Análisis militar interno de Estados Unidos plantea dudas sobre mortífero ataque con drones en Kabul

Publicado: 2021-09-06   Clicks: 139

      Un análisis preliminar interno de las Fuerzas Militares estadounidenses infiere que era "posible o probable" que hubiera explosivos en el automóvil y que antes del ataque, los operadores de los drones que ejecutaron el bombardeo, solo tomaron un escaneo superficial del patio donde estaba aparcado el vehículo impactado.

      Este ataque estadounidense se llevó a cabo tres días después de que un suicida de ISIS K, detonó un chaleco cargado con 25 libras de material explosivo, en la entrada Abbey Gate del aeropuerto de Kabul, esparciendo metralla mortal en 21 metros a la redonda, acción que causó la muerte de 13 soldados estadounidenses y más de 170 civiles afganos, quienes se arremolinaban en el lugar, en procura de huir del régimen talibán.

     El general Mark A. Milley, presidente del Estado Mayor Conjunto y oficial con mayor jerarquía del Ejército estadounidense, afirmó la semana pasada que el misil lanzado con un dron contra un vehículo tipo sedán cerca del aeropuerto en Kabul, Afganistán, fue un "ataque justo" que frustró un plan terrorista del Estado Islámico, en las últimas horas de la evacuación de ciudadanos estadounidenses del convulso país de Asia Central.

      El general Milley dijo a los periodistas, que las explosiones secundarias después del ataque aeroterrestre, respaldaban la conclusión operacional de inteligencia técnica, de que el automóvil atacado contenía explosivos, que podrían ser chalecos suicidas o una bomba de gran tamaño, y agregó que quienes planearon el ataque, de antemano, tomaron las precauciones adecuadas, para limitar  riesgos de eventuales daños colaterales contra pobladores civiles del sector.

     No obstante, el análisis preliminar realizado por expertos militares en Estados Unidos, acerca del ataque y las circunstancias que lo rodearon, ofrecen evidencias mucho menos concluyentes para respaldar las afirmaciones del general Milley. Igualmente, este informe, plantea preguntas sobre un ataque que, según amigos y familiares del conductor del automóvil, mató a 10 personas, siete de ellas niños.

      Según funcionarios oficiales que han sido informados sobre la evaluación inicial, hasta ahora, no hay pruebas contundentes de que hubiera explosivos en el automóvil. El análisis preliminar asegura que era "posible o probable" que fuera así.

       Durante unos segundos, los operadores y analistas de drones escanearon el estrecho patio donde estaba estacionado el sedán. Al no ver civiles, un oficial ordenó el ataque, en el preciso instante en que la transmisión de video en vivo, mostraba a otras figuras acercándose al vehículo, pero ya el misil Hellfire se acercaba a su objetivo.

      Los investigadores militares dicen que el análisis inicial también respalda un caso circunstancial de una amenaza inminente y grave al aeropuerto, por ende se requería lanzar un ataque sorpresivo, que los operadores de los mortíferos drones, prepararon durante ocho horas el domingo 29 de agosto, al monitorear los movimientos del vehículo impactado y escuchar las comunicaciones de sospechosos conspiradores dentro de ese vehículo.

      En tiempo real, a medida que pasaban las horas, los analistas estadounidenses observaban con estupor cómo las sucesivas partes de un complot para llevar a cabo un nuevo ataque terrorista en el aeropuerto, parecían "alinearse", e inclusive, el presidente Biden advirtió públicamente que era "muy probable" otro ataque.

      El oficial que supervisó el ataque con drones se enfrentaba a una decisión difícil: disparar mientras el sedán estaba estacionado en un patio relativamente aislado del aeropuerto, o esperar hasta que el vehículo observado se acercara aún más al terminal aéreo, que ese día estaba colmado de densas multitudes, aumentando el riesgo para los civiles afganos y las tropas estadounidenses que aseguraban la salida de los vuelos humanitarios.

