Expansión geopolítica de China por medio de un puerto en Sri Lanka

Publicado: 2018-07-08   Clicks: 447

     Geopolítica internacional

     Sri Lanka es un país insular asiático con gobierno soberano semi-presidencialista ubicado en el golfo de Bengala. Durante sla colonización británica, la isla fue denominada “Ceilán”, nombre que se siguió utilizando después. Por su particular forma geográfica y su cercanía geopolítica con la India, la isla de Ceilán está en la mira de la expansión geoestratégica de China

    Debido a su ubicación en el camino de las principales rutas marítimas, Sri Lanka es un punto naval de alto valor estratégico entre Asia occidental y el sudeste asiático, además de ser un centro de la religión y la cultura budista de la antigüedad, con multiplicidad étnica actual.

    Por su privilegiada posición geoestratégica Sri Lanka fue colonia de los imperios británico y portugués e igual que todas las colonias, que al término de la Segunda Guerra Mundial consiguieron la independencia, se convirtió en escenario de violentos conflictos internos, en los que por razones obvias metieron baza las potencias comprometidas en la guerra fría y por su ubicación geográfica, la expansión geopolítica de China.

    La evolución de los acontecimientos demostró que sin entender que el Proyecto de Desarrollo del Puerto Hambantota adelantado por China Harbour Engineering Company, una de las empresas estatales más grandes de Beijing, buscaba explotar a favor de los intereses estratégicos de China por medio de la nueva ruta de la seda, el corrupto gobierno de Sri Lanka permitió la costosa obra que al parecer se convirtió en un elefante blanco que no reditúa para su país.

    Producto de la correlación de corrupción con miopía geopolítica, la deuda de Sri Lanka con China se ha disparado. Prueba de ello es que el puerto solamente recibió  34 barcos en 2012 y para pagar la astronómica deuda, el puerto de Hambantota se convirtió en parte disimulada de China.

    Bajo una fuerte presión y después de meses de negociaciones con los chinos, el gobierno de Sri Lanka entregó 15.000 hectáreas de zona portuaria, para control chino por 99 años contados  a partir del 1 de  diciembre 2017.

     Tal transferencia ceded a China el control del territorio ubicado a  una distancia relativamente corta de las costas de su rival India, y un punto de apoyo estratégico, construido a lo largo de un canal comercial y militar trascendental.

     Este caso es uno de los ejemplos más claros de la influencia de China en el mundo y su disposición a jugar duro para recaudar ventajas en aras de su crecimiento geopolítico. Asimismo evidencia que para desarrollar la Iniciativa de la Nueva Ruta de la Seda, China recurre a manobras con exagerados préstamos para inversiones totales  mediante la trampa de la deuda, para los países vulnerables en todo el mundo, alimentando la corrupción y el comportamiento autocrático, útil para sus propósitos.

    Por ejemplo, durante las elecciones presidenciales de Sri Lanka de 2015, mucho dinero del fondo de construcción del puerto chino fluyó directamente a la campaña del destituido presidente  Rajapaksa, quien se alió a los esfuerzos de China para bloquear la influencia lejos de la India en el sur de Asia. Los pagos ilícitos fueron confirmados por periodistas internacionales.

     Los términos inicialmente moderados para los préstamos en el proyecto portuario fueron calculados en un billón de dólares, correspondientes a deudas para el proyecto del puerto, pero ahora esto es más caro. Sin embargo, Rajapaksa y sus asistentes ni los funcionarios chinos se han querido manifestar al respecto.

     Según el Ministerio de Finanzas de Sri Lanka se espera que en 2018,  su país genere 14.8 mil millones de dólares en ingresos, pero los pagos de deuda programados a diversos acreedores, ascienden a $ 12.3 mil millones, lo cual indica que el margen de maniobra para cubrir la deuda con China es casi nula, por ende era una necesidad impuesta ceder a China el control portuario de Hambantota, pero lo grave es que sigue pagando la deuda y los intereses de la deuda.

    Parecería ser  que China estuviera aplicando la premonición de John Adams, según la cual, una forma de subyugar a un país es a través de la espada o la deuda. Por su parte los altos funcionarios de India, temen que Sri Lanka tendrá tantas dificultades para pagar la deuda, que el gobierno chino podría suspender el alivio de la deuda y utilizar la fuerza militar para ocupar el puerto de Hambantota, aunque el acuerdo de arrendamiento final prohíbe la actividad militar allí sin la ayuda de Sri Lanka, pero en realidad eso no importaría a Pekín, que además tiene la capacidad y la posibilidad de hacerlo sin que nadie se lo impida.

