Apasionamiento contra Trump resta credibilidad a las acusaciones y puede desembocar en mas violencia mutua

Publicado: 2021-01-12   Clicks: 375

      Geopolítica de Estados Unidos

      Si bien es cierto que el señor Trump es el primer y principal responsable de la crítica situación a la que llegó su deseada continuidad en la Casa Blanca, también es cierto que el odio, las pasiones, y la ira están primando en las decisiones de la dirigencia demócrata para abortar el proceso de acusación formal, más con la intención de causarle muerte política, que de sancionar su conducta en torno a los lamentables sucesos del 6 de enero de 2021.

       En contraste con la actitud conciliadora y reposada de Biden, la señora Pelosi ha encabezado desde el Congreso una apasionada reacción personal que instala de inmediato, la neblina a la que se refirió Clausewitz, cuando analizó las etapas complejas de la guerra; neblina que impide la visión sobre el teatro de operaciones e induce a decisiones inadecuadas.

       El quid del asunto no es si Trump es culpable o no, pues eso lo determinará justicia estadounidense, muy seria, por cierto. El punto grave es que la obsesiva polarización hace perder la sindéresis y canaliza sentimientos hacia escenarios de retaliaciones mutuas, acusaciones temerarias, especulaciones y la muerte absoluta de la verdad.

       Perdida la verdad y posicionadas las pasiones, tan letales en todas las etapas de la historia de la humanidad, las masas que son irredentas y amorfas al decir de Ortega y Gasset, reaccionan por instintos colectivos, por marejadas publicitarias, por emociones reprimidas, por deseos de venganza, por retaliaciones, por afectos… Todo menos que por racionalidad.

       18 años de la Guerra contra el TerrorVistos sin sesgos los hechos, que han llevado a la democracia mas sólida del mundo al crispante estado de guerra de nervios, mutua entre ambos partidos; resulta ser igual de grave, que se llegara a probar en estrados judiciales que Trump efectivamente incitó o envió a los vándalos a destruir la sede del congreso y demás acusaciones periodísticas que se le hacen, como resultaría igual de nefasto, instigar la creciente polarización que se estaría instigando desde las toldas demócratas, persiguiendo a Trump, a sabiendas de que obtuvo cerca de 75 millones de votos, dentro de los cuales hay algunos sufragantes con visión radical y con instintos violentos.

       La irresponsabilidad mutua de demócratas apasionados contra Trump y de este mandatario induciendo a acciones fuera de los marcos de la corrección política, no solo son desacertados de ambos lados, sino que multiplican las posibilidades de violencia mutua, en un país donde hay millones de armas de fuego en las casas, en medio de un estrés fatigante de pandemia, limitaciones económicas y fanatismos parejos en ambas colectividades.

       Pero hay algo más: Si las dos candidaturas se caracterizaron por la pobreza estructural para presentar asuntos programáticos, es igual de preocupante, la desmedida actitud partidista que han asumido periodistas y presentadores de noticias en emisoras, cadenas de televisión, periódicos, revistas, internet y redes sociales.

        Es muy poco serio y carece de credibilidad, un periodista que utilice los micrófonos o las cámaras, no para informar o analizar sino para asumir posiciones personales fanáticas, descalificando al militante político del bando contrario, utilizando adjetivos o términos peyorativos contra el presidente de la Unión americana, e invitando a sus programas a “analistas”, que en lugar de analizar, hacen proselitismo politiquero al gusto de quien los invita.

         Una cosa es la libertad de opinión que concede la gran nación a sus ciudadanos, residentes y moradores habituales, pero otra bien diferente es la ramplonería, la falta de foco, y la tendencia generalizada a incendiar a los seguidores de uno u otro bando, aumentando las cortinas de humo sobre la ya existente neblina…

        Y todo eso, quizás porque ni siquiera nazca tal idea a esos “periodistas”, sino por hacer un mandado a los dueños de las cadenas, quienes pasada la tormenta, con facilidad los pueden sacar de esos puestos. Muerto el rey, viva el rey, dice un antiguo adagio peninsular.

         La falta de sindéresis, las acusaciones temerarias, las agresiones verbales desde los micrófonos o las cámaras multiplicando los deseos personales del ala radical de los demócratas contra Trump, o incitando a la violencia callejera por la terquedad de Trump que no acepta su derrota, es mucho más grave e impredecible de lo que parecería.

         La situación puede empeorar dramáticamente, si apasionados demócratas de alto nivel, los violentos seguidores de Trump, los periodistas sesgados sin medir consecuencias y los “analistas” que siguen en campaña política y hablan con lo que les dictan las vísceras y no el cerebro.

       Ni Trump, ni los demócratas que lo acusan de lo divino y lo humano son santos impolutos. En ese sentido, sería mejor y más provechoso, que los periodistas no hicieran juego a esas pasiones banderizas, que informaran y que dejaran a sus audiencias, que ellas se formen los propios juicios. No se apaga el fuego vertiendo gasolina sobre el incendio, ni pretendiendo dignidades de vitrina, ni falsas modestias llenas de pasiones politiqueras y demagógicas.

Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Autor de 38 libros de estrategia, defensa nacional y geopolítica

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