Retos geopolíticos para el próximo gobierno colombiano

Publicado: 2018-05-23   Clicks: 826

       Geopolítica

     A partir del 7 de agosto de 2018, el nuevo gobernante de los colombianos enfrentará una serie de retos geopolíticos atados al desarrollo y la defensa nacional, que por no haber sido vistos de manera integral a lo largo de la accidentada historia del país, han hecho metástasis, con la circunstancia agravante que, a juzgar por las propuestas de casi todos los actuales candidatos presidenciales, no se está dando el enfoque de respuesta estratégica integral en geopolítica, a un acumulado de problemas estratégicos integrales en geopolítica.

    Con excepción del curso de Altos Estudios de Defensa Nacional de la Escuela Superior de Guerra y algunos aspectos que se tratan de manera insuficiente en las maestrías de algunas universidades, es evidente que Colombia carece de objetivos nacionales compartidos, que ha sido imposible consolidar un solo plan cuatrienal de desarrollo nacional, que por politiquería e intrigas demagógicas jamás ha habido una ley de defensa nacional consistente, que no hay claridad ni concepción geopolítica acerca de la proyección nacional en el entorno regional y mundial, y que por la dinámica de las relaciones civiles-militares, ni los militares saben de política, ni los políticos saben de defensa nacional.

     Tales realidades confluirían en una trilogía sociológica de enorme incidencia en la escasa proyección geopolítica del país, pese a su privilegiada posición geoestratégica: Desde la independencia de España y el nacimiento como república con imperfecta democracia, Colombia se ha sostenido en el entorno como imperfecto Estado-nación, primero gracias al sacrificio de sus Fuerzas Militares, segundo la creatividad de los pocos empresarios privados que se atreven a innovar para generar riqueza, y tercero a la “bondad e indiferencia compartidas por el pueblo colombiano”, que todo lo soporta y como en la antigua Roma es engolosinado con el pan del populismo que quiere prolongar la sinvergüencería y el circo del futbol, los reinados de belleza, los éxitos de algún cantante, o el patrioterismo oportunista de vez en vez.

     Tras el ansia de un espurio e innecesario Premio Nóbel de Paz para el país, el veleidoso presidente Juan Manuel Santos comprometió el destino geopolítico colombiano a los arbitrios de narcotraficantes y terroristas comunistas poseídos de una mentalidad paquidérmica, frente a la evolución del mundo y del rol que por su posición geoestratégica sumada al talento humano, podría jugar Colombia en Latinoamérica y en el resto del planeta.

    Pacto Farc-Santos Producto de ese gravísimo error histórico cuyas profundas connotaciones geopolíticas se verán y permanecerán por varios años, las Farc terminaron apropiadas del control “social” para la “justa protesta social” en el Hinterland es decir de la periferia territorial colombiana con obvia intención de fortalecerse allí y a mediano plazo avanzar hacia el Heartland, es decir los centros de poder económico, político, social y cultural del país, que según el plan estratégico del grupo terrorista se concentra en 30 ciudades.

    Basta con mirar un mapa del país donde se localizan los cultivos de coca, los laboratorios de procesamiento del alcaloide, los focos de minería ilegal, la ubicación de las zonas veredales transitorias que por orden de Timochenko a Santos terminaron siendo focos de expansión comunista permanente, la ubicación de la cooperativa Ecomún y otras concesiones gratuitas a la guerrilla comunista; para comprender que ni las Farc renunciaron al Plan Estratégico para la toma del poder por medio de la combinación de las formas de lucha, ni la dirigencia política o el llamado establecimiento, comprendieron la dimensión de lo que se tejía por debajo del mesa.

    Por ubicación geográfica y proyección geopolítica, esas áreas de altísima influencia de los “movimientos sociales” de las Farc, están ubicadas en todas las zonas fronterizas, con particular influencia de las fronteras binacionales con Ecuador y Venezuela, países cuyos gobiernos izquierdistas desde hace varios lustros han sido cómplices descarados de los grupos terroristas colombianos, por la sencilla razón que comparten la misma ideología totalitaria y desean ver a Colombia en el redil de la miseria derivada de la dictadura castrista y los dictados anticapitalistas del Foro de Sao Paulo.

    Una vez más, los dirigentes políticos para quienes la defensa nacional, la estrategia de seguridad nacional y la geopolítica de Colombia nunca han sido temas trascendentales, para desde su amañado punto de vista no llevar el país al “militarismo”, siguen pensando que las Farc ya salieron del escenario, que los escasos 50.000 votos en las elecciones parlamentarias son el reflejo del rechazo popular y que desde luego, los politiqueros de siempre seguirán inmersos en la corrupción rampante, las promesas de casas en el aire y el desconocimiento de siempre por las comunidades que los eligen, porque para ellos existen unas fuerzas militares y de policía que eternamente y como consecuencia del bajo nivel intelectual y académico de muchos de sus integrantes, estarán prestas a defender la “democracia” de los intocables.

    Ante tal realidad, el terrorista desmovilizado del M-19, Gustavo Petro ha cooptado amplios nichos de jóvenes estudiantes  universitarios o desempleados que desconocen su prontuiario y el del grupo terrorista en que miltó. Así, en cierta forma se repiten por miopía geopolítica de la dirigencia colombiana, los escenarios de la década de 1960 y 1970, cuando el Partido Comunista y sus brazos terroristas Farc, Eln, M-19, Epl, Pla, Ado, Quintín Lame, etc, reivindicaron la lucha armada con cuadros y guerrillerada salida de la Juventud Comunista, pero claro siempre negada por los camaradas de la ciudad. Doble moral que podría comenzar a repetirse, dado el enfoque errado que se sigue dando a la solución del problema.