    La relación entre China y Sri Lanka ha sido aceptable, debido a que Sri Lanka fue un temprano receptor del expansionismo del gobierno comunista de Mao después de la Revolución China. Pero fue durante un conflicto más reciente -la brutal guerra civil de 26 años de Sri Lanka contra los separatistas étnicos tamil- China se volvió indispensable para Sri Lanka, por el doble juego que allí realizó.

    Rajapaksa, quien fue elegido en 2005, presidió a Sri Lanka durante los últimos años de la guerra, cuando este país se aisló del resto del mundo a causa de acusaciones por violaciones de los derechos humanos. Bajo la mano férrea de Rajapaksa,  Sri Lanka dependió de la ayuda económica, el equipo militar de China y la cobertura política china en las Naciones Unidas para bloquear sanciones potenciales contra Sri Lanka.

    La guerra terminó en 2009, y cuando el país salió del caos, Rajapaksa y su familia consolidaron su poder. En el apogeo del mandato de Rajapaksa, el presidente y sus tres hermanos controlaban muchos ministerios del gobierno y alrededor del 80% del gasto total del gobierno. Y gobiernos cómplices con este régimen corrupto, como es el caso de China, negociaron directamente con ellos.

    En medio de ese escenario de corrupción  el presidente Rajapaksa, comenzó un nuevo y vasto proyecto de desarrollo portuario en Hambantota, su lugar natal, y debido a la corruptela que lo rodeaba, encontró pocos obstáculos en el camino.

    Desde el principio de la obra, los contradictores de Rajapaksa, cuestionaron la construcción de un segundo puerto importante, en un país del tamaño de Gran Bretaña y con una población de 22 millones de habitantes, porque el principal puerto de la capital del país en Colombo estaba prosperando y tenía espacio suficiente  para expandirse.

    La razón es simple: Los estudios de viabilidad comisionados por el gobierno habían concluido crudamente que un puerto en Hambantota no era económicamente viable ni necesario.

    Sin embargo, Rajapaksa dio luz verde al proyecto y hasta se jactó en un comunicado de prensa de que había desafiado toda precaución, y que China estaba a la cabeza del proyecto. La Autoridad Portuaria de Sri Lanka comenzó a diseñar lo que los funcionarios de Rajapaksa, aducían que era un plan cuidadoso y económicamente sólido en 2007.

    El primer gran préstamo que recibió el proyecto provino del Export-Import Bank del gobierno chino, o Exim, por valor de 307 millones de dólares. Pero para obtener el préstamo, se requirió que Sri Lanka aceptara a la empresa China Harbour, como el constructor del puerto, según un reporte elaborado por  la Embajada de los Estados Unidos de la época, que fue filtrado por WikiLeaks.

    Esa es una demanda típica de China para sus desarrollar proyectos de infraestructura en todo el mundo, en lugar de permitir un proceso de licitación abierto. Para el caso específico, en toda la región, el gobierno de Pekín está prestando miles de millones de dólares, siendo reembolsado con una prima para contratar empresas chinas y miles de trabajadores chinos. Además hubo otras condiciones asociadas al préstamo, como señal de que China concedió alto valor estratégico al puerto de Hambantota.

     Durante los años posteriores, los funcionarios chinos y la compañía del Puerto de China hicieron todo lo posible, para mantener relaciones fuertes con el presidente Rajapaksa, quien había consentido fielmente a tales términos.

    En los últimos meses de 2015 y con ocasión de la etapa previa a las elecciones de Sri Lanka, el embajador de China rompió las normas diplomáticas y presionó a los votantes, inclusive a los caddies en el principal campo de golf de Colombo, para que apoyaran a Rajapaksa, porque la oposición amenazaba con deshacer los acuerdos económicos con el gobierno chino.

    A medida que se acercaba el mes de enero de 2016 y por ende las elecciones, comenzaron a fluir dineros,  calculados en 7,6 millones de dólares  hacia el círculo político cercano al presidente Rajapaksa, enviados desde la cuenta de China Harbour en Standard Chartered Bank.

     Un documento filtrado a la prensa internacional por autoridades judiciales de Sri Lanka, detalla el número de la cuenta bancaria de China Harbour, cuya propiedad fue verificada, y la inteligencia obtenida de los interrogatorios de las personas a cuyos nombres se emitieron los cheques.

    Después de casi cinco años de expansión desmesurada de la Iniciativa de la ruta de la seda de China en todo el mundo, las autoridades chinas están tratando de evaluar cuántos acuerdos se han realizado y cuál podría ser la exposición financiera del país.

    Algunos funcionarios chinos se han preocupado de que el injerto casi institucional que rodea a tales proyectos, represente una responsabilidad para China y que desde luego, produzca rentabilidad.

    En Bangladesh, por ejemplo, los funcionarios dijeron en enero de 2018, que se prohibiría a China Harbour los contratos futuros por acusaciones de que la compañía intentó sobornar a un funcionario en el ministerio de carreteras, metiendo 100.000 dólares en una caja de té. Y la empresa matriz de China Harbour, China Communications Construction Company, fue prohibida durante ocho años en 2009 por hacer una oferta en proyectos del Banco Mundial debido a prácticas corruptas en Filipinas.

    Por esas razones, desde cuando se aceptó la toma del puerto en Sri Lanka, los funcionarios chinos han tratado de desviar la realidad afirmando que Belt and Road no es un compromiso abierto del gobierno para financiar el desarrollo en tres continentes.

     Aunque el puerto de Hambantota se abrió por primera vez de manera limitada en 2010, antes de que se anunciara la Iniciativa de la ruta de la seda, el gobierno chino rápidamente incluyó el proyecto en el programa global.

    Pero, el puerto marítimo no es el único gran proyecto construido con préstamos chinos en Hambantota, una zona escasamente poblada en la costa sudeste de Sri Lanka que todavía está invadida por la jungla. Un estadio de cricket con más asientos que la población de la capital del distrito de Hambantota marca el horizonte, al igual que un gran aeropuerto internacional, que en junio de 2018,  dejó de recibir el único vuelo comercial diario que le quedaba, cuando la aerolínea Fly Dubai finalizó la ruta. Además tiene una carretera que atraviesa el distrito y es utilizada por los granjeros para sacar el arroz recién sacado de sus arrozales, a menudo es invadida por elefantes.

     El tropicalismo dictatorial de Rajapaksa raya en la ridiculez. En 2009, el presidente Rajapaksa advirtió a sus funcionarios que su cumpleaños número 65 se acercaba, y para celebrar la ocasión, quería inaugurar el puerto de Hambantota, y anunció una ambiciosa expansión del mismos, 10 años antes de la fecha límite estipulada en el proyecto original que diseñó la Autoridad Portuaria de su país.

     Los trabajadores chinos trabajaron día y noche para preparar el puerto. Pero cuando los trabajadores que dragaron la tierra y luego la inundaron para crear la cuenca del puerto, no tuvieron en cuenta una gran roca que bloqueaba la entrada, impidiendo el ingreso de grandes barcos, como petroleros, en los que se basaba el modelo comercial del puerto.

     De todos modos los funcionarios de la Autoridad Portuaria avanzaron rápidamente para satisfacer la vanidad de Rajapaksa. Así El puerto de Hambantota abrió operaciones ficticias mediante una manipulada celebración el 18 de noviembre de 2010, día del cumpleaños de Rajapaksa.

    Solamente hasta un año después de la pomposa inauguración China Harbour destruyó la roca que bloqueaba el acceso al puerto, pero ese trabajo costó 40 millones de dólares, exorbitante precio que generó preocupaciones entre los diplomáticos y funcionarios del gobierno. Algunos especulaban abiertamente sobre si la compañía simplemente estaba cobrando de más o el precio incluía sobornos a Rajapaksa.

    En 2012, el puerto luchaba por atraer barcos, que en contraste preferían atracar cerca del puerto de Colombo, y al mismo tiempo los costos de construcción aumentaban a medida que el trabajo se dilataba.

    Para poner en marcha negocios allí, el gobierno de Rajapaksa decretó ese año que los barcos que transportaban las importaciones de automóviles con destino al puerto de Colombo descargarían su carga en Hambantota. En contraste, según un informe anual del Ministerio de Finanzas, solo 34 barcos atracaron en Hambantota en 2012, en comparación con 3.667 barcos que arribaron al puerto de Colombo.

    Pese al evidente fracaso económico y estratégico, Rajapaksa decidido a seguir expandiendo el puerto, recurrió de nuevo al gobierno chino en 2012, pidiendo un nuevo préstamo de 757 millones de dólares . Los chinos estuvieron de acuerdo otra vez. Pero los términos fueron mucho más estrictos.

    El aumento de la deuda y los costos del proyecto, inclusive cuando el puerto estaba en dificultades, dio a la oposición política de Sri Lanka poderosos argumentos para realizar una gran campaña mediática con acusaciones por las sospechas sobre las maniobras de China. En consecuencia, Rajapaksa perdió las elecciones.

    Al examinar los acuerdos financieros de Sri Lanka, el gobierno entrante, dirigido por Maithripala Sirisena, enfrentó una enorme deuda. Cuando Rajapaksa dejó el cargo, la deuda del país se había triplicado a 44.800 millones de dólares. Y para el año 2015, debían pagar 4.68 mil millones de dólares.

    El nuevo gobierno estuvo ansioso por reorientar a Sri Lanka hacia India, Japón y Occidente, pero pronto evidenció que ningún otro país podía llenar el espacio financiero o económico que China tenía en Sri Lanka.

    El Banco Central estimó que en 2017, Sri Lanka debía a China cerca de 3 mil millones de dólares, aunque otras instituciones internacionales de análisis financieros calculan la deuda en 5 mil millones y que estaba creciendo cada año. En mayo de 2017, Sri Lanka recibió un nuevo préstamo de 1.000 millones de dólares del Banco de Desarrollo de China para ayudarlo a pagar la deuda venidera. Es decir siguió hipotecada a China. Abrió un hueco para tapar otro.

    Los funcionarios del gobierno comenzaron a reunirse en 2016 con sus homólogos chinos para llegar a un acuerdo, con la esperanza de evitar el incumplimiento absoluto. Pero China exigió que una empresa china obtuviera a cambio una participación accionaria dominante en el puerto, porque  la deuda sin respaldo, no era una opción que China aceptaría.

     La opción para Sri Lanka, era decidir  cuál empresa estatal china asumiría el control del puerto de Hambantota: China Harbour o China Merchants Port. Al final, China Merchants obtuvo el contrato e inmediatamente presionó por más: los funcionarios de la compañía exigieron 15.000 hectáreas de tierra alrededor del puerto para construir una zona industrial.

     La compañía china argumentó que el puerto en sí no valía los 1.1 mil millones de dólares que pagaría por su capital, dinero que cerraría la deuda de Sri Lanka en el puerto. Algunos funcionarios del gobierno se opusieron a los términos, pero no hubo margen de acción.

     El nuevo acuerdo se firmó en julio de 2017 y entró en vigencia en diciembre del mismo año. El acuerdo dejó cierta apariencia de propiedad de Sri Lanka: entre otras cosas, creó una empresa conjunta para administrar las operaciones del puerto y recaudar ingresos, con un 85% de China Merchants Port y el 15% restante controlado por el gobierno de Sri Lanka.

     Pero según los abogados que se especializan en adquisiciones portuarias dijeron que la mínima participación de Sri Lanka significaba poco, dado el apalancamiento que China Merchants Port tuvo sobre el personal de la junta y las decisiones operativas. Así, el gobierno de Sri Lanka, no ejerce soberanía sobre el terreno  del puerto.

    Cuando el acuerdo se negoció inicialmente, quedó abierta la posibilidad si el puerto y la tierra circundante podrían ser utilizados por el ejército chino, razón por la que el gobierno de India pidió a Sri Lanka, que lo prohibiera explícitamente. El acuerdo final prohíbe a los países extranjeros utilizar el puerto con fines militares a menos que el gobierno lo autorice en Colombo.

    Sin embargo, hacia el final del mandato de Rajapaksa, en 2014, submarinos chinos atracaron en el puerto el mismo día que el primer ministro Shinzo Abe de Japón visitaba Colombo, algo que por lógica, se catalogó en toda la región como una señal amenazadora desde Pekín.

    Cuando el nuevo gobierno de Sri Lanka llegó a la presidencia, buscó garantías para que el puerto nunca volviera a recibir submarinos chinos, lo cual es preocupante porque son difíciles de detectar y, a menudo, se usan para la recolección de inteligencia, máxime que por carencia de equipos de alta tecnología, los funcionarios de Sri Lanka ejercen poco control real en sus aguas territoriales.

    La entrega de Hambantota a los chinos ha mantenido vivas las preocupaciones sobre el posible uso militar, en particular debido a que China ha continuado militarizando las propiedades de la isla en todo el Mar del Sur de China, a pesar de las promesas anteriores de no hacerlo.

    Los analistas de política internacional en la región advierten que el acuerdo excluye explícitamente el uso militar de China del sitio. Pero también señalan que el gobierno de Sri Lanka endeudado con China, podría ser presionado para que lo permita.

    Esta es una muestra fehaciente de la expansión geopolítica de China sin que ninguna otra potencia se lo impida.  

     

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     www.luisvillamarin.com

Luis Alberto Villamarin PulidoEl coronel Luis Alberto Villamarín es especialista en estrategia, defensa nacional y geopolítica, temas sobre los cuales ha escrito y publicado 35 libros y mas de 1500 artículos. En la actualidad se desempeña como presidente fundador del Centro de Geopolítica Colombia

 

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