Eventual caída del régimen de Afganistán: ¿Inicio de nueva geopolítica del yihadismo?

Publicado: 2021-08-15   Clicks: 549

   18 años de la Guerra contra el Terror  Cerca de cumplirse 20 años de los ataques terroristas contra el World Trade Center en el Bajo Manhattan y el Pentágono en Virginia, las entonces derrotadas fuerzas talibán, no solo sostuvieron la ofensiva táctica terrorista durante dos décadas contra las fuerzas de la Otán y el régimen proccidental de Kabul, sino que están a punto de obtener una ruidosa victoria político-estratégica de incalculables réditos geopolíticos para el terrorismo islámico, y el ansiado sueño extremista de crear un califato extremista regido por la Sharia.

     Curtidos en la guerra en el desierto y las montañas que se han convertido en “cementerios de los imperios” Afganistán vive una compleja crisis, en la que, la aun débil estructura de desarrollo copiada de Occidente, parece estar a punto de derrumbarse, como corolario de una sangrienta batalla, próxima a desatarse en Kabul. No hay otra opción en el panorama para el corrupto y descompuesto gobierno.

    Geopolítica del Terrorismo Islámico De paso, tan oscuro horizonte afecta por partida múltiple a Estados Unidos. A primera vista, queda claro que la muerte de Osama Bin Laden no causó el efecto sicológico deseado; que la larga sociedad con los señores de la guerra de la Alianza del Norte tampoco dio frutos; que el narcotráfico y el terrorismo que se dan silvestres en Afganistán y son dos puntos álgidos en la agenda de seguridad internacional de la Casa Blanca, crecieron durante las últimas dos décadas; que fue perdido el entrenamiento táctico y la asistencia militar estadounidenses a las tropas afganas y a las milicias leales a Kabul; que cuatro mandatarios con sus respectivos secretarios de guerra y los comandantes de tropas con la parafernalia de asistentes y especialistas en Asia Central, tampoco fueron capaces de generar soluciones

     Y la lista de conclusiones negativas, atadas con las irreparables pérdidas de vidas humanas, el abandono de la Otán a la azarosa empresa y el agotamiento de la opinión publica doméstica, se agrega la pérdida de credibilidad de Estados Unidos como potencia en Afganistán y otros escenarios de Asia Central y África, a donde el empoderamiento talibán, llevará renovadas células terroristas.

      De repeso, es un golpe duro para la inteligencia estadounidense, que a pesar de tener medios tecnológicos de avanzada, no pudo localizar y destruir las estructuras armadas talibán, en particular durante los dos últimos años. Y como si eso fuera poco, la diplomacia y la CIA nunca pudieron poner en cintura a los gobiernos de Pakistán y Arabia Saudita, para que funcionarios públicos e imames de esos dos países, ni adoctrinaran, ni apoyaran, ni financiaran el terrorismo islámico en la convulsa región.

     Los diálogos de la Casa Blanca con los terroristas talibán iniciados al final de la era Trump, y sostenidos por Biden, solo sirvieron para sacar de las cárceles a 5500 “guerreros santos”, quienes todo el tiempo de cautiverio mantuvieron contactos clandestinos con sus células directivas, y cuando recuperaron la libertad, regresaron a las armas y se integraron a las fuerzas terroristas que de manera arrolladora avanzan hacia la capital afgana.

     En medio del escenario de rechazo sistemático y sostenido de los fundamentalistas islámicos de la región contra la presencia cruzada de las tropas estadounidenses, se aunaron factores negativos como el incremento  del narcotráfico con énfasis en el opio, la llegada de internacionalistas de todos los países islámicos, muchos de ellos enviados a las montañas afganas por gobiernos y clérigos poderosos, proclives al extremismo yihadista,  y el reclutamiento progresivo de jóvenes dispuestos al martirio en nombre de Alá y del profeta.

      Pobreza, corrupción analfabetismo, comportamientos tribales de gobiernos regionales al estilo medieval, aberrantes sometimientos y violencias contra las mujeres, desconexión del gobierno central con las realidades de sus sui generis periferia de atraso y religiosidad extremista, completaron el cuadro de definiciones para conducir a Afganistán a la categorización de un Estado fallido con capacidad militar para sostener una ofensiva, pero con un ejército sin liderazgo idóneo y en muchos casos, sin deseos de combatir.

      Pese a que los medios de comunicación y los analistas advertían con pruebas, que la situación venía empeorando desde 2017, el principal argumento de la administración Biden para ordenar la salida de las tropas de Afganistán, fue que ese país nunca va occidentalizarse, y que ya las fuerzas armadas afganas estaban listas para asumir el control militar y policial de todo el territorio. Y que la Casa Blanca seguiría enviando apoyos financieros para sostener la seguridad.

      De remate, desde esa misma época, circulaban noticias acerca de la exacerbada corrupción de la mayor parte de los funcionarios del gobierno agfano, que se robaban los dineros o los malgastaban, mediante cifras de inexistentes unidades militares, o insuficientes avituallamientos a las tropas asentadas en zonas de combate contra los talibán.

       Es de suponer que en pocos meses, los talibán entrarán triunfantes a Kabul, que Estados Unidos probablemente trasladará su embajada a Pakistán, que Rusia y China entraran a sacar ventajas geopolíticas, geoeconómicas y geoestratégicas de este bastión abandonado por la sumatoria de errores estratégicos descrita, pero que obviamente, enfrentarán muchas dificultades.

      De paso los radicales islamistas que pululan en todos los países musulmanes tendrán un santuario financiado por encumbrados religiosos islamistas, jeques y enemigos de la cultura occidental, en el que se entrenarán miles de yihadistas que de allí saldrán hacia todos los continentes a hacer su guerra santa.  

       Tal situación obliga a Estados Unidos a presionar al régimen pakistaní a depurar el siniestro servicio de inteligencia ISI; a hacer acuerdos por conveniencia con China y Rusia para combatir el yihadismo; a fortalecer nexos con India; a recuperar la presencia en el África y en el Golfo Pérsico; a comprometer a las monarquías islámicas, a Egipto y a Turquía en la guerra contra el terrorismo; a revaluar las relaciones con los países del Asia Central; a robustecer las medidas de seguridad en su territorio y a hacer sinergias con su “patio trasero en Latinoamérica” para que no se cuele el yihadismo en estas latitudes.

      Sin duda, las experiencias acumuladas por Al Qaeda, Isis, y los propios talibán, llevarán la nueva etapa de la guerra del terrorismo islámico, a que sucedan episodios de violencia, tan sorpresivos como sanguinarios y audaces, durante los años venideros.

       Los talibán son obcecados fundamentalistas, plegados a visiones medievales de la vida política, social y cultural. Llevan en el ADN un odio acumulado por décadas contra Occidente, y cuando lleguen al poder los sacarán a relucir.

      No importará que el mundo los rechace como ya sucedió con ellos en la década de los años 90, o con ISIS en Siria e Irak. Su ambición es el califato universal de la Umma, y tienen la infraestructura para sostener otra guerra contra los “infieles cruzados”, pues tarde o temprano, Estados Unidos será forzado a regresar a “poner orden” en la convulsa e impredecible región del Asia Central.

       Conexión Al QaedaCuarenta y dos años después de que la invasión rusa a Afganistán en 1979, se convirtió en la plataforma de lanzamiento de la caída del comunismo y la desaparición de la Unión Soviética, el casi seguro regreso de los fundamentalistas religiosos talibán al poder en Kabul, demuestra que la muerte de Osama Bin Laden en Pakistán en 2011, no resolvió el problema

        … Y que el mundo entrará en otra etapa de crisis de seguridad asimétrica y queda expuesto a mas violencia religiosa radical, mas guerras focalizadas y mas dolores de cabeza para los ciudadanos comunes y corrientes de los cinco continentes, blancos potenciales de la ya conocida violencia yihadista.

       Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

        Autor de 39 libros de geopolítica entre ellos siete acerca del terrorismo islámico

        www.luisvillamarin.com

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