¿Hay guerra fría Estados Unidos-China, similar a la de Moscú-Washington (1945-1990)?

Publicado: 2021-10-19   Clicks: 594

     Geopolítica de Estados Unidos

      Desde cuando se incrementó la guerra comercial entre China y Estados Unidos, no pasa un solo día sin que los medios de comunicación internacionales publiquen preocupantes noticias acerca de las tensiones entre las dos superpotencias, los analistas geopolíticos presenten escenarios de conflicto y solución, y los críticos afirmen que ya hay una guerra fría entre Washington y Pekín, que por no ser solamente militar, sino comercial, tecnológica, ciberespacial y de desarrollo científico, se trataría de una “nueva forma de guerra fría”.

      Al abordar el tema, surgen muchas razones para decir que se trata de una guerra fría integral, y otras tantas, para contrarrestar esta tesis y presentarla como un reacomodo pacífico de coexistencia en competitividad.

      El siguiente análisis presenta algunos escenarios para dilucidar mejor el tema:

      Hechos recientes como las incursiones militares de China Comunista en la zona aérea de Taiwán, la expansión del programa espacial chino, al lanzar tres astronautas más a su estación espacial, la aceleración de pruebas de misiles hipersónicos destinados a derrotar las defensas de misiles estadounidenses; y la liberación de un alto ejecutivo de Huawei a cambio de la liberación de dos canadienses y dos estadounidenses, mediante un acuerdo diplomático que semejó un intercambio de prisioneros, son hechos tangibles que plantean dudas razonables, frente a la conducta de Pekín que podría indicar una nueva mentalidad peligrosa.

      Aunque el presidente Joe Biden insistió en la cumbre de Naciones Unidas de septiembre de 2021, que "no estamos buscando una nueva guerra fría o un mundo dividido en bloques rígidos", sus reiterados discursos acerca de una lucha generacional entre "autocracia y democracia" evocan la tensión política, ideológica y militar de las décadas de 1950 y 1960.

      Pero determinar si esto es una Guerra Fría, o algo muy diferente, el escenario aumenta acechanzas alrededor de crecientes tensiones sobre estrategia económica, competencia tecnológica y maniobras militares, submarinas, en el espacio y en el ciberespacio.

      Recientemente Kevin Rudd, ex primer ministro australiano y experto en China, comentó a un medio de noticias alemán que “la guerra fría entre Pekín y Washington es probable y no solo posible”. Tales comentarios alborotaron a altos funcionarios de la Casa Blanca, quienes pronto acudieron a silenciar tales comparaciones, aunque reconocen, que China es un adversario estratégico mucho más fuerte que la Unión Soviética, puesto que articula una amenaza tecnológica, una amenaza militar, y es un poderoso rival económico de los estadounidenses.

      Se sobrentiende que una guerra fría afecta por parejo a los bandos comprometidos en ella. Pueden exagerar la versión del conflicto, convencidos de que son parte de una lucha más amplia. Pueden perder oportunidades de cooperación, como sucedió entre Estados Unidos y China durante la batalla contra Covid-19, y aún pueden hacerlo en el clima.

      En respuesta a los desafíos misileros realizados de Corea del Norte instigada por China, la amenaza china de atacar a Taiwán y la continuidad de la geopolítica expansiva de Pekín, la Casa Blanca anunció que proporcionará tecnología de submarinos nucleares a Australia, con la perspectiva de que sus submarinos puedan aparecer a lo largo de la costa china, sin ser detectados por los servicios de inteligencia adversarios.

      De inmediato los analistas internacionales recordaron al mundo, que la última vez que Estados Unidos compartió con un aliado ese tipo de tecnología fue en 1958, cuando Gran Bretaña adoptó reactores navales como parte del esfuerzo integral de Occidente, para contrarrestar la expansión de arsenales nucleares de la Unión Soviética.

      Pocos días antes del anuncio del acuerdo con Australia, algunas fotografías satelitales filtradas a los medios de comunicación, revelaron la existencia de nuevos campos de misiles nucleares chinos. Frente a esa realidad, el gobierno estadounidense se pregunta si el presidente chino Xi Jinping abandonó seis décadas de la estrategia china de "disuasión mínima", a riesgo de desatar una nueva carrera armamentística.

      En medio de tantas tensiones geopolíticas, el reiterativo anuncio del ciberconflicto y el robo de tecnología fue uno de los factores tenidos en cuenta para que la Agencia Central de Inteligencia (CIA) anunciara que creó un nuevo centro de misión en China, para enfrentar “la amenaza geopolítica más importante que enfrentamos en el siglo XXI, proveniente de un gobierno chino cada vez más adversario".

     Algunos asesores de Biden dicen que comparar la guerra fría soviético-americana con lo que actualmente sucede con China, es la forma incorrecta de enmarcar lo que está sucediendo, y que el uso del término puede convertirse en una profecía autocumplida.

     En cambio, argumentan que debería ser posible que las dos superpotencias compartimenten, cooperen en la atención al cambio climático y contengan el arsenal de Corea del Norte, inclusive mientras compiten en tecnología y comercio, o compiten por conseguir ventajas geoestratégicas en el Mar de China Meridional y alrededor de Taiwán.

     En cabeza de Biden, cuya política exterior aún no es clara, puesto que no hay una instrucción diplomática donde las palabras se midan con más cuidado que cuando se habla de las relaciones con Pekin; la Casa Blanca es reacia a etiquetar a este enfoque de múltiples niveles.

     Hasta ahora, sus acciones se parecen cada vez más a las de suponer un mundo de coexistencia competitiva, un poco más vanguardista que la coexistencia pacífica que el líder soviético Nikita S. Krushchev utilizó para caracterizar la vieja Guerra Fría.

     Coincidencialmente, después de reunirse en Suiza con Jake Sullivan, asesor de seguridad nacional del presidente Biden, el máximo funcionario diplomático de China dijo que su gobierno se opone a calificar como "competitiva" la relación entre Estados Unidos y China

       En los escenarios prácticos de la geopolítica, los profundos vínculos entre las dos economías, las dependencias mutuas de la tecnología, el comercio y los datos que saltan al Pacífico en milisegundos en las redes controladas por Estados Unidos y China, nunca existieron durante la Guerra Fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética (1945-1990).

     El Muro de Berlín delimitó una línea clara entre las esferas de influencia, la libertad y el control autoritario, pero también detuvo la mayoría de las comunicaciones y el comercio. Tan pronto cayó el muro en 1989, Estados Unidos exportó cuatro mil trescientos millones de dólares en bienes a los soviéticos e importó 709 millones de dólares, una diferencia trascendente para ambas economías a comienzos de la década de 1990. La actual relación comercial con China es diferente.

      En el enfrentamiento comercial entre las dos superpotencias actuales, todas esas líneas se difuminan, con los equipos de Huawei y China Telecom ejecutando en territorio de las naciones de la OTAN, la aplicación TikTok de propiedad china activa, en decenas de millones de teléfonos estadounidenses.

       Asimismo, Pekín está preocupado por la restricción de Occidente sobre la venta de semiconductores avanzados a China, podría paralizar a algunas empresas comerciales que son nacionales, incluido Huawei.

      En contraste, inclusive en medio de la pandemia del Covid 19 y amenazas de "desvinculación", en 2020 Estados Unidos exportó 124 mil millones de dólares en bienes a China e importó 434 mil millones de dólares. Ese desbalance comercial convirtió a China en el mayor proveedor de bienes de Estados Unidos, y en el tercer mayor consumidor de sus exportaciones, después de Canadá y México.

Lo anterior supondría que asumir como única definición de guerra fría el modelo soviético-estadounidense es una visión optimista, pero a la vez ingenua y equivocada.

      Dentro de esa lógica, algunos funcionarios de la Casa Blanca argumentan que la nueva dinámica no se define en gran medida por un enfrentamiento nuclear, o por una lucha ideológica en la que solo un lado puede prevalecer, pero en la práctica ambas potencias la están enfocando de esa manera, y la política internacional dificulta imaginar cómo evitar que se convierta en una guerra fría declarada.

     Por otra parte, en los debates parlamentarios en Washington, uno de los pocos temas que carece de las consuetudinarias divisiones partidistas en el Congreso es el espectro mundial de la competencia china, en áreas tan cruciales como los semiconductores, la inteligencia artificial y la computación cuántica. Por tal razón, el “proyecto de ley de China” fue aprobado por el senado estadounidense mediante una votación bipartidista coincidente.

     Aunque pocos congresistas en el capitolio quieren pronunciar las palabras, el proyecto de ley equivale a política industrial, un concepto que en otra época fue polémico en Washington y que ahora apenas se debate, gracias al espectro de la abrumadora competencia comercial china.

      Tal como fue aprobado el proyecto de ley del Senado, ofrece 52 mil millones de dólares para expandir la fabricación nacional de chips, mucho más allá de lo que Estados Unidos consideró cuando luchó contra el dominio tecnológico de Japón en la misma industria, hace más de tres décadas. En el siglo XXI, la participación de Japón en las ventas globales de chips ha disminuido a alrededor del 10%, y ya no es preocupación preponderante para la industria estadounidense.

      En síntesis, aunque las dos potencias no definen a estas tensiones como una guerra fría, a menudo se comportan como si ya estuvieran inmersos en ella, con consecuencias impredecibles, pue son muchos los componentes de las actuales tensiones y varios los escenarios de conflictos, que pudieran acelerarla por accidente, con consecuencias impredecibles.

      Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

      Autor de 39 libros de geopolítica, estrategia y defensa nacional

      www.luisvillamarin.com

 

 

 

 

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