      El trasiego de los hechos ocurrió de la siguiente manera:

      Aproximadamente a las 9 a.m. del domingo 29 de agosto de 2021, un automóvil tipo sedán blanco, marca Toyota Corolla, salió de una vivienda ubicada a cinco kilómetros al noroeste del Aeropuerto Internacional Hamid Karzai. Con base en datos suministrados por informantes, escuchas electrónicas e imágenes de aviones de vigilancia estadounidenses, los analistas de inteligencia técnica asumieron, que había una casa segura para miembros del Estado Islámico Khorasan, o ISIS-K, rama del grupo terrorista en Afganistán.

       Previamente, los analistas de inteligencia estadounidenses habían interceptado mensajes de ISIS-K, cuya interpretación les indicó que en breve habría otro demoledor ataque terrorista en el aeropuerto, similar al del jueves 26 de agosto.

       Por lo tanto, cualquier vehículo que entrara o saliera del complejo esa mañana despertaba el interés de los analistas. Pero por las informaciones disponibles, los operadores prestaron especial atención al sedán blanco, de acuerdo con las imágenes que recibían en blanco y negro, desde un dron MQ-9 Reaper que sobrevolaba la ciudad de Kabul.

       Las comunicaciones interceptadas a quienes ocupaban la casa de seguridad de ISIS, indicaron que los conspiradores estaban coordinando detalles finales de su plan con el automóvil referido. Los mensajes indicaron que el conductor del automotor recibió instrucciones de encontrarse con un motociclista. Momentos después, hizo precisamente eso.

       Este patrón de comunicaciones interceptadas y actividades puntualmente realizadas por el conductor, continuó durante varias horas, ya que el sedán hizo diferentes paradas en Kabul, a veces recogiendo y dejando pasajeros.

        Justo antes de las 4 p.m., el automóvil sedán entró en un recinto desconocido para los analistas estadounidenses, ubicado a diez kilómetros al suroeste del aeropuerto. Minutos más tarde, el conductor y otros tres hombres cargaron cuidadosamente en la bodega del vehículo, varios paquetes, que a juicio de los especialistas en inteligencia, eran explosivos.

      El conductor y los hombres subieron al sedán e iniciaron marcha hacia el norte, pero el conductor dejó en el camino del recorrido a los acompañantes. Aproximadamente a las 4:45 p.m., el conductor, entró solo en un pequeño patio ubicado a 2.5 kilómetros al oeste del aeropuerto, justo al sur de la casa de seguridad original. Otro hombre salió a recibirlo.

       En este momento, el comandante táctico ―un operador experimentado que ha llevado a cabo múltiples ataques con drones en diversos lugares del mundo para atacar yihadistas―, quien a la vez controlaba los drones Reaper armados, se vió obligado a tomar una decisión rápida. Tenía autoridad para atacar, mediante instrucción delegada por el general Kenneth F. McKenzie Jr., Comandante del Comando Central del Ejército en Tampa, Florida.

       Las normas operacionales de las Fuerzas Militares de Estados Unidos, permiten realizar un ataque si los operadores y analistas de inteligencia tienen "certeza razonable" de que existe un objetivo legítimo de ISIS-K.

      Esta norma facultó al oficial para actuar, habida cuenta que con la información disponible del lugar y las circunstancias que observaban, en las imágenes enviadas por el dron desde Kabul al centro de Comando en Estados Unidos, no había mujeres, niños u otros civiles no combatientes sería muerto o herido.

      Los operadores de los videos recibidos desde el dron de inteligencia, examinaron rápidamente los estrechos confines del patio y solo vieron a otro hombre hablando con el conductor. El oficial al mando del centro de operación de los drones, concluyó que este era el mejor momento y lugar para disparar. Si esperaban más tiempo, y el vehículo pasaba por el ajetreado tráfico de la ciudad o se acercaba al aeropuerto, el riesgo para la vida de cientos o miles civiles sería mucho mayor, ya fuera por un ataque con drones o la detonación de chalecos suicidas, o la explosión de un enorme carro-bomba.

