Fiasco de una central eléctrica en Kirguistán y fricciones geopolíticas de China con Rusia en Asia Central

Publicado: 2019-07-06   Clicks: 512

     Geopolítica mundial

      Hay reiteradas acusaciones, que con base en la percepción de guerra económica, según la cual, la mejor forma de apropiarse de un país es endeudándolo; el régimen totalitario de China, está expandiendo su influencia geopolítica y geoestratégica, en todos los territorios ubicados a lo largo de su ambicioso proyecto de la  nueva ruta de la seda, a partir del convencimiento en Pekín, que la corrupción es el rasgo característico de los dirigentes políticos en todo el mundo, en especial donde las diferencias sociales y los problemas de infraestructura son marcados.

       Prueba de esta afirmación es que a finales de 2018, las chimeneas de la planta de energía eléctrica construida por la compañía china TBEA en Bishkek, Kirguistán, se rompieron poco después de una revisión técnica de rutina, dejando a gran parte de la ciudad sin calefacción ni electricidad en pleno invierno, cuando el clima marca temperaturas bajo cero.

      En la práctica, la geoestratégica ubicación de Asia Central, la convierte en territorio crucial para la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, lo cual se hizo más evidente desde septiembre de 2013, cuando Xi Jinping, anunció el gigantesco programa de infraestructura, durante una visita a Kazajstán.

Días más tarde, Xi Jinping viajó al vecino Kirguistán y comunicó a los funcionarios oficiales  en Bishkek, que el Banco de Exportaciones e Importaciones de China podría financiar la reconstrucción de la antigua planta de calefacción y electricidad de la capital.

      El drama social, político, económico y geopolítico que extiende sus ramificaciones a los intereses de China y Rusia, comenzó en 2013, cuando los funcionarios encargados de los asuntos energéticos en  Kirguistán, sabían que ya no podían postergar la decisión, de construir una nueva planta eléctrica, para reemplazar una envejecida construida durante la era de la antigua Unión Soviética, que proporcionaba calefacción y la electricidad necesarios para atender la demanda de  la capital del país, pero cada día que pasaba era más ineficiente.

     Gracias a que las embajadas chinas en el mundo funcionan como agencias activas de inteligencia estratégica en favor de los intereses geopolíticos integrales y expansionistas de Pekín, los diplomáticos de la embajada china acreditados en Bishkek, urdieron todas las maniobras de relaciones interpersonales posibles, para "recomendar" para construir la planta eléctrica, a la empresa china TBEA carente de suficiente experiencia en este tipo de proyectos,  como el "único ejecutor" de la obra y descartar de plano la oferta de la compañía rusa Inter RAO, especialista en construir este tipo de plantas.

      Sin embargo, la decisión china de aportar 386 millones de dólares para desarrollar el proyecto, fue algo más que una recomendación. Los diplomáticos chinos asentados en Kirguistán, pusieron de manifiesto que China estaba arriesgando la posibilidad de un préstamo a una nación de Asia Central poblada por 6.2 millones de personas sin mucho potencial económico a corto tiempo, razón por la cual, su contratista favorito tenía que ser elegido con o sin licitación. Por obvias razones derivadas de la consuetudinaria corrupción, los funcionarios kirguisos encargados de tomar la decisión, seleccionaron TBEA, una compañía con experiencia en construir grandes proyectos de obras civiles, pero no en la construcción y reparación de centrales eléctricas.

     En conclusión cerrado el negocio, se pactó que Kirguistán pagará alrededor de 470 millones de dólares en 20 años, incluidos los intereses y el capital. Otra compañía china, denominada China Machinery Engineering Corporation, ofreció una oferta más baja tasada en 356 millones, pero por la corrupción interna y por la imposición china de TBEA, no hubo alternativas.

     Se rumora que aunque TBEA carecía de experiencia en la construcción de plantas eléctricas, la decisión del gobierno de Pekín, se debió a que TBEA tiene su sede en Xinjiang, la región occidental china, cuyo desarrollo económico es una prioridad para Pekín, por ende había que darle ese proyecto.

     El oferente ruso Inter RAO que resultó perdedor, propuso la construcción de la planta eléctrica por un valor total de 518 millones de dólares, pero en diferentes condiciones. En lugar de exigir que Kirguistán optara por un préstamo, la compañía rusa ofreció invertir su propio dinero, para construir una planta completamente nueva a cambio de una propiedad parcial y una parte de los ingresos futuros.

      Como era de esperarse, a la postre la decisión de seleccionar a TBEA, llevó a un desastre en todos los sentidos, cuando como consecuencia de las fallas técnicas propias de la inexperiencia de los constructores, la planta de energía eléctrica en Bishkek se descompuso.

Pocos meses después de intenso escrutinio por parte de los bulliciosos medios informativos y los dirigentes políticos electos de Kirguistán, además de la razonable protesta pública y un juicio penal en curso en Bishkek, sacaron a la luz, las prácticas comerciales chinas, ligadas con la corrupción local.

     Debido al ambiente irregular en que ocurrieron los hechos, este escándalo aumenta de manera progresiva los efectos de un terremoto en la economía y la geopolítica de Asia Central, vasta extensión de desierto, estepa y montañas ricas en recursos naturales, a la que Rusia ha visto como parte o extensión lógica de su territorio durante siglos, y espacio donde el Kremlin ha ejercido incidencia geopolítica y geoestratégica.

     Rusia y China que fueron fuertes rivales durante la era soviética y hasta tuvieron combates durante el conflicto fronterizo en 1969, se enfrascaron en una especie de paz fría en las décadas posteriores hasta 1991, cuando la isla de Zhenbao principal causa de la disputa, regresó a manos chinas, pero eso no significa que las tensiones bilaterales cesaron, aunque últimamente las dos potencias han anunciado acercamientos geopolíticos en los órdenes estratégico y comercial, debido principalmente a las tensiones con geopolíticas con Estados Unidos y sus aliados occidentales.

       Durante recientes viajes a Asia Central Xi Jinping líder de China, intercambió chascarrillos y burlas acerca de la política exterior de Estados Unidos, con el presidente de Rusia Vladimir V. Putin a quien describió como su "mejor amigo", cuando ambos líderes asistieron en Kirguistán a una reunión de la Organización de Cooperación de Shanghai, un grupo de estados regionales creado por China, y luego se reunieron nuevamente en la vecina Tayikistán, donde Putin homenajeó al líder chino con un helado como regalo de cumpleaños. Pero en la dinámica geopolítica, a pesar de los aparentes gestos amistad ruso-china, persiste una profunda rivalidad entre los dos antiguos adversarios, por diversas razones.

      Según el criterio de Rasul Umbetaliev, ex funcionario de Kirguistán y experto en energía "Existe una gran pelea oculta entre Rusia y China por la influencia en Asia Central". La razón es elemental: Rusia tiene más apoyo de la población kirguisa que a menudo habla ruso y ve a Moscú como un lugar para trabajar o estudiar, pero los rusos no tienen las mismas cantidades de dinero que poseen los chinos".

      Complementa esta afirmación, que el poder corruptor del dinero chino, está en el centro del juicio en Bishkek contra el ex primer ministro kirguiso, Sapar Isakov, y otros ex funcionarios acusados ​​de corrupción relacionados con el contrato TBEA. Los fiscales dicen que las licitaciones para construir la planta eléctrica en cuestión, fueron falsificadas y que los costos a pagar por los precios inflados, costarán a Kirguistán 111 millones de dólares más de lo pactado inicialmente.

      Obviamente en una reciente declaración emitida desde la cárcel, Isakov niega que haya algo desfavorable para su país en el contrato, y dice que ni él ni ningún otro funcionario kirguiso seleccionó TBEA, que la elección fue hecha "por el gobierno de la República Popular China. Ese era su derecho, ya que China financió el proyecto de modernización en Kirguistán".

      Esta inaudita declaración ofreció un extraño reconocimiento político de que China, con las reservas de divisas más grandes del mundo, puede inclinar la balanza de los negocios en el extranjero, para servir sus intereses sin importar lo que piensen los residentes locales o los rivales, ni los medios legales o ilegales, que se utilicen para concretar los proyectos que convengan a la expansión geopolítica y geoestratégica chinas.

      Una comisión creada por el parlamento de Kirguistán halló múltiples irregularidades generalizadas en la adjudicación y ejecución del contrato. Se comprobó, que TBEA no se eligió después de una licitación abierta y competitiva con otros oferentes, sino por medio de una revisión a puerta cerrada, de las ofertas presentadas por algunas compañías que se habían enterado de que había la posibilidad de construir una planta eléctrica en Bishkek-Kirguistán.

     Desde su óptica, Iskhak Masaliev un legislador de la oposición en la comisión parlamentaria, aseguró en conferencia de prensa que él cree que Inter RAO el rival ruso de TBEA, nunca tuvo una oportunidad. "Todo el proyecto olía mal desde el principio, pero si no hubiera habido el accidente del funcionamiento de la planta, nadie se habría dado cuenta".

       Por su parte, Xiao Qinghua, el entonces embajador de China en Kirguistán en 2013, aseguró ante los medios de comunicación de Kirguistán que TBEA había sido seleccionada porque era una compañía "autorizada" con una "buena reputación mundial", pero naturalmente, se negó a comentar sobre los hallazgos de las investigaciones al respecto, realizadas por el parlamento de Kirguistán, al asegurar que: "No interferimos con ellos. Respetamos la soberanía de Kirguistán".

      Una radiografía del entorno geopolítico de este teatro de operaciones de la ambiciosa intención china sobre la nueva ruta de la seda, deja en primer plano y a la luz del examen varios aspectos: El fiasco de la planta de energía, los problemas persistentes de una refinería financiada por chinos, la revuelta en la mina de Karmazan y la ira kirguisa por la opresión de los uigures por parte de China, un pueblo musulmán de origen turco, son hechos medibles y verificables, que temporalmente han frenado las ambiciones geoestratégicas de Beijing de alguna manera. Pero obviamente, se infiere que China volverá a cargar con mas fuerza.

      Desde la orilla de su proyección geopolítica y geoestratégica, Rusia ha luchado para competir en lo que se ha convertido en una nueva versión del llamado Gran Juego, la lucha del siglo XIX sobre Asia Central escenificado entre Rusia y Gran Bretaña. Al citar la "situación económica desfavorable" de Rusia y la incapacidad de proporcionar los fondos prometidos, en 2016 Kirguistán, desechó un acuerdo para permitir a las empresas rusas construir una serie de represas y centrales hidroeléctricas en el norte kirguiso.

      No obstante, es claro que Rusia todavía tiene gran aceptación en la evolución geopolítica de las antiguas repúblicas soviéticas, por lo tanto, sigue siendo el jugador dominante de seguridad en la región. Prueba de ello, es que en una visita a Kirguistán en marzo de 2019, Putin logró un acuerdo para expandir una base aérea que las fuerzas militares rusas han utilizado desde la era soviética. Sin embargo, cuando se trata de construir carreteras, refinerías y líneas eléctricas, China ha dejado a Rusia atrás.

      Las cifras reflejan la intención expansiva geopolítica de china. Los préstamos de la banca china a Kirguistán, eran de solo 9 millones de dólares en 2008, y en una década se han disparado a más de 1700 mil millones. Algunos cálculos financieros estiman que el valor de los proyectos de infraestructura financiados por China asciende a 2.200 millones de dólares, lo cual equivale a casi la tercera parte del total del Producto Bruto Interno anual de Kirguistán.

     En síntesis, la intervención de Xi Jiping convirtió a la central eléctrica de Bishkek en una prueba tempranera de los problemas que afrontará la Nueva Ruta de la Seda. Ansiosos de que los funcionarios kirguisos no se movieran más rápido, la embajada de China los instigó en noviembre de 2013 para que pusieran en marcha el proyecto, repitiendo la insistencia de que TBEA haga el trabajo y destacando que "esta es la posición final de la parte china". La construcción comenzó poco después, plagada de corrupción.

      Las actas de las reuniones gubernamentales sobre el proyecto demuestran que algunos expertos kirguisos favorecieron la propuesta rusa, mientras que otros favorecieron la opción china más barata. Pero esos puntos de vista no variaron el apoyo inequívoco de la embajada de China para TBEA, cuyos pecios eran tan altos, que incluían artículos como extintores contra incendios a 1.600 dólares por unidad, o alicates de uso normal a 320 dólares cada uno, además de decenas de millones de dólares en honorarios de consultoría no especificados.

     En términos generales, dentro de los seis millones de habitantes kirguisos hay muchas expectativas por las supuestas bondades que ofrecen los flujos comerciales y potenciales empleos en territorio kirguiso, pero también se cocinan muchas prevenciones y sentimientos nacionalistas por la defensa de los recursos, como sucedió con las violentas protestas de los habitantes de los alrededores de la antigua mina de oro en Karmazan, quienes desalojaron por la fuerza de la revuelta popular, a una compañía minera china que se aprestaba a expoliar la riqueza del enigmático país, del cual la información es casi desconocida en el hemisferio occidental.

     Lo mas probable es que China gane el pulso geopolítico a Rusia sobre el control geoestratégico de Kirguistán y en general del Asia Central, porque tiene más músculo financiero y mejor capacidad militar para respaldar su ambicioso proyecto de la Nueva Ruta de la Seda.

      Entonces, es indudable que el nuevo orden mundial paralelo con la era de la tecnología cibernética está marcado por la ambición comercial del despertar del gigante chino, y así como de seguro, Kirguistán sufrirá muchas perdidas de su soberanía y riqueza porque quedó en la mitad de la ruta del desaforado huracán geopolítico dirigido desde Pekín, muchos países del Tercer Mundo, incluidos los latinoamericanos. quedarán cooptados por las redes chinas. A menos que surjan líderes regionales con visión de conjunto que articulen proyectos panamericanos.

 

      Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     Especialista en Geopolítica, defensa nacional y estrategia. Autor de 35 libros sobre estos temas.

     www.luisvillamarin.com

 

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