    De ñapa, a la eventual inmersión a las guerrillas comunistas, por parte de muchos jóvenes aleccionados por la izquierda recalcitrante y la propaganda de víctima que hace Gustavo Petro algo que podría repetirse ahora, se sumó en la década de los años 80 el fortalecimiento de los carteles de la droga, que terminaron untados y confundidos en muchos casos con las Farc, el M-19 y luego en el Eln y los remanentes del Epl.

     Este punto es crucial. Después de las imposiciones de las Farc a Dela Calle, Mora, Naranjo y los demás convidados de piedra en Cuba, el grupo terrorista se apropió del control geohumano, geoeconómico, geosocial, geopolítico y geo estratégico de las zonas cocaleras, desvió la atención sobre la minería ilegal, fortaleció los corredores de tráfico de inmigrantes ilegales, e incrementó la inmersión en la producción y envío de cocaína, mantuvo el control estratégico de las zonas veredales y puntos de normalización, manejó a sus antojos la dinámica del “postconflicto” y sin ceder nada diferente a entregar a custionados funiconarios de la ONU, algunas armas cuyas calidades y cantidades siguen siendo dudosas.

     Vista esa realidad objetiva, sin apasionamientos geopolíticos ni juzgamientos al gobierno Santos, que tampoco entendió la ley elemental de la guerra, cuál es la de derrotar la estrategia del adversario, quedan sobre el tapete retos geopolíticos internos, que urgen solución para integrar las regiones por siempre apartadas del conjunto de políticas nacionales; construir tejido social unitario, donde precisamente los comunistas armados y desarmados de la mano del narcotráfico, pretenden instaurar republiquetas independientes afines al socialismo del siglo XXI; fortalecer la presencia integral del Estado en las fronteras, combatir el narcotráfico con acciones integrales, descentralizar los servicios básicos, y llegar con soluciones que integren al país no que lo sigan disgregando, para satisfacer el apetito voraz de los politiqueros de familias intocables en la zona andina y de carambola, el plan estratégico de las Farc y los demás comunistas.

    Todo eso prolonga la violencia e impide el desarrollo armónico de la nación, debilita su defensa nacional, mantiene las zonas fronterizas en el olvido y multiplica todas las formas de delincuencia.

    Entretanto, en el orden internacional, Colombia tiene varios retos complejo a partir del próximo gobierno, pues el que se va solo deja problemas, autopublicidad y un pobre balance geopolítico del desempeño de la atornillada canciller María Ángela Holguín, cuya pobre labor se limitó a servir de jefe de relaciones públicas de la ilimitada vanidad propagandista del presidente Santos en el exterior, sin nada que mostrar a favor de la defensa nacional y la integridad territorial vulnerada en un 2012 en La Haya.

    Colombia requiere hacer soberanía en el meridiano 82 para que las aguas territoriales del mar Caribe con sus recursos inmersos sigan siendo del país, no de Nicaragua cuya bandoleril actitud en La Haya logró un espurio fallo a favor de Managua. El primer paso de esa soberanía será posesionar al nuevo comandante de la Armada Nacional a bordo de una fragata en el meridiano 82, y a partir de ese día patrullar con naves de guerra las aguas territoriales en los océanos Pacífico y Atlántico, para que a ningún gobierno sea vecino o ultramarino, se le ocurra la estulta idea de expoliar territorio colombiano, o de agredir a nuestros pescadores. Por ende, San Andrés y Providencia deben ser integradas de manera efectiva al proyecto de país.

    Es hora de definir los límites pendientes con Venezuela, y poner un tatequieto a las eternas agresiones de la guardia venezolana contra los colombianos, sobrepasando violentamente la frontera. No más notas de protesta que de seguro son vistas con desdén y burla por la cancillería en Caracas, pues saben que “perro que ladra no muerde”. Es necesario tomar acciones contundentes en las instancias internacionales con demandas específicas y el lobby que sea necesario. En ese sentido no se necesitan embajadores y cónsules paseadores, sino colombianos que defiendan a su país y sirvan de algo a los compatriotas en el exterior. Menos autopublicidad mentirosa en los consulados y más acción a favor de Colombia.

   Es hora de hablar claro con los gobiernos vecinos para atacar y destruir todos los santuarios que tiene los grupos terroristas colombianos al otro lado de las fronteras nacionales. Y por extensión se deben establecer plazos con el Eln para que se entregue y con las Farc y demás socios enmascarados de pacifistas, para que sean claros con las supuestas disidencias, el padrinazgo al Eln, al Epl y el cordón umbilical con el narcotráfico.

    Es hora de promover el comercio exterior como regla de oro en la expansión geopolítica. Para ningún geopolitólogo es secreto que grandes avances de la humanidad y la consecuente fortaleza integral de civilizaciones antiguas y potencias modernas han gravitado alrededor del comercio integrado a una visión geopolítica de integración tecnológica, innovación, educación, infraestructura, pues como se decía al comienzo de la era cristiana: “Todos los caminos conducen a Roma”.

    Colombia necesita un gobierno que diseñe y desarrolle un plan estratégico sólido y prolongado en el tiempo con objetivos geopolíticos orientados a favorecer a todas las comunidades en todo el territorio nacional. No solamente a favor de los intereses mezquinos de las élites de apellidos de siempre, ni a favor del narcoterrorismo comunista, ni al populismo de Petro, Fajardo y Mockus. Colombia necesita un gobierno dirigido por estrategas geopolíticos con visión integral y resultados geopolíticos a favor de todos los colombianos. Quizás eso coadyuve a erradicar el cáncer de la corrupción y por ende a tener un país mejor para todos los colombianos sin excepción.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Presidente Centro de Geopolítica Colombia

www.luisvillamarin.com

 

 

 

 

 

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