      El oficial a cargo ordenó disparar. El misil Hellfire de una ojiva cargada con 20 libras de material explosivo de alto poder, alcanzó su objetivo en menos de un minuto. Cuando el misil se acercaba al blanco y no había forma de revertir la situación, los operadores de drones observaron en el video que otras figuras se acercaban al vehículo sedán.

      La primera explosión ocurrió a las 4:50 p.m. Segundos más tarde, se produjo una bola de fuego aún más grande. Una evaluación preliminar realizada por expertos en investigaciones de explosiones regulares e irregulares, concluyó que era "posible o probable" que otros explosivos guardados dentro del automotor, y no un tanque de gasolina u otra cosa, hubieran causado la segunda explosión.

       En consecuencia, el análisis militar inicial reconoció que por lo menos tres personas civiles murieron en el sitio de las explosiones. Por su parte, el general Milley dijo a los periodistas que uno de los abatidos era "un colaborador de ISIS".

      Entretanto, otros funcionarios del Pentágono, aducen que tienen poca información sobre el conductor, identificado por colegas y familiares como Zemari Ahmadi. Sus vecinos, colegas y familiares dijeron que era ingeniero técnico de Nutrition and Education International, una organización benéfica con sede en Pasadena, California, y que según sus parientes, no tenía vínculos con ISIS-K.

      Pero los analistas de inteligencia concluyeron que Ahmadi era colaborador de ISIS-K, debido a sus acciones como conductor desde el momento en que el sedán blanco salió de la casa de contacto de los yihadistas en Kabul, hasta cuando murió en el patio de la casa aledaña en horas de la tarde.

      Tan pronto se produjo el ataque, esa célula de ISIS-K quedó en silencio. Por razones obvias, para proteger su seguridad operativa, los miembros del grupo suspenden las comunicaciones entre ellos, después de un ataque con drones, pues sobreentienden que los agentes estadounidenses los estarán escuchando. El silencio de comunicaciones de la mencionada célula yihadista, continuó hasta el viernes 3 de septiembre, pero lo que han dicho los terroristas al respecto, es parte del secreto de las investigaciones.

      La gran dificultad que tienen los investigadores para contrastar la información con las evidencias y datos del terreno, es que no tienen acceso al lugar del ataque, que como el resto de Kabul está bajo el control de los talibán. Mientras tanto, altos funcionarios militares insisten en que el ataque con drones contra el sedán blanco, evitó más víctimas estadounidenses y afganas.

      De nuevo el general Milley reiteró. "Creemos que se siguieron correctamente los procedimientos, y esta fue un ataque justo", y añadió “¿Hubo otros muertos? Sí, hay otros muertos. ¿Quiénes son?, no lo sabemos ".

     Al día siguiente del contundente ataque con el misil Hellfire, los medios de comunicación internacionales, publicaron testimonios de civiles afganos denunciando que habían fallecido diez civiles inermes entre ellos niños y mujeres, pero tampoco ha habido claridad al respecto.

       En síntesis: Si los agentes de inteligencia y los operadores de los drones destruyeron un ambicioso plan terrorista de ISIS K, este fue un golpe trascendental para salvar muchas vidas de afganos.  Si se equivocaron, y en el ataque murieron civiles inocentes como aseguran algunos civiles de Afganistán, este será un poderoso motivo para que se integren más yihadistas en contra de Estados Unidos y de Occidente, así como un motivo mas para las crecientes polarizaciones internas de la inminente guerra civil afgana.

      No obstante, con el paso del tiempo, justo o injusto, este bombardeo será un referente más, para la guerra de ojo por ojo y diente por diente, que ya está declarada en Afganistán, aunque los talibán hablen de paz y cambio de conductas.

      Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 39 libros de geopolítica, defensa nacional y estrategia

       www.luisvilllamarin.com

 

 

 

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