes y apoyó una investigación internacional sobre el origen de COVID-19.

      Los cálculos geopolíticos de Pekín son cambiantes

      Es poco probable que a corto plazo, China abandone por completo su planeada estrategia geoeconómica de dominación. Sin embargo, hay dos escenarios posibles que por supuesto, no son mutuamente excluyentes, pero que podrían impulsar a China a construir una auténtica red de aliados:

     Si Pekín percibe un agudo deterioro en su entorno de seguridad que trastoque su análisis de costo-beneficio en la búsqueda de pactos militares formales; o si decide desplazar a Estados Unidos como potencia militar predominante, no solo en la región del Indo-Pacífico, sino a nivel mundial.

     Los dirigentes chinos pueden llegar a tales conclusiones si evalúan que los intereses centrales del Partido Comunista, como su control del poder interno, la autoridad sobre Xinjiang, el Tíbet y Hong Kong, y, los reclamos de soberanía sobre Taiwán, serían insostenibles sin pactos formales de defensa, con socios claves tales como Rusia, Pakistán o Irán.

     En efecto, las evaluaciones estratégicas chinas ya han comenzado a apuntar en esta dirección. Por ejemplo, los comentarios chinos sobre el estrechamiento de los lazos chino-rusos en los últimos años, insinúan la existencia de un creciente "cerco" por parte de Occidente, como el principal impulsor de este desarrollo y enfatizan la necesidad de que Pekín y Moscú, trabajen juntos coaliciones lideradas, para hacer retroceder a Estados Unidos.

      Aunque Pekín insiste en que China y Rusia "no son aliados", ha comenzado a afirmar al mismo tiempo que no hay "áreas restringidas" y que no existe "ningún límite superior" para su asociación.

     A partir de 2012, China y Rusia han realizado ejercicios militares cada vez más amplios, incluidos ejercicios navales regulares en el este de China y el mar de China Meridional, y en ocasiones en conjunto con terceros como Irán y Sudáfrica.

      En octubre de 2021, Rusia y China aparecieron en los titulares d ellos grandes medios de comunicación, por realizar su primera patrulla conjunta en el Pacífico occidental, que, según el Global Times, un tabloide estatal chino, fue una respuesta a la estrategia de Estados Unidos, que "se une con aliados tales como Japón y Australia ".

      Sin lugar a dudas, la tenue historia de amistad y rivalidad de Pekín y Moscú y el valor que ambos Estados totalitarios otorgan a la autonomía estratégica, son factores reales que pueden limitar el alcance de su asociación.

      Aún así, Rusia y China podrían llegar a un acuerdo sobre la prestación de ayuda mutua, que iría desde el apoyo logístico hasta la asistencia directa, inclusive en la zona gris o en operaciones militares convencionales, si alguno de los gobiernos determina que se enfrenta a una amenaza existencial.

      Otro ejemplo de la cambiante postura geopolítica china es su adopción de los "Estados rebeldes". Algunos líderes chinos han comenzado a caracterizar las relaciones entre China y Corea del Norte en tonos sorprendentemente diferentes a los de hace pocos años, cuando en apariencia, Pekín decía distanciarse de Pyongyang. En julio de 2021, los dos aliados renovaron el tratado de defensa mutua y prometieron elevar su alianza a "nuevos y superiores niveles" de cooperación.

      A principios de 2021, China también un acuerdo de cooperación de 25 años con Irán, proporcionando proyectos económicos e inversiones con créditos fuertes, a cambio de acceso al petróleo iraní. En dicho acuerdo, ambos países se comprometieron a profundizar la cooperación a través de intercambios militares conjuntos, intercambio de inteligencia y desarrollo de armas.

      Poco tiempo después, China aprobó la oferta de Irán de ser miembro de pleno derecho de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS)[1], 15 años después de la solicitud inicial de Teherán. Según analistas chinos, Pekín había eludido el problema durante más de una década, para evitar molestias a Washington y crear la impresión de que la OCS tiene como objetivo contrarrestar la política exterior de Estados Unidos.

      Sin embargo, Xi Jin Ping decidió seguir adelante al concluir que la "política de contención" de Washington hacia China llegó para quedarse.

      Aunque queda pendiente por establecer cuánta "mejoría" real experimentarán estas asociaciones prochinas, tales desarrollos sugieren que los deseos de Pekín de no enredarse demasiado con actores como Irán y Corea del Norte por calculadas razones estratégicas, e impulsadas por la imagen pueden erosionarse gradualmente, ya que percibe un entorno externo cada vez más hostil y, por tanto, una mayor urgencia en la captación de aliados.

       Todo lo anterior, a pesar de las preguntas sobre la confiabilidad de chinos y norcoreanos, sumadas a las propias sospechas de China, entre otros factores que las complican.

     Los líderes chinos podrían decidir en un futuro previsible, ¿cuál es la mejor manera de proteger sus intereses y resistir la presión de Washington y sus aliados?, es que China se convierta en una potencia militar indispensable con su propia red de aliados, tal como lo hizo Estados Unidos al término de la Segunda Guerra Mundial.

        Pero en la práctica, para China, no será fácil emular a Estados Unidos, porque la mayoría de las economías avanzadas del mundo, ya son aliados oficiales de la política exterior de la Casa Blanca. Por su parte, China enfrenta profundo escepticismo en todo el mundo sobre sus intenciones a largo plazo y tendencias hegemónicas.

       Eso es cierto, inclusive para sus socios más cercanos de la Iniciativa Belt and Road o Nueva ruta de la seda. De remate, algunos estados han dejado en claro que no quieren alinearse exclusivamente con Beijing o Washington.

       Pero como lo corrobora la historia de la humanidad, el statu quo no es inmutable. Por lo tanto, China está forjando lazos con economías avanzadas y Estados en desarrollo, e intenta abrir brechas entre Estados Unidos y sus aliados y socios. Inclusive, se evidencia que si no puede atraer a algunos jugadores a su lado, podría impulsar la “finlandización” de áreas estratégicas claves, como la península de Corea y sectores del sudeste asiático, mediante medidas coercitivas que los obligaría a renunciar a cualquier vínculo estratégico con Estados Unidos.

       Todas las alianzas tienen consecuencias

      Los avances de la administración Biden para revitalizar alianzas y aumentar las contribuciones estadounidenses de los aliados a la seguridad en la región del Indo-Pacífico, son esenciales durnate la naciente era de cambiantes equilibrios de poder y competencia estratégica. Pero Biden debe saber que cuando los líderes estadunidenses prometen reedificar las alianzas de Washington y trabajar hacia "una nueva visión del siglo XXI" de "disuasión integrada", Pekín podría buscar lo mismo con sus propios socios estratégicos.

       Esto no infiere que Washington deba distanciarse de sus aliados con la esperanza de moderar el comportamiento de China. Después de todo, las decisiones de Pekín se basarán en su visión estratégica y en sus ambiciones geopolíticas. Sin embargo, la administración de Biden deben evaluar cómo sus éxitos en la reunión de amigos, podrían afectar las percepciones de amenaza china y, sin saberlo, estimular la creación de una red de alianzas rivales lideradas por China.

Los esfuerzos geopolíticos y diplomáticos de la Casa Blanca deben considerar como mantener a China involucrada en relaciones estables con Estados Unidos y sus aliados y asegurarse de negociar, no solo con democracias de ideas afines.

 Como en toda empresa exitosa, la previsión y planificación estratégicas, serán aspectos fundamentales para evitar que las potencias consigan un mundo dividido, con un bloque opuesto dirigido por China, cada día más enredada e intervencionista.

Una vez más queda demostrado que los problemas políticos son muy serios, porque de las soluciones que se den a ellos, siempre dependerán la paz, la seguridad y el desarrollo. Por ende, el planeta necesita a muchos estadistas con visión de estrategas y muchos estrategas con pensamiento de estadistas.

      China desata una guerra fría que niega y de repeso atribuye a Estados Unidos con el calificativo de obsoleta. La tendencia de alejar a la Casa Blanca de lo que sucede en puntos geopolíticos de alto valor estratégico, solo servirá para allanar el camino a las tendencias totalitarias chinas.

       Prudencia, razonamiento y decisiones diplomáticas firmes. Igual que en la era soviética, el mundo dependerá del buen tacto y el buen tino de las decisiones políticas de los líderes de dos superpotencias. Y por extensión en cada país, se requieren estadistas no politiqueros, pues la tendencia será avanzar hacia alineaciones en dos bloques definidos. La historia de la geopolítica así lo ratifica.

      Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Especialista en Geopolítica, Estrategia y Defensa Nacional

       www.luisvillamarin.com

 

 

 

 


[1] La Organización de Cooperación de Shanghái (OCS) es una organización intergubernamental fundada el 15 de junio de 2001 por los líderes de la República Popular China, Rusia, Kazajistán, Kirguistán, Tayikistán y Uzbekistán, países que, con excepción del último, fueron miembros del grupo de los Cinco de Shanghái, precursor de la OCS, fundado el 26 de abril de 1996. Desde su creación, la organización ha expandido su membresía a nueve estados; con India y Pakistán uniéndose en junio de 2017, e Irán en septiembre de 2021.

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