Intención de la OTAN por mejorar su defensa con misiles, exacerba intención geopolítica expansionista de Rusia

Publicado: 2019-06-14   Clicks: 336

      Geopolítica internacional

       Antecedentes del problema

        En febrero de 2019, el presidente de Estados Unidos Donald Trump anunció al mundo, que el 2 de agosto del presente año, la Casa Blanca se retirará del tratado de misiles nucleares de rango intermedio conocido como Treaty INF (por las siglas en inglés de Intermediate-Range Nuclear Forces), al asegurar que durante los 31 años de vigencia del mismo, Moscú ha violado varias veces lo acordado, afirmación que fue respaldada por la OTAN.

       Como era de esperarse, el sorpresivo anuncio de Trump, desató todo tipo de preocupaciones en la Unión Europea, Rusia, China y en general en la comunidad de naciones, pues esto implica impredecibles ajustes en las capacidades de guerra nuclear de los países que poseen este tipo de armas de destrucción masiva.

      Este tratado, fue un acuerdo diplomático-militar con profunda incidencia geopolítica en la seguridad de Europa Occidental, firmado en Washington D.C. el 8 de diciembre de 1987 por Ronald Reagan, entonces presidente de Estados Unidos y Mijaíl Gorbachov, para la época, secretario general del partido comunista de la Unión Soviética.

     Nótese que el tratado INF fue firmado con la antigua Unión Soviética dos años antes de la caída del muro de Berlín, y aunque el nuevo orden mundial surgido a partir de ese momento, deshizo el bloque soviético, la letra y el espíritu de ese tratado, siguió vigente entre los gobiernos de Estados Unidos y la nueva Federación Rusa.

      En esencia el tratado INF acordó la eliminación conjunta de  los misiles balísticos y de crucero nucleares o convencionales, también denominados euromisiles de alcance medio y corto, cuyo rango operativo estuviera entre 500 y 5.500 kilómetros​, que en el año de 1987 estuvieran instalados por Estados Unidos en bases militares de Europa Occidental, y, en instalaciones militares de Europa Oriental dentro de los territorios cuyos países gravitaban bajo la órbita de la Unión Soviética, que por las continuas tensiones de la guerra fría, podrían ser usados para atacar a los países europeos miembros de la OTAN, tales como Alemania, Francia, Inglaterra y Noruega, cuyos territorios estaban expuestos al alcance de este tipo de misiles nucleares o convencionales.

       En ese orden de ideas, con el compromiso entre las partes para evitar en el futuro, la construcción de más misiles de corto alcance y medio alcance, e inclusive con el permiso para inspeccionar las instalaciones militares de la contraparte para comprobar los procesos de destrucción, el 1 de junio de 1991 fecha determinada en el tratado INF como límite para destruir estas armas específicas de los arsenales de las dos superpotencias, Estados Unidos destruyó 846 misiles y la Unión Soviética por su parte, destruyó 1846. En total fueron destruidos 2.692 misiles.

                ¿Cómo surgió el problema?

      Tras la caída del muro de Berlín y subsiguiente desintegración de la Unión Soviética, apareció en la arena política rusa, el exespía de la KGB Vladimir Putin, cuya fulgurante carrera política lo ha llevado a gobernar con mano de hierro a sus compatriotas, exteriorizar ambiciones geopolíticas expansivas al mejor estilo de la guerra fría (1945-1990) y mantener una fijación insoslayable por demostrar poderío militar de la Federación Rusa con armas de última generación, con el claro propósito de boicotear la enorme influencia geopolítica, económica y militar, que Estados Unidos ha venido ejerciendo en diversos puntos de los cinco continentes, a partir de 1945 cuando se consolidó como la nación más poderosa del planeta.

      Desde hace más de una década, con base ​​en información de inteligencia de múltiples agencias aliadas, los países de la OTAN han concluido en consenso que los misiles de crucero rusos con capacidad nuclear, representan una amenaza para la estabilidad y la paz de la Unión Europea. Es obvio, que estos misiles, podrían proporcionar a Moscú significativa influencia geopolítica basada en la amenaza latente del uso de la devastadora fuerza nuclear, para obligar a otros países a disminuir o ceder ante las demandas rusas durante eventuales crisis de seguridad, derivadas del estilo y las claras ambiciones militaristas de Putin, para anexar territorios y desafiar a Estados Unidos.

     La relación entre Rusia y los países de Occidente se ha deteriorado más desde 2014, cuando sucedió la ilegal anexión de la península de Crimea al régimen de Moscú. La desestabilización rusa en Ucrania, forzó a la OTAN a reforzar su frente oriental con nuevos despliegues de tropas y ejercicios militares, que obviamente no fueron del agrado del Kremlin, pese a que su gobierno acababa de vulnerar el derecho internacional expoliando territorio a otro Estado soberano.

Putin respondió a las maniobras estratégicas de la OTAN, con el despliegue de actualizaciones militares, incluyendo misiles de crucero SSC-8 con base en tierra que, según los analistas de inteligencia militar y los diplomáticos de Europa Occidental, violaron el tratado I.N.F.

     De remate, la interferencia electoral del gobierno de Rusia en las elecciones presidenciales de Estados Unidos en 2016, su cuestionada intervención en Siria para apoyar con bombardeos aéreos la carnicería de Bashar Al Assad contra su propio pueblo y el intento de envenenamiento de un ex oficial de inteligencia ruso en Gran Bretaña, aumentaron aún más las tensiones geopolíticas en Eurasia.

      El complejo panorama de seguridad en Europa debido a la agresividad militarista de Putin, se nubla más debido a que la doctrina militar rusa, se centra cada vez más, en utilizar ataques nucleares limitados para finalizar rápidamente cualquier conflicto potencial, a favor de Moscú. Entre tanto, el uso de armas nucleares en un campo de batalla es impensable para los estrategas europeos y ha inducido que algunos funcionarios de la OTAN, estén dispuestos a examinar la escasa posibilidad de usar con éxito, el sistema de defensa de misiles existente para defenderse contra Rusia. Por lo tanto, "Queremos asegurarnos de que los rusos no quieran ejercer un chantaje nuclear, y la defensa con misiles es la manera de eliminar esa intimidación, para disuadirla", dijo Jim Townsend, ex funcionario del Pentágono y experto en la OTAN.

       Escenario actual del problema

       En consecuencia, cualquier movimiento de la OTAN para reorientar su defensa con misiles o expandir su sistema con nuevas capacidades, podría ser un punto de inflexión, con impredecibles consecuencias, máxime que los rusos nunca han creído al OTAN, que su sistema interceptor de defensa, no se usaría para derribar misiles rusos. Y como si fuera poco, en otra salida muy propia del estilo comunista de negociar que heredó Putín de la KGB, sin reconocer que su gobierno ha sido el agresor y por el contrario autodenominándose víctima, considera que el legítimo sistema de la OTAN, sigue siendo una agresión contra Moscú, e inclusive sin ruborizarse, cuestionó por qué aún lo necesita la OTAN, si Irán acordó en 2015 detener su programa de enriquecimiento nuclear. De contera, Putin amenazó con dirigir misiles rusos contra los sitios donde están instaladas las baterías interceptación de misiles instaladas por la OTAN en Rumania y Polonia.

      Frente a la compleja situación geopolítica y de seguridad del viejo continente en el sector de Europa Occidental, tradicional aliada de Estados Unidos, a finales de junio de 2019 los ministros de defensa de la OTAN, aprobaron un examen de las posibles respuestas al despliegue ruso de los misiles de crucero SSC-8, incluyendo el incremento de los ejercicios militares de disuasión existentes y la divulgación de los ejercicios nucleares de la alianza, que por su naturaleza son secretos.

      Algunos funcionarios de la OTAN piensan que atraer más atención a los ejercicios nucleares aliados y al arsenal ayudaría a disuadir el uso de Moscú de sus propias armas. "Sería un punto de no retorno para los rusos. Sería una verdadera escalada". dijo Townsend.

        Es apenas obvio de inferir, que las fuerzas militares de la OTAN están explorando la posibilidad de mejorar sus equipos para tener la capacidad de derribar los misiles nucleares rusos de rango intermedio recién desplegados en la zona, tan pronto se haya disuelto el tratado INF.

      Pero como en la alta política internacional suelen ocurrir divergencias derivadas de los puntos de vista de los gobiernos relacionados con un problema, y aunque los embajadores de la OTAN harán un último intento para empujar a Rusia a retirar los nuevos misiles de crucero y revivir el tratado INF, cualquier cambio en la misión declarada del actual sistema de defensa de misiles de la OTAN, dirigida a contrarrestar amenazas provenientes desde fuera de la región, (como sería el caso de Irán), probablemente dividiría a los países miembros de la alianza y enfurecería a Rusia, que desde hace mucho tiempo dice que ve el sitio de defensa de misiles de la OTAN en Rumania y el que está en construcción en Polonia, como amenazas contra su arsenal nuclear y fuentes de inestabilidad en Europa.

       Es preciso aclarar, que las discusiones sobre nuevas medidas de defensa de misiles por parte de la OTAN, se encuentran en sus primeras etapas. Su portavoz Oana Lungescu, negó que se estuvieran realizando estudios sobre la posibilidad de mejorar las ofensas de misiles balísticos y adujo, que la OTAN había dejado en claro en repetidas ocasiones que el sistema de defensa de misiles balísticos existente "no está diseñado ni dirigido contra Rusia".

       En contraste sin revelar detalles, Jens Stoltenberg secretario general de la OTAN, anunció que la alianza estudia proyectos para instalar nuevas defensas anti-aéreas y contra misiles. Por lo tanto, dada la creciente amenaza de los misiles de crucero rusos contra Europa Occidental, se espera que los miembros de la OTAN ordenen a los 29 países que integran la alianza, estudiar opciones de defensa, ya sea después de la reunión de ministros de defensa del próximo octubre, o durante la cumbre de líderes en diciembre de 2019.

       Sin embargo, algunos funcionarios creen que si el tratado INF finaliza en agosto de 2019, los aliados estarán dispuestos a examinar las opciones, con mentes abiertas para asumir un compromiso que introduciría nuevos sistemas para defenderse contra los misiles crucero rusos, porque los países de Europa del Este, en particular Polonia, además de los países bálticos, se sienten amenazados por el bullying nuclear proveniente de Moscú y ansían ver a la OTAN desarrollando defensas efectivas contra la real amenaza rusa.

       Desde luego, la OTAN requiere examinar con mayor amplitud los sistemas de defensas requeridos para neutralizar los misiles de crucero. Tal trabajo, si se aprueba este año, incluiría explorar si puede mejorar su radar Aegis Ashore y sus sitios de intercepción en Rumania y Polonia, y buscar nuevas capacidades de radar o defensa aérea contra los misiles de crucero SSC-8 de fabricación rusa.

        Aunque la Agencia de Defensa de Misiles de Estados Unidos tiene algunos criterios claros acerca de cómo podrían actualizarse los sistemas de defensa de misiles Aegis Ashore existentes, con la inserción de un nuevo radar, software e interceptores que les permitirían atacar misiles balísticos intermedios y potencialmente a misiles de crucero, por la naturaleza de los procesos, sería compleja la actualización de las capacidades de defensa de misiles balísticos existentes, incluidos los dos sitios Aegis en tierra.

       Basta con decir, que los sistemas Aegis de la OTAN instalados en Rumania y Polonia carecen de la capacidad real para neutralizar misiles de alcance intermedio. De remate, debido a la cercanía geográfica de las bases misileras de la OTAN con la frontera rusa, estos sistemas tienen mucho menos tiempo para detectar, bloquear o intentar interceptar los misiles tipo crucero SSC-8.

       Teniendo en cuenta que las defensas de misiles balísticos interceptan misiles en la atmósfera alta, mientras que los misiles de crucero vuelan relativamente cerca de la superficie terrestre, de acuerdo con el concepto de los expertos en el tema, esa actualización requiere el empleo de tecnologías avanzadas, tales como los proyectiles de alta velocidad y láseres de energía dirigida, que a largo plazo, pueden proporcionar mejor defensa.

      En ese orden de ideas, puede resultar más aceptable políticamente, implementar nuevos sistemas para defenderse de una amenaza de misiles de crucero, en lugar de mejorar la defensa de misiles balísticos existente. En ese caso, según Bruno Lété, analista de defensa en la oficina de Bruselas del Fondo Marshall Alemán de Estados Unidos. "Si la OTAN va a actualizar sus sistemas, puede socavar su afirmación de muchos años de que los lanzadores nunca tuvieron la intención de contrarrestar a Rusia"

      Los diplomáticos estadounidenses han centrado esfuerzos en el intento de disuadir a los rusos de utilizar misiles de alcance intermedio, desarrollando rápidamente sus propios misiles de crucero lanzados desde tierra, porque esta clase de misiles está prohibido en el tratado la I.N.F.  Por otra parte, algunos miembros de la OTAN se oponen al despliegue de nuevas armas ofensivas, e inclusive se ventila la información que los planificadores de la OTAN, no esperan una directiva para agregar capacidades ofensivas, sino instrucciones para incrementar medidas defensivas.

     Desde abril de 2019, el sitio de Aegis en Rumania ha estado experimentando una actualización. Los funcionarios dijeron a la prensa internacional, que este mantenimiento técnico fue algo planeado durante mucho tiempo y que esta labor no implica recalibrar el sistema.

     Empero, si la alianza quiere contrarrestar los misiles de crucero rusos, podría tener más sentido implementar nuevas tecnologías como láseres de energía dirigida, microondas o medidas de guerra electrónica, aseguró  Mark Gunzinger, analista del Centro de Evaluación Estratégica y Presupuestal de la OTAN, y agregó: "Hemos invertido en defensas de misiles balísticos, pero, francamente, la amenaza de los misiles de crucero es una amenaza creciente y simplemente no hemos desplegado las capacidades para enfrentarlo. Inclusive, si la alianza opta por no mejorar sus sitios Aegis en tierra, las nuevas armas de Rusia, forzarán las circunstancias a desplegar nuevas defensas aéreas y de misiles. Sin ellos, sería difícil reforzar sus tropas de primera línea durante un conflicto. Disuadir a Rusia va a tomar una postura diferente en Europa. Se necesitarán defensas aéreas y de misiles para contrarrestar sus salvas, se necesitarán capacidades de guerra electrónica, se necesitará un ataque de precisión de largo alcance"

     En síntesis, mientras a diario China construye una poderosa estructura militar que mantiene oculta y sin alardear de su potencial, al mismo tiempo que desarrolla un ambicioso proceso de expansión geopolítica basada en su poderío económico controlado por el partido comunista chino; el estilo heredado de la KGB y el no cerrado sueño de Putin de ubicar a Rusia en el punto alto de la influencia geoestrategia mundial, ha puesto en vilo la seguridad de Europa, el riesgo de que no se prolongue el tratado de misiles nucleares de rango intermedio conocido como Treaty INF, con la obvia proliferación de armas de ese tipo y los riesgos de que Irán haga uso de los mismos contra Europa, Israel o Estados Unidos, con las impredecibles consecuencias que eso traería.

     Para quienes creían que la guerra fría era asunto del pasado, la realidad indica que no es así, y que aparecen sobre la mesa nuevos retos para los diplomáticos y los líderes políticos de las potencias, que como siempre tienen la última palabra al respecto.

     Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

     Especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional. Autor de 35 libros sobre estos temas

     www.luisvillamarin.com

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