Reconocer como Estado a palestina: Grave error geopolítico de Santos y su canciller Holguín

Publicado: 2018-08-09   Clicks: 355

     Geopolítica internacional

     Fiel a su estilo personal, en cuyo diccionario no existe la palabra lealtad con el país que lo eligió, dos días antes de dejar el poder, Juan Manuel Santos y su cuestionada canciller Ángela Holguín, sumaron a la ya extensa lista de desaciertos en política internacional, un innecesario para Colombia e inesperado reconocimiento como Estado a Palestina.

    Tan apresurada decisión es un obvio y soterrado desafío a la política exterior de Donald Trump como una venganza de Santos contra el mandatario estadounidense que no se prestó para la interminable auto-publicidad santista de su paz, y quien lo creyera, en funesta contravía con los apoyos que recibió como ministro de Defensa y luego como presidente de Colombia, de las Fuerzas de Defensa Israelíes en entrenamiento de tropas, inteligencia militar y asesoría en operaciones contra el narcoterrorismo comunista.

    Para nadie que sea sensato, hay la menor duda que la mejor solución al prolongado conflicto palestino-israelí, es la conformación de dos Estados libres, autónomos y autárquicos; pero otro escenario es utilizar esa necesidad geopolítica para aclimatar la paz en el Medio Oriente, como una venganza personal de un mandatario contra la Casa Blanca, o la deslealtad con un aliado que le ayudó a golpear a las estructuras superiores de las Farc, en el momento crucial de la guerra contra los terroristas comunistas en Colombia.

   Cover Primavera Arabe En diversos escenarios internacionales, el primer ministro Benjamín Netanyahu ha explicado que mientras persista en la Franja de Gaza el credo del extremismo islamista de Hamás para destruir al “odiado enemigo sionista” y mientras perviva la inestabilidad en la región derivada de la Primavera Árabe y las guerras subsecuentes en Libia, Siria y Yemen, así como el crecimiento de Hizbolá en El Líbano y el desaforado apetito de Irán para construir un arco chiita en Siria, Líbano, Irak e Irán; Israel no puede desocupar territorios palestinos que por dinámica histórica de la convulsa zona, caerían en las manos de ISIS, Al Qaeda y Hizbolá, poniendo en grave peligro la continuidad del Estado judío y la paz en el Medio Oriente y el mundo.

    Pero como a lo largo de nuestra historia, en la cancillería colombiana nunca se han analizado los fenómenos geopolíticos mundiales que afectan a Colombia, igual que en el pacto de Santos con las Farc, al parecer primó la vanidad personal del presidente sobre los intereses y objetivos nacionales, con  impredecibles consecuencias a mediano y largo plazo para el país en escenarios internacionales, cuando ya el señor Santos habrá pasado al olvido en la olvidadiza memoria política nacional.

     Al reconocer a Palestina como Estado, por extensión se legítima la guerra prolongada de la OLP, de Hamas y de otros grupos terroristas que durante seis décadas han atacado de manera sistemática a Israel y han propugnado por su desaparición del escenario político mundial.

    Al legitimar a Hamas, indirectamente el gobierno Santos reconoció a nombre del Estado colombiano, que este grupo terrorista se contacte con Hizbolá y la teocracia iraní para constituir una fuerza militar legítima con capacidad de atacar y enfrentar a las Fuerzas de Defensa Israelíes. Por extensión da luz verde a los apoyos que desde el mundo musulmán puedan brindar los extremistas sunitas y chiitas que además de pulular en ese entorno, sueñan desparecer al Estado de Israel.

    Desde el punto de vista geoestratégico mundial, con esta actitud trapacera de Santos, aporta herramientas y coadyuva a allanar el camino para que por medio de Hizbolá, el régimen sirio y milicias chiitas iraquíes, Irán se inmiscuya más en la guerra de Ios palestinos contra Israel; pero además legitima las ambiciones de Rusia sobre el Medio Oriente. Es como si en nombre del veleidoso Premio Nobel de Paz de Santos, se hubiera arrojado un poco de gasolina para sofocar el incendio sobre la ya incendiada región, en el preciso momento que Netanyahu logró que el parlamento aprobara la cuestionada ley del Estado Judío.

     Al abrir relaciones formales de Estado a Estado con Palestina, es obvio que aumentará el viaje de ciudadanos de esa nacionalidad hacia Colombia, con la circunstancia agravante que la tradicional corrupción de autoridades de esa región facilitará a Irán promover la la llegada de terroristas infiltrados entre los viajeros con pasaportes palestinos, con la tarea de crear células de Hizbolá en Colombia y por extensión avanzar hacia territorio de Estados Unidos.

     Como es de esperarse la venganza de Santos contra Trump por no haberle ayudado al show de paz que si le ayudó Obama, se tensarán más las ya tensas relaciones con la Casa Blanca que al estilo negociador del magnate está exigiendo resultados contra el narcotráfico. La explicación es sencilla: Trump es aliado estratégico de Israel al punto que dispuso el traslado de la embajada de su país a Jerusalén, y cualquier acción negativa contra Israel es contra el Estados Unidos de Trump.

     De remate, con esa decisión Santos puso en entredicho la ya prolongada cooperación cultural, tecnológica, educativa, social y de capacitación militar que ha ofrecido Israel a Colombia. De seguro por ignorancia manifiesta de quienes son y como son los comportamientos sociológicos y geopolíticos de la dirigencia política Israel, Santos y la canciller Holguín, no se dieron cuenta que los israelíes tienen memoria de elefante frente a su historia y parafraseando al presidente Duque: “Quien la hace la paga”.

    Asi es que en el futuro cuando Colombia requiera algún respaldo internacional en alguna instancia de alto nivel, los diplomáticos israelíes serán los primeros en pasar cuenta de cobro y estimular a Estados Unidos para tomar medidas similares, con la circunstancia agravante que lo que consiga la eficientísima inteligencia militar israelí acerca de los nexos de los terroristas colombianos con los yihadistas, será manejado por Tel Aviv de una manera diferente a la cooperación entre aliados.

     Y la lista de consecuencias negativas sigue. Bien haría el presidente Duque no solo en reunirse a hablar con su canciller y el comité de expresidentes y ex cancilleres, sino en declarar sin valor esa errónea decisión y por el contrario proponer en la ONU, el retiro de Hizbolá de El Líbano y la búsqueda de la activación de dos Estados con mutuo respeto y garantía de que los extremistas del entorno musulmán retiren de su agenda la idea de desaparecer al “odiado enemigo sionista”

    Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

    Presidente del Centro de Geopolítica Colombia

     www.luisvillamarin.com

 

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