¿Qué podría haber detrás de la decisión de Trump de cancelar conversaciones de paz con los talibán?

Publicado: 2019-07-21   Clicks: 68

      Geopolítica internacional

      El reciente anuncio del presidente estadounidense Donald Trump de suspender las conversaciones con los jefes talibán, no debería sorprender a nadie, pues los yihadistas sunitas asentados en Afganistán, habían hecho todo lo posible para desafiar a la Casa Blanca, quitándole toda posibilidad de negociar la paz.

       Las exigencias de los talibán son simplemente imposibles de satisfacer. Estados Unidos no puede abandonar la presencia militar una posición geoestratégica como Afganistán en pleno corazón de Asia Central. Mucho menos puede hacerlo, donde en el hipotético caso que los talibán se desarmaran, quedarían intactas las células de Al Qaeda, la red Haqqani, el ISK que es el brazo aliado de ISIS, las milicias chiitas de Irán que han participado en la Alianza Norte contra los salafistas y que ejercen el control del narcotráfico en la frontera binacional Irán-Afganistán.

       Además, por su posición geoestratégica Afganistán siempre ha estado en la apetitosa mira de los intereses geopolíticos de China y Rusia, e inclusive las dos potencias asiáticas han buscado todas las razones posibles para que Estados Unidos se vaya de Afganistán, porque saben que además de la guerra contra el terrorismo islámico, obviamente podría haber equipos de inteligencia estratégica estadounidenses vigilando lo que sucede en Moscú y Pekín.

      Al mismo tiempo la exagerada injerencia de Qatar en este proceso de paz, prestando su territorio para que los talibán tengan oficina de relaciones internacionales, algo que también desea Irán y que inclusive ya lo ha hecho en Teherán, es un asunto que crispa los nervios de las monarquías sunitas del Golfo Pérsico, pues desde hace rato lo que hace y deja de hacer Qatar en política internacional, está bajo sospecha de la casa Saud y sus aliados.

      Desde otra perspectiva, no se puede descartar que a sabiendas de estas realidades, la campaña política para la reelección de Trump haya utilizado los hechos, primero para demostrar una intención electorera de paz materializada en el supuesto deseo de regresar a casa varios miles de soldados estadounidenses que aún permanecen en Afganistán, y segundo para aprovechar la realidad del yihadismo en el convulso país, para decir que son ellos los que torpedean la buena intención de la Casa Blanca. Con esa audaz maniobra, Trump gana elogios políticos por ambos lados.

       Desde la óptica de los talibán se interpretaría de otra manera y con una visión excluyente de la verdadera paz. La mayor parte de la dirigencia talibán, e inclusive algunas de sus estructuras se esconden en Pakistán con la complicidad del poderoso servicio de inteligencia ISI, entonces hablar de paz es rentable, porque les sirve para allanar el terreno que necesitan para regresar a Kabul y buscar la caída del actual régimen para retornar a la aplicación estricta de la Sharia y la visión medieval de la política en el país, como lo hicieron entre 1996 y 2002.

      Mejor dicho, los talibán estarían engañando al mundo y lo que necesitan es que las tropas estadounidenses se vayan de Afganistán, para continuar en asocio de Isis y Al Qaeda la construcción del califato que no se pudo asentar en Siria e Irak. Es cierto que hay diferencias conceptuales entre los grupos terroristas, pero los tres son salafistas y sunitas, además tienen un cordón umbilical con Arabia Saudita y Pakistán.

       Tampoco sería extraño que Rusia y China estén estimulando a los talibán y a los demás yihadistas para que pidan la salida de Estados Unidos de Afganistán, y sabiendas de que los yihadistas son extremistas, podrían atentar contra alguno de sus ciudadanos o intereses geopolíticos, lo cual justificaría un ingreso masivo de tropas al rico Afganistán para apropiarse de sus recursos, de la ruta de la seda, del collar de perlas y en especial para bloquear a India que es aliado de Estados Unidos e Inglaterra, así como facilitar a Irán que amplíe su cobertura geopolítica hacia el occidente de Afganistán donde se asientan los chiitas afganos.

      Han surgido algunas críticas hacia Trump por haber programado la reunión que luego canceló con la dirigencia talibán en Camp David, pero esos críticos no profundizan en la valoración geopolítica de cual pudo haber sido la verdadera intención de Trump, al dejar avanzar la supuesta intención de reunión y luego cancelarla tres días antes de celebrarse el 18 aniversario de los ataques terroristas contra las torres gemelas y el Pentágono. Esto reforzaría la tesis, de que podría tratarse de una maniobra sicológica electoral, para demostrar lo que se sabe de antemano:

      Que los talibán no son creíbles y que mientras haya yihadistas en Afganistán, que además es un corazón geopolítico fundamental para la política exterior de la Casa Blanca, el gobierno “pacifista” de Trump, se vio en la penosa necesidad de continuar una actividad militar, que no quisiera hacer.

       Todo esta por verse, pero lo único cierto, es que la profundidad geopolítica de esta decisión de Trump es algo que no se puede calificar a la ligera, ni suponer que se trataría de una salida  temperamental del magnate.

       Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 36 libros sobre geopolítica, estrategia y defensa nacional

        www.luisvillamarin.com

 

 

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