Sinrazones de un conflicto

Publicado: 2021-03-11   Clicks: 248

      Defensa y seguridad nacional

     Entrevista del General Ruiz Novoa en la cadena Caracol Radio [1]

    ¿Cuáles fueron sus principales realizaciones como ministro de guerra del presidente Valencia?

     ―Deseo enumerar las siguientes:

    La paz

      ―La pacificación del país. En septiembre de 1960, al recibir el Comando del Ejército, la violencia azotaba partes muy importantes del territorio colombiano corno el norte del Valle, el Quindío, el departamento del Tolima y la provincia de Vélez, en el departamento de Santander.

     Desde el primer momento me dediqué a formar el instrumento para combatir efectivamente la violencia, ya que tenía la opinión de que la organización militar existente era inadecuada para el tipo de lucha que estaba enfrentando.  Se tomaron las siguientes medidas:

     a) Aumento del servicio militar a dos años de duración;

     b) Reorganización de la instrucción, consistente en la creación de centros de instrucción, la intensificación del entrenamiento en la Escuela de  Lanceros y el estudio y entrenamiento en las técnicas de la guerra de guerrillas en todo el país;

     c) Denuncia de las causas políticas, sociales y económicas de la violencia;

     d) Elaboración del Plan Lazo, que significó una modalidad nueva tanto por las tácticas militares como por la instrucción de la acción cívica y psicológica;

     e) Reorganización de las unidades para adecuarlas a la guerra de guerrillas.

      Debe, en consecuencia, anotarse, que la erradicación de la violencia no fue fruto de la casualidad, sino el resultado lógico de una línea de acción perseguida en forma persistente y enérgica por las Fuerzas Armadas.

     El enaltecimiento de las fuerzas militares por la cultura

      ―La segunda realización es, en mi concepto, la implantación de una nueva conciencia institucional para hacer emerger a las Fuerzas Armadas de la postración política, social e intelectual en que han sido mantenidas tradicionalmente.

      Esta postración se evidenciaba en la inferioridad con que se trataba a los oficiales y suboficiales, a quienes se calificaba de “chafarotes” y a quienes se conceptuaba como ignorantes y fracasados.

      De esta actitud es ejemplo típico el artículo publicado por un conocido escritor, quien calificó a un distinguido oficial, como el “niño prodigio del ejército“, justificando dicho apelativo por tener esa persona, “las cualidades que al apellido le faltaban“, según fueron sus términos.

     Con eso, el escritor en su ofensivo artículo quiso dar a entender que dicho oficial era una excepción, por su inteligencia, dentro del bajo nivel intelectual de la oficialidad.

       Otro ejemplo del concepto en que algunos sectores tienen a las Fuerzas Armadas está evidenciado en las declaraciones que un conocido y pintoresco personaje hizo con motivo de mi retiro, cuando dijo:

      “A los generales de Everfít, en la calle real los conozco y no les tengo ningún temor. Las cosas tienen importancia según el modo y desde el puesto donde se les diga. Cuando el general hablaba de grupos de presión y cambios de estructuras desde el ministerio de Guerra, tenía importancia. Ya no. Ya se le acabó”.

      Ya saben, pues, los actuales generales en servicio activo, cuáles son los factores a los cuales, según este personaje, deben su importancia.

      Con el fin de llevar a cabo esta labor de mejoramiento intelectual, se cumplieron las siguientes tareas:

      a) Fundación de la revista de las Fuerzas Armadas, de la revista del Ejército, del periódico “Ejército” y de la biblioteca del Ejército, que edita un libro cada mes;

      b) Reorganización de la Escuela Militar de Cadetes, para elevar la enseñanza al nivel universitario;

      c) Fundación de la cátedra de filosofía militar en ese instituto con el fin de explicar a fondo el sentido y la misión de las fuerzas militares;

      d) Explicación del papel de las Fuerzas Armadas en los países subdesarrollados, en beneficio de la nación y con el fin de borrar el concepto de que en Latinoamérica las Fuerzas Armadas solo son un instrumento para mantener al pueblo en la esclavitud económica y política, en beneficio de unos pocos tiranuelos disfrazados de demócratas;

      e) Integración de los militares al cuerpo civil de la sociedad para que el oficial y suboficial sean considerados miembros tan activos y útiles como quienes pertenecen a las demás profesiones. Esta integración pone al militar en contacto con los problemas generales y es el mejor antídoto contra el militarismo, el cual es producto del aislamiento de los militares en relación con los dem6s sectores de la sociedad.

      Tengo la satisfacción de que gracias a esta política los militares han borrado la falsa impresión que de ellos existía y hoy son altamente apreciados por los diversos núcleos sociales del país, no por el hecho de portar las armas sino por sus condiciones intelectuales y personales.

       Vinculación del Ejército y el pueblo

       ―Otra realización fue el mejoramiento de las relaciones entre las Fuerzas Armadas y el pueblo, así como el implantamiento de una conciencia de justicia social.

       Quienes menosprecian a las Fuerzas Armadas están acostumbrados a usarlas como un garrote contra el pueblo.

     Yo quise llevar a los cuadros de las Fuerzas Armadas la comprensión de los problemas políticos, sociales y económicos, que son considerados como las causas alterantes del orden público, para que así la institución pudiera contribuir a su eliminación.

       Lo quise porque sus miembros son las primeras víctimas de esa alteración y quienes p:1gan con su vida el restablecimiento del orden, pues esas consecuencias no hs sufren ni quienes predican la violencia, ni quienes la llevan a efecto en los campos social y económico. Son los militares y los policías quienes ponen los muertos.

      La filosofía de la acción cívica militar, además de sus beneficios materiales, persigue especialmente una nueva actitud de amistad y de compañerismo hacia los civiles.

        Yo he dicho que es “la mano tendida del ejército hacía el pueblo“. Es una manera de facilitar a las Fuerzas Armadas el cumplimiento de su misión, que de ninguna manera es incompatible con el respeto que el pueblo merece.

      Quise también poner en práctica el papel que las Fuerzas Armadas pueden cumplir en un país subdesarrollado, llevando a cabo además de sus misiones principales, tareas que contribuyan al bienestar del país y que retribuyan el ingente gasto que significa el sostenimiento del establecimiento militar.

       Prediqué a la oficialidad la noción de que Colombia no puede ser grande e importante mientras la gran mayoría de su pueblo siga sumida en el estado de miseria y de ignorancia en que se encuentra, y que la grandeza de la patria ―por la cual deben velar los militares―, no está solamente en ganar batallas, sino también en contribuir al mejoramiento de las condiciones de vida de su pueblo.

       Por otra parte, es necesario que los militares entiendan que la guarda de la constitución no dice relación únicamente en lo que se refiere al mantenimiento del orden público, porque la constitución no puede parcelarse.

                                                                                                     ***

       Como lo dije siendo ministro de Guerra, aquí no se cumplen los siguientes principios constitucionales:

       La prohibición de los monopolios, la función social de la propiedad, la obligatoriedad de la enseñanza, la garantía al trabajo ―que significa también la lucha contra el desempleo― la asistencia social como función del Estado, etc.

        No puede aceptarse como razón de este incumplimiento aquello de que el Estado no tiene medios económicos o de otro orden para cumplir con lo que ha prometido al pueblo en la constitución.

       Esta no es un simple libro para engañar ignorantes, sino, un compromiso para con los asociados. El Estado debe tener la organización adecuada para que todos los preceptos constitucionales se cumplan. Si no se cumplen se está violando, por omisión.

                                                                                                              ***

      Estas son, en resumen, las realizaciones que considero más importantes. Salgo del ministerio con la conciencia tranquila y clara de haber cumplido con mi deber y de haber contribuido con desinterés a la solución de los graves problemas de gobierno, con la satisfacción de que, durante mi ejercicio, las Fuerzas Armadas alcanzaron un alto grado de moral, de prestigio y de eficacia, así como una completa unidad, no alrededor de personas, sino de misiones e ideales.

      Todo esto gracias a una conducta sana, ceñida a las más estrictas normas militares sobre el mando y que no perseguía fines distintos al bienestar del país y de la institución armada.

       Cuestiones de lealtad

    ¿Cree usted que el discurso del presidente Valencia, el miércoles 26, en el cual denunció la presencia de funcionarios “incompetentes, desleales y hasta traidores” en su administración precipitó su retiro del ministerio de Guerra?

     ―Varias personas han apreciado en el discurso del presidente Valencia un telón de fondo para la crisis del miércoles en atención a algunas de sus afirmaciones. Sin embargo, al día siguiente de pronunciarlo, a las once y media, hablé con el presidente para tratarle un asunto del servicio y con esta ocasión hice referencia al discurso que había pronunciado la noche anterior, derivando de la conversación la impresión de que no había querido hacer referencia a mi persona.

     Lo cual yo creo así, porque de haber el presidente deseado hacerme algún planteamiento sobre mi permanencia en el ministerio estoy seguro de que lo habría formulado directamente.

     Es igualmente interesante referirse al hecho que comentan las gentes sobre el alistamiento de la guarnición de Bogotá y de todo el país, que se produjo antes de yo haber llegado al palacio de San Carlos, así como la comunicación que recibieron los oficiales del Comando del Ejército ―de que el ministro de Guerra había sido cambiado―, sucedida con anticipación a mi conversación con el jefe del Estado. Informé de este hecho al presidente, quien me expresó su profunda extrañeza porque, según me lo manifestó, él solo tomó su decisión después de su conferencia conmigo.

      No tirar contra el pueblo

      ¿Considera usted que el movimiento que debía cumplirse el 25 de enero, con un paro cívico a escala nacional, hubiera podido degenerar en un “cuartelazo”?

     ―Fui absolutamente claro en el consejo de ministros, en la reunión de comandantes de brigada, en la reunión de gobernadores, como también en las declaraciones que formulé a la prensa, cuando afirmé que las Fuerzas Armadas contaban con los medios suficientes para controlar la situación de orden público, e impedir los motines y desórdenes que se temían.

      Y que podrían hacerlo sin necesidad de emplear las armas de fuego, a base de energía, de prudencia y de técnica. También manifesté lo mismo al señor presidente en una reunión que se verificó con el comandante general y los comandantes de fuerza, para tratar esa situación.

      Desde luego, si el paro se hubiera prolongado dentro de cauces pacíficos yo no estaba resuelto a causar una masacre para debelarlo, pues en mi concepto se trataba de un conflicto político que requería soluciones políticas. Pero la solución de estas situaciones políticas también está prevista en la constitución y las leyes.

      La mejor prueba de que no había peligro de “cuartelazo” fue la forma tranquila como se solucionó la crisis, sin que se hubiera presentado el menor incidente en ninguna de las guarniciones del país.

      Problemas inaplazables

      ¿Cuál es el verdadero alcance de sus planteamientos sobre la necesidad de lograr para el país “un cambio de estructuras” y darle “un gran empujón”?

      ―El país en las actuales circunstancias se encuentra ante un callejón sin salida. Su administración, sus finanzas, su economía privada, los partidos políticos tradicionales, están en un evidente desarreglo que no se debe a causas marginales sino a razones de fondo. Es la consecuencia de lo que ya en numerosas ocasiones he anotado: la falta de un propósito nacional.

      De una orientación que aúne todas las voluntades y que despierte una mística de restauración, que motive a las gentes a la resolución de los grandes problemas, cumpliendo los sacrificios que sean necesarios ofrecer a la patria para salvarla del estado en que se halla.

      El gran culpable de esta situación es el egoísmo de ciertos sectores sin conciencia social ni de sus obligaciones para con la comunidad. Es la falta de resolución para librar la batalla de Colombia. No pensando en lo que se va a recibir sino con la decisión de entregarlo todo en la lucha por los objetivos comunes.

      Actualmente cada grupo, cada asociación, cada individuo, solo persigue su propio beneficio sin importarle el daño que su egoísmo cause a la colectividad. Es por eso que la primera estructura que hay que derribar es esa mentalidad egoísta dándole a Colombia un propósito nacional que aúne todas las voluntades y todos los esfuerzos.

       Existen también las estructuras jurídicas, económicas, sociales y políticas, que en unos casos hay que reformar y en otros, tal vez los menos, sustituir enteramente.

      Hay que acabar con la impunidad. Cueste lo que cueste. Recordemos la frase de Bolívar:

       “La corrupción de los pueblos nace de la indulgencia de los tribunales y de la impunidad de los delitos. Mirad que sin fuerza no hay virtud y que sin virtud perecerá la república… “

       Es indispensable modernizar la estructura del Estado para hacerlo más fuerte y que pueda así garantizar la vida, honra y bienes de los ciudadanos.

      Es esencial que las normas constitucionales legales vigentes, en materia política, social y económica, tengan cabal cumplimiento. Resulta imperativo establecer otra que hagan de Colombia una verdadera democracia, no esté remedio que hoy existe y que no ofrece a los colombianos la igualdad de oportunidades, que es la norma básica del sistema democrático.

      Durante 150 años se ha estado engañando al pueblo ofreciéndole los elementos de una democracia formal y de una libertad política, como la mejor y más astuta forma para esclavizarlo. En nombre de esa libertad lo llevaron a varias guerras civiles, en las que Colombia se desangró sin que esos conflictos la sacaran del analfabetismo, de la desnutrición, del desempleo, del desamparo y de la inseguridad en que ha vivido.

      Las leyes no se cumplen. No se cumplió la Ley de Tierras en su época y ahora no se ha hecho la Reforma Agraria. No se ha cumplido la Ley contra los monopolios.

       Todo se va en promesas que se olvidan después de las elecciones. La sustitución de toda esta tramoya, es lo que significa el cambio de estructuras y a quienes nos preguntan que cómo se puede llevar a cabo les contestamos que “haciéndolo“.

       Porque lo que pasa es que hasta ahora no ha habido ninguna voluntad para salir del terreno de las promesas y de las palabras para pasar al cambio de los hechos y de las realizaciones efectivas. Se trata de establecer una democracia orgánica y moderna, que sea una realidad para todos los ciudadanos.

       El macartismo, el comunismo y el “gran empujón”

      Y se me pregunta: ¿qué significa el “gran empujón“?

       Significa la acumulación del ahorro que es necesario efectuar para producir el despegue y emprender el vuelo hacia la prosperidad; lo cual no puede hacerse por los medios tradicionales ni dentro de la actual estructura económica.

       Es necesario una reforma completa para que no haya gordos que ganen 200 mil pesos mensuales y se ufanen de ello, mientras mueren en Colombia 100 niños diarios por desnutrición y en las calles de Bogotá los pobres gamines buscan su comida en los tarros de basura.

      El “gran empujón” significa la reforma que ponga a todo el pueblo en condiciones de producir en beneficio de la comunidad y el establecimiento de reglas sociales que formen una conciencia en que el interés colectivo sea colocado sobre el aprovechamiento individual, y este solo se busque a través del bienestar común.

      Cuando se predica el cambio de estructuras, los interesados en combatirlo apelan al útil expediente de asustar a la gente.

      Les muestran el fantasma comunista, convocan a las brujas del castrismo mencionan con alarma las palabras izquierda y revolución que, para muchos cerebros lavados diariamente por los órganos de la democracia formal, son sinónimo de fuego eterno.

       Es necesario rechazar de una vez por todas tal falacia que tiene su origen en los grupos de presión y los intereses creados.

       Queremos decirle al pueblo que no se deje asustar con el comunismo y el castrismo. Deseamos reiterar que la única valla verdadera contra estas doctrinas es la reforma de las estructuras para que, sin producir fuertes traumatismos, se haga más justa la distribución de los ingresos.

       Para que se permita a los miembros de las clases menos favorecidas alcanzar un nivel de vida acorde con el nivel de la persona humana, cumpliendo así con los principios del Evangelio y de nuestra religión, y evitando el caldo de cultivo que significan en una sociedad la opresión y la desigualdad económica.

        Si el comunismo no ha podido progresar en los países desarrollados e industrializados de occidente, es porque en ellos se ha verificado esa reforma de estructuras y las clases trabajadoras han logrado alcanzar un nivel de vida cuya obtención no ha sido compatible con la Libertad.

       Los primeros que deberían favorecer la reforma de las estructuras para hacer de Colombia un Estado, Moderno, deberían ser los grandes industriales, los terratenientes y la gente de fortuna, porque de esa manera la economía se fortalecería en todos sus estratos y niveles, siendo ellos los primeros favorecidos. Yo quiero decirles que aún tienen ocasión para hacerlo.

      No somos enemigos de la democracia todo lo contrario. Somos demócratas convencidos. Pero nos hemos quitado los tapaojos que le han puesto a pueblo colombiano durante tanto tiempo para esclavizarlo con las formas y no dejarlo ver los caminos del progreso hacia la verdadera libertad política, social y económica.

      Los hombres y los brutos

       ¿Cree que usted violó las normas constitucionales vigentes que prohíben a las fuerzas militares el ser deliberantes?

      ―Ya en ocasiones pasadas fijé el alcance que tiene la prohibición de deliberar para los militares que está contenida en la Constitución Nacional. Esta norma hace exclusivamente relación con la obligación de obedecer sin discutir las órdenes del servicio, en armonía con la irresponsabilidad que para los subalternos militares consagra el artículo 21 de la misma Carta. No tienen relación alguna con el derecho a opinar, el cual está limitado únicamente a la prohibición de intervenir en política partidista.

         Esta opinión fue compartida y sostenida por el presidente de la República y se afirma en los textos constitucionales que han regido en Colombia desde 1811 hasta nuestros días; en todos los cuales se liga el concepto, de deliberar a la obediencia. La prohibición absoluta de deliberar para los militares, los convertiría en seres irracionales, ya que, según Aristóteles, la deliberación es la que distingue al hombre del bruto.

                                                                                                                 ***

        La función de los ministros del despacho es esencialmente política: ¿Por qué, entonces, desde hace unos años esa cartera es ocupada por los militares en servicio activo? ¿Qué reacción produciría la designación de un civil como ministro de Guerra?

        ―La Constitución Nacional permite el nombramiento de militares en cargos con jurisdicción y mando civil.  Desde hace varios años el cargo de ministro de Guerra ha sido ocupado por militares, lo cual resulta más conveniente porque, indudablemente, en esta forma el ministerio está servido por una persona con más conocimientos de los problemas militares. Por otra parte, preserva a las instituciones armadas de la influencia política partidista.

       En cuanto a la reacción de que me pregunta, yo creo que las Fuerzas Armadas prefieren un militar a un civil en la cartera de guerra.

      La fuerza de la opinión y la fuerza de las armas

      Se dice que el gobierno del presidente Valencia se ha fortalecido con su retiro del ministerio de guerra.  ¿cuál es su opinión al respecto?

       ―Un gobierno es fuerte por el caudal de opinión pública que lo apoye. En estas condiciones estoy inhibido para opinar si mi salida del ministerio ha aumentado o disminuido dicho caudal. Pero estoy convencido de que el presidente Valencia no se apoyará exclusivamente en la fuerza de las armas para mantenerse en el poder.

                                                                                                                ***

        ¿Cree usted que con su relevo como ministro de Guerra se ha sentado un precedente que podría llevar a movimientos golpistas similares dentro de las fuerzas militares en el futuro?

        ―Ojalá que lo sucedido no vuelva a presentarse.

         Voluntad de servicio

        Desde hace algunos meses, círculos políticos le han mencionado como posible candidato a la presidencia de la república en el próximo período constitucional, que corresponde al partido liberal. Inclusive se ha inscrito su candidatura en algunas ciudades. De afianzarse ese movimiento, ¿Aceptaría usted esa candidatura, para enfrentar su nombre al de Carlos Lleras Restrepo?

       ―Los planteamientos que he venido haciendo a partir de mayo del año pasado no han sido motivados por ambición política alguna, como lo he expresado antes y ahora deseo reiterarlo. Han sido el producto de convicciones profundas en relación con la organización política, social y económica de Colombia, cuya situación actual de no modificarse en forma sustancial y acelerada va a comprometer el porvenir y el bienestar de las futuras generaciones.

       Considero que toda persona está en la obligación de contribuir al mejoramiento de la comunidad y de sus conciudadanos, especialmente de los menos favorecidos, porque el patriotismo no es un concepto abstracto que se expresa solamente en el culto a la bandera, sino que debe materializarse en la cooperación al progreso de la nación, es decir, de los ciudadanos que la habitan porque la grandeza de las naciones está en razón directa de la calidad y capacidad del pueblo.

       Después de haber servido al país durante 32 años como oficial del ejército, no me siento aún relevado de la obligación de aportar mi experiencia en la solución de los problemas públicos, sin otro propósito que el de servir al pueblo colombiano.

      Frente común contra el sistema

      Es por eso que creo que todos los sectores y todas las gentes inconformes con el actual estado de cosas y que constituyen la gran mayoría del país, deben organizar un gran movimiento nacional, vigoroso, agresivo y beligerante, capaz de enfrentarse a la maquinaria política tradicional de esta pintoresca democracia donde rige la regla de que “quien escruta elige”.

       Yo tengo la convicción de que el gobierno y las Fuerzas Armadas, darán al pueblo las garantías para el libre ejercicio de sus derechos, porque si así no fuere, no les quedará a los colombianos otro recurso que la revolución violenta, arrastrando con valor todas las consecuencias que pudieran sobrevenir, pero que siempre son inferiores a la indignidad.

       Quiero terminar expresando que tengo fe en el porvenir de Colombia, en la capacidad de lucha de su pueblo, cansado ya de sufrir, porque la conciencia pública está madura para el cambio que permita a la nación salir del estado en que se encuentra y convertirse en una patria importante y amable para todos sus hijos.

      [1] Texto del reportaje concedido a la Cadena “Caracol” en la noche del 31 de enero do 1965.

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