Ejército colombiano: garante de la seguridad y el desarrollo nacional, no un juguete de politiqueros

Publicado: 2020-11-21   Clicks: 684

      Análisis del conflicto armado en Colombia

    Pacto Farc-Santos La historia colombiana demuestra que el Ejército Nacional creó la república y la ha salvado muchas veces de los embates anárquicos, provenientes  de depredadores políticos de diversas pelambres. Fieles al juramento de lealtad a la bandera, ayer, hoy y siempre, los soldados que con honor, lealtad y patriotismo han portado las armas de la república, entregan lo mejor de sus juventudes, y en muchos casos hasta las propias vidas, al servicio de la seguridad y el desarrollo integral del país.

     Con disciplina, abnegación y madurez emocional, las tropas se han mantenido al margen de las disputas politiqueras, que por su naturaleza han enfrascado facciones partidistas en sucesivas guerras civiles, hasta la siniestra evolución de esa violencia politizada, en el letal narcoterrorismo comunista que aún pervive en diversas zonas del territorio patrio, y se recicla con muchas farsas de inexistente paz.

      Lastimosamente, desde la implantación de la figura de ministros de Defensa civiles en 1991, sin excepción todos los bisoños estrategas de escritorio que han pasado sin pena ni gloria por esta cartera del gabinete ejecutivo, han utilizado la sangre, el sudor, el sacrificio y el patriotismo de los soldados, como funesto trampolín para lanzar futuras e inmerecidas candidaturas presidenciales y otras nefastas ambiciones politiqueras personales.

     En este desafortunado entorno, ya crónico por cierto, se incluye al actual ministro de Defensa Carlos Holmes Trujillo, hijo de otro demagogo liberal, que a comienzos de la la década de 1960 injuriaba la labor de las tropas que pacificaban el departamento del Valle, donde curiosamente la violencia tripartidista de liberales, conservadores y comunistas, obligaba al Ejército Nacional a pacificar los espíritus, alebrestados hacia la irracionalidad, por los directorios de las tres colectividades enunciadas.

    Así, a diario circulan en las redes sociales, mensajes del señor Trujillo jr., autoadjudicándose supuestas genialidades estratégicas, consecuencia de los logros operacionales de los soldados contra los narcotraficantes de las Farc, el Eln y los demás carteles de las drogas y el crimen organizado. Claro está, con el torvo propósito de vender ante la opinión pública, el audaz mensaje de que él es el estratega, director y genio iluminado de esas operaciones. Y naturalmente, debe ser “el presidente que necesita Colombia a partir de 2022”

     Lo más sensato, sería que el demagogo ministro Trujillo renuncie a un cargo que nunca ha debido ocupar, del cual además ha sido inferior, y que se dedique a hacer politiquería barata con algunos de sus camaleónicos paisanos, que igual a él, son expertos y conocidos a nivel nacional en las lides de la trapacería y el oportunismo autopublicitario.

     La Silla VacíaPero como si la “genialidad” de Trujillo fuera poca, en la última semana se sumó al sainete demagogo y oportunista, el señor Jorge Enrique Mora Rangel, indigno excomandante de las Fuerzas Militares, quien desde cuando estuvo en servicio activo ejerciendo de comandante de la Quinta División en 1997, demostró haber llegado al máximo nivel de incompetencia, acumulando sucesivamente estruendosos fracasos operacionales de tropas bajo su mando, tales como:

 San Juanito, Pavarandó, El Dorado, Dabeiba, Coreguaje, Mitú, La Llorona, Granada, el secuestro de los diputados en Cali, de los tres contratistas gringos, de Ingrid Betancur, de los congresistas, el fallido rescate y asesinato del exministro Echeverry Mejía, las masacres de la Horqueta en Cundinamarca y de Mapiripán en el oriente del país… De remate para no perder casa, carro, beca, teléfono celular, escoltas cargando bolsas y canastos, cohonestó el abandono del batallón Cazadores en San Vicente del Caguán, a expensas de los bandidos de las Farc.

      Arrodillamiento y humillación de las tropas, para satisfacer el añorado Premio Nobel de Paz de Pastