1979-2109: Cuarenta años de cambios geopolíticos en el orden mundial

Publicado: 2019-07-21   Clicks: 228

      Geopolítica internacional

     Con excepción de la apertura diplomática con China en 1972, los acuerdos paz en Camp David entre Israel y Egipto, la firma de los tratados de limitación de armas estratégicas SALT I y SALT II[1], y algunos viajes espaciales posteriores al alunizaje de Neil Armstrong, la década de los años 1970 fue compleja para el desarrollo de la política interna y la proyección geopolítica externa de Estados Unidos.

     Los problemas que tuvieron al poderoso país en la sinuosidad que opacaba el lustre de las décadas de 1950 y 1960 fueron concretos. Así lo demuestran casos específicos como el famoso Watergate[2] de espionaje oficial a la campaña política adversaria, en el preciso momento que el fracaso estadounidense en la guerra de Vietnam, creaba un síndrome en la opinión pública estadounidense y obligó a la ruidosa renuncia de Richard Nixon[3]. Dichos sucesos, se agregaron con especial incidencia a la ascensión al poder del demócrata Jimmy Carter, mandatario muy cuestionado por su laxitud frente a los enemigos del capitalismo y en general de su país.

     En 1979 durante el tercer año del mandato de Jimmy Carter, ocurrieron en tres continentes diferentes, tres sucesos relacionados con la guerra fría y el terrorismo islámico, que por su naturaleza inciden 40 años después en el actual orden mundial, tales como: el término de la guerra fría Estados Unidos-Unión Soviética en 1990, reasunción de Rusia como potencia, constante crecimiento de la amenaza iraní, posicionamiento geopolítico de China, y para colmo de preocupaciones, transición del terrorismo islámico de una amenaza puntual contra Israel, en un movimiento mundial de yihadistas dispuestos a inmolarse en nombre de las doctrinas extremistas del islam, en cualquier lugar del mundo.

      Los tres hechos puntuales ocurridos en 1979 cuya trascendencia geoestratégica tiene relación con otras complejidades geopolíticas de 2019, son: El derrocamiento del régimen de Anastasio Somoza el 20 de julio de 1979, por parte de las guerrillas comunistas financiadas por la Unión Soviética y Cuba; el triunfo de la revolución del ayatola Jomeini en Irán y la toma violenta con el secuestro del cuerpo diplomático en la embajada de Estados Unidos en Teherán perpetrado por seguidores de la teocracia fundamentalista, el  4 de noviembre de 1979  y la invasión de tropas soviéticas a Afganistán ocurrida el 26 de diciembre de 1979.

      Cada uno de estos hechos incidió en la geopolítica mundial y por ende en los movimientos pendulares de la paz y la guerra. Por ejemplo, durante el gobierno del republicano Ronald Reagan (1981-1989) sucesor de Jimmy Carter (1977-1981), y después de solucionada la crisis de rehenes en la embajada estadounidense en Teherán que demoró 444 días gracias a una cuestionada negociación luego de un estruendoso fracaso en un intentado rescate[4]; la Casa Blanca se vio envuelta en un escándalo político internacional, más conocido como el Irangate o el caso Irán-Contras.

       El problema consistió en que los adversarios políticos de Ronald Reagan destaparon una compleja y fraudulenta transacción de armas por dinero, realizada por la CIA con el gobierno enemigo de Irán, y con esos dineros financiaron parte de la guerra de guerrillas de las fuerzas contra-revolucionarias de derecha, que pretendían deponer al régimen sandinista[5].

       Finalmente el primer régimen comunista en territorio continental latinoamericano fue derrotado en las urnas, pero esto no resolvió el problema socio-económico y político de Nicaragua, ni la relación de los partidos comunistas con los grupos terroristas de orientación marxista-leninista apadrinados por la dictadura cubana que delinquen en la región.

       Entre tanto, la teocracia iraní se fortaleció y con la ayuda soviética e inclusive con la venta de armas israelíes, sostuvo una sangrienta guerra de ocho años contra su vecino Irak, con la circunstancia agravante para la proyección geopolítica de Estados Unidos, que la teocracia chiita de Teherán se fortaleció en todos los campos del poder, inició su propio proyecto nuclear, desplegó la milicia terrorista de Hizbolá hacia El Líbano con el fin de asediar al odiado enemigo sionista de Israel, desató la desaforada guerra fría contra Arabia Saudita y comenzó la búsqueda de la construcción de un arco geoestratégico chiita en el Medio Oriente.

       Por su parte, la inmersión de tropas soviéticas en Afganistán para sostener un régimen comunista y apropiarse del estratégico país en Asia Central, se convirtió en un bumerán para Moscú, pues ya en el teatro de operaciones se sometieron a una costosa y cruel guerra de desgaste, razón por la cual se afirma que los rusos encontraron su propio Vietnam, en las desérticas montañas afganas.

        Parte de la explicación de la estruendosa derrota militar de las tropas soviéticas en Afganistán, se explica en que debido a que Afganistán es un país musulmán, cualquier agresión en su contra demandaba la solidaridad religiosa y de guerra santa contra los invasores.

       Estado Islámico-ISISLa CIA que para la época contaba con el fluido apoyo de la monarquía saudita para actuar sobre cualquier objetivo que interfiriera con los intereses geopolíticos de la Casa Blanca, se escudó el argumento de la solidaridad musulmana para hacer un fondo común con el Reino Unido, Australia y Arabia Saudita, con el fin de financiar a los muyahidines afganos y los llegados de todos los países musulmanes, a conducir una sangrienta guerra de guerrillas contras las fuerzas regulares de infantería, caballería y blindados de la Unión Soviética.

       En este evidente conflicto armado de la guerra fría entre soviéticos y estadounidenses en territorio afgano, ninguna de las dos potencias evidenció que estaban creando un Frankenstein. Los soviéticos perdieron la guerra contra los muyahidines y tuvieron que retirarse desmotivados, de la misma manera que unos años antes las tropas estadounidenses salieron desmoralizadas de Vietnam.

         Por su parte, la Casa Blanca experimentó el Frankenstein por ellos creado, con el desencanto que los muyahidines dieron paso a los talibán o estudiantes del Corán, que por medio del terror y la coacción colectiva impusieron a comienzos de la década de 1990 en Afganistán un régimen medieval de gobierno sunita extremista, que solo fue reconocido por Pakistán y Qatar, que impuso por la fuerza los dictados de la Sharia o ley islámica.

         Al mismo tiempo, el recién instaurado régimen talibán afgano abrió espacio en su territorio, para que el millonario saudita Osama Bin Laden, organizara en las montañas afganas una serie de campamentos de instrucción militar y religiosa, donde se entrenaron cerca de un millón de yihadistas de la organización Al Qaeda que en árabe significa la base, y en este caso la base de una revolución islámica extremista en el mundo entero. Para el efecto la mayoría de las 150.00 células entrenadas en Afganistán regresaron a sus países de origen. Unas con la misión de combatir o inmolarse, pero la mayor parte de ellos con la misión de reclutar nuevos adeptos y formar sistemáticamente nuevas células yihadistas en los cinco continentes.

         Y como si esto fuera poco, gran parte de los dineros para gastos de inteligencia, entregados por Estados Unidos a los servicios de inteligencia pakistaní (ISI), para que financiaran la guerra de los muyahidines contra los soviéticos en Afganistán, o terminaron en los bolsillos de  inescrupulosos agentes de inteligencia en Islamabad, o en las arcas de los yihadistas de Al Qaeda, que ya habían jurado atacar y destruir, todos los objetivos políticos, sociales, económicos, culturales y religiosos de interés para Estados Unidos y Occidente[6].

       Pese a que los servicios de inteligencia de Estados Unidos habían detectado las actividades subversivas y terroristas de Osama Bin Laden, después de haberle financiado su cruzada contra los “infieles soviéticos”, no dieron la trascendencia a las advertencias del jefe terrorista, consignados en diversas fatwas o decretos islámicos, en las que advertía que primero derrotarían a los soviéticos y luego atacarían a los infieles occidentales, cuyas acciones políticas e invasoras en el sagrado suelo del islam, deberían ser retaliadas.

       Geopolítica del Terrorismo Islámico  Como consecuencia directa o indirecta de los tres grandes sucesos geopolíticos de 1979, la dinámica del orden mundial de las dos siguientes décadas, escenificó otros conflictos en los cuales el yihadismo sunita y la progresión chiita de Hizbolá se fueron posicionando en diversos lugares del planeta, sin que a la fecha, todos los Estados afectados tengan unidad de criterios geopolíticos y de seguridad nacional para combatir, lo que Estados Unidos denominó la guerra contra el terror.

        A manera de ejemplo, la guerra en los Balcanes que a finales del siglo XX y comienzos del siglo XXI desarticuló la antigua federación yugoslava, Osama Bin Laden envió muchos yihadistas a combatir contra las milicias cristianas en la convulsa región[7]. Muchos de ellos habían combatido como muyahidines en Afganistán contra los soviéticos, o participado en algunas acciones terroristas en Norte de África, Medio Oriente y Europa. El Frankenstein crecía geométrica y matemáticamente, al tiempo que los talibán legitimaban una forma del soñado califato sunita, pero ni los organismos de inteligencia, ni los medios de comunicación, ni la academia dieron los niveles de trascendencia requeridos a la evidente amenaza.

        Esta es otra enseñanza geopolítica acumulada a lo largo de la historia. Cuando un vecindario se incendia o es afectado por una guerra, es necesario preparar las defensas, porque de no hacerlo, los efectos posteriores podrían resultar nefastos. Así ocurrió con los ataques terroristas de Al Qaeda contra el USS Cole en Yemen, y las embajadas en Tanzania y Kenia; con la circunstancia agravante que como consecuencia de la inmoralidad política y personal del entonces presidente estadounidense Bill Clinton (1993-2001), quien para evitar ser destituido por mentir ante el congreso y el país, como consecuencia de un lío amoroso con Mónica Lewinsky una becaria de la Casa Blanca, ordenó bombardear un “campamento terrorista” de Al  Qaeda en Afganistán, y una “fábrica de armas químicas” de los yihadistas en Sudán.

        Desafortunadamente para los estadounidenses, el “campamento terrorista” en el que murieron muchas personas, resultó ser el lugar de concentración de muchas familias afganas para celebrar bodas religiosas, y la “fábrica de armas químicas” en Sudán resultó ser un laboratorio farmacéutico legal y sin nexos con el yihadismo.

        Este error del señor Clinton, no solo fue obviado por sus jueces naturales, sino que por razones políticas pensando en la eventual continuidad de sus copartidarios los demócratas en el poder en Estados Unidos, Clinton fue absuelto por haber mentido acerca de su relación extramarital y fuera de eso nadie en su país, dio importancia a los “errores” en los dos ataques contra el “campamento terrorista” y la “fábrica de armas químicas”

        Mientras tanto, en las montañas de Afganistán, Osama Bin Laden tomaba atenta nota de lo sucedido y en compañía de los dirigentes internacionales de Al Qaeda, urdía la sangrienta venganza contra Estados Unidos sin importar quien fuera el presidente de la potencia norteamericana, pues para él y sus correligionarios, era el sistema capitalista e infiel estadounidense, el causante de todas las tragedias de los pueblos musulmanes, por eso era necesario ejecutar una acción terrorista de gran envergadura, que atacara de manera simultánea los epicentros del poder político, económico, militar y cultural de la potencia norteamericana.

       Así se gestaron y ejecutaron los audaces ataques terroristas del 11 de septiembre de 2001 y de ellos nació la guerra contra el terror que ya acumula 18 años, sin que se haya resuelto el problema, a pesar del ingente desgate humano y la abultada suma de recursos invertidos en todos los lugares del mundo, donde fuerzas militares estadounidenses o coaliciones internacionales, o fuerzas locales con apoyo de la Casa Blanca, luchan a diario para destruir las que por ahora parecen indestructibles células yihadistas, en medio de escenarios de tiranteces geopolíticas y geoestratégicas que incluyen hasta armas nucleares, guerras comerciales, y mas sombras que luces acerca de consensos en medio de muchos disensos.

 

      [1] Strategic Arms Limitation Talks, cuya traducción aproximada al español sería Tratado sobre Misiles Anti-Balísticos o Tratado ABM. SALT I fue firmado en 1972 por la administración Nixon y SALT II fue firmado en 1979 por el gobierno de Jimmy Carter.

     [2] El escándalo Watergate fue un gran escándalo político que tuvo lugar en Estados Unidos en la década de 1970 a raíz de un robo de documentos en el complejo de oficinas Watergate de Washington D. C., sede del Comité Nacional del Partido Demócrata de Estados Unidos, y el posterior intento de la administración Nixon de encubrir a los responsables.

      [3] Richard Nixon gobernó Estados Unidos entre el 20 de enero de 1969 y el 9 de agosto de 1974. El lío que forzó su vergonzosa renuncia se desató tan pronto asumió el segundo periodo para el cual había sido reelecto a finales de 1972.

     [4] La crisis de los rehenes en Irán se desarrolló en un periodo de 444 días, durante el cual un grupo de estudiantes iraníes tomó como rehenes 66 diplomáticos y ciudadanos de Estados Unidos. La crisis empezó el 4 de noviembre de 1979 y se prolongó hasta el 20 de enero de 1981. Tras una serie de errores y fallos el rescate ordenado por Carter, los rehenes fueron enviados a la base aérea de Fráncfort del Meno en Alemania, donde fueron recibidos por el ya expresidente Jimmy Carter (como emisario de la administración Reagan), y desde allí tomaron otro vuelo a Washington DC.

      [5] Una de las estratagemas de la administración Reagan para ocultar la gravedad de los hechos, fue impulsar una comisión de paz internacional para Centroamérica, a la que se apuntó presuroso el presidente colombiano Belisario Betancur, ansioso de ser premio Nobel de paz, para lo cual incluyó unos espurios diálogos de paz con el M-19 y las Farc que terminaron en violentas acciones terroristas como la toma del Palacio de Justicia financiada por el narcotraficante Pablo Escobar, jefe del cartel de Medellín que al mismo tiempo contaba con la complicidad de las dictaduras de los hermanos Ortega en Nicaragua y los hermanos Castro en Cuba, para enviar cocaína hacia Estados Unidos. Los efectos geopolíticos de una decisión de un país poderoso se extienden con inusitada presión sobre los países interdependientes, que carecen de su poderío integral.

      [6] Veinte años más tarde quedó probada la doble moral de los servicios de inteligencia pakistaní (ISI), cuando las fuerzas especiales de la Armada de Estados Unidos eliminaron a Osama Bin Laden, cuando se escondía en un cantón militar de ese país.

      [7] Este estado estaba compuesto por seis repúblicas socialistas: Bosnia y Herzegovina, Croacia, Eslovenia, Macedonia, Montenegro y Serbia (que incluía las provincias autónomas de Vojvodina y Kosovo y Metohija). En conjunto los seis estados autónomos y las dos regiones autónomas funcionaron como una federación multicultural.

       A partir de 1991, la República Socialista Federativa se desintegró a causa de las Guerras Yugoslavas que siguieron a la secesión de la mayoría de las entidades constitutivas del país.

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido
Especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional. Autor de 35 libros y mas de 1700 artículos sobre estos temas.

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