La situación de derechos humanos en Irán es crítica para la seguridad y la paz del planeta

Publicado: 2019-11-17   Clicks: 752

      Geopolítica internacional 

     18 años de la Guerra contra el TerrorLa crítica situación de derechos humanos está pasando desapercibida para los medios de comunicación occidentales y en especial en Latinoamérica, donde las protestas y los hechos de violencia callejera parecieran ocupar las primeras páginas del análisis internacional y de paso poner en segundo plano o en plano ignorado, la cruenta realidad que se está viviendo en el Medio Oriente, donde las protestas se han incrementado en El Líbano, Irak pero con mayor gravedad en Irán.

     Las protestas en Irán, salvajemente reprimidas, se sustentan en que la dictadura religiosa extremista de los ayatolás, aprovechó su supremacía en todos los aspectos de la vida sociopolítica de ese país, subió los precios a la gasolina, decisión que desató la protesta en varias ciudades con la consecuente represalia violenta de las fuerzas armadas oficiales.

     En la medida que avanzan los acontecimientos, parecería ser que después de 40 años de dictadura y crueldad contra su propio pueblo, la publicitada revolución chiita que se apropió del poder en Teherán en 1979, podría estar entrando en el principio de su fin y el inicio de otro giro geopolítico en la convulsa región y variaciones políticas internas en Irán.

      Que en cuatro días de protestas civiles y violentos enfrentamientos con la dictadura religiosa, hayan sido afectadas o destruidas cerca de 800 sedes  bancarias, mas de 300 estaciones de gasolina, 140 edificaciones públicas y 9 centros de formación religiosa chiita, y que según The New York Times y otros medios de comunicación internacionales muy serios, haya entre 180 y 450 muertos en medio de los enfrentamientos entre las fuerzas armadas oficiales y milicias árabes y otras etnias que son minorías en el país persa, indican que el problema es mucho más complejo de lo que se pueda suponer, y desde luego que no se trata simplemente de un complot orquestado por la CIA para derrocar la teocracia chiita, como lo asegura el ayatolá Jamenei para atornillarse en el cargo.

     Obviamente la costumbre política en los países musulmanes del Medio Oriente donde es extrema, la mentalidad dictatorial de los dirigentes político-religiosos, es argumentar que se trata de complots urdidos por los servicios de inteligencia occidentales, en contubernio con el odiado estado israelí y la acción “traicionera” de opositores.

     Probablemente en lo que sucede en este momento en Irán, hay un poco de todo esto, pero las cifras indican que la crisis política, económica y social de Irán es muy grave. De tener un producto Interno Bruto con cifras positivas de 9,55 en 2016 del 9,5% se redujo al 4,8% en 2017 aún positivo, pero en el 2018 la economía se contrajo y el PIB iraní marcó cifras negativas del 3,5%, llegando a cálculos negativos del 9,5% de decrecimiento en 2019.

     Algunos analistas aducen que la razón de esta creciente contracción del PIB en Irán, se deriva del bloqueo que han impuesto Estados Unidos y la Unión Europea a la producción petrolera iraní, lo cual impide a muchos países comerciar con el país persa, para forzar al régimen de los ayatolas a renunciar al proyecto nuclear y a que no apoyen el terrorismo internacional por medio de Hizbolá.

     En contraste Rusia ha intervenido en la crisis auspiciando el armamentismo en un país con problemas de crecimiento económico pero con dirigentes belicistas que han terciado en los conflictos civiles de Irak, Siria y El Líbano, pero el problema de credibilidad interna radica en que la población iraní tiene acceso a las redes sociales, y a los medios de comunicación occidentales, que les permite tener visiones más amplias de lo que ocurre en el resto de mundo, por lo tanto, los iraníes contemporáneos son susceptibles a ser contestarios.

     Al ritmo que van los acontecimientos, parecería ser que se está reeditando en Irán una revolución similar a ala sucedida en 1970, que culminó con la caída del sha de Irán. Sería el fracaso de la revolución teocrática chiita y desde la otra orilla, un éxito para la política exterior de Estados Unidos yd e Israel, pero sobre todo para Trump que está en campaña.

      Lo más obvio de inferir es que la CIA si está interviniendo en Irán, como lo ha hecho en otros países de la región, por medio de los servicios de inteligencia de Arabia Saudita y las monarquías del Golfo Pérsico, que desde hace varias décadas han sido sus enlaces para realizar operaciones encubiertas.

     Una u otra razón, infiere el aumento de tensiones entre Irán y Arabia Saudita, porque el hecho de que la economía iraní decrezca, no implica reducción armamentista ni renuncia al proyecto nuclear apadrinado por Rusia y China, para desafiar a Estados Unidos.

       Además, China podría terciar para sacar ventajas geopolíticas con el collar de perlas y la nueva ruta de la seda, algo que seguramente tiene en la mira, porque la posición geoestratégica de Irán es fundamental para que China pueda influir en todos los ámbitos del Asia Menor, el Asia Meridional y el Asia Central.

      Las tensiones vienen en aumento en los últimos años porque Irán y Arabia Saudita han invertido ingentes recursos en Afganistán, pero China también lo ha hecho. Unos y otros con intereses diferentes buscan el control total de la región, con el ingrediente de las eternas disputas geohumanas entre chiitas y sunitas.

      La prospección del problema se extiende a Pakistán. Allí el problema es geopolítico, económico, social, religioso y cultural, y es un detonante que no vislumbra pronta solución habida cuenta que Irán controla el estratégico Estrecho de Ormuz, por donde circulan miles de tanqueros cargados de petróleo para abastecer el planeta.

       En ese escenario una chispa que allí se encienda pueda incendiar todo el planeta. También hay que entender que un país como Irán con dirigentes plagados de mentalidad guerrerista, azuzados por Rusia al tiempo que China pretende apropiarse del control geoestratégico, geopolítico y geoeconómico, no es ninguna pera en dulce, ni un plato fácil de digerir para los estrategas del Pentágono o los estrategas de Europa Occidental.

      Así es obvio deducir que lo que viene en el año 2020, es definitivo para la estabilidad iraní, la paz del Medio Oriente y la balanza de poderes en el mundo. No es para que Arabia Saudita y sus aliados sunitas del Golfo Pérsico canten victoria pensando que el régimen chiita iraní se va a caer, y que el problema de latente posibilidad de guerra con su desafiante vecino está resuelto, como tampoco lo es para el presidente Trump, para anticiparse a suponer que lo que está sucediendo en Irán, es un filón para pelechar en su ambición reelectoral.

      Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

      Especialista en geopolítica, estrategia, defensa nacional y autor de 36 libros sobre estos temas

       www.luisvillamarin.com

 

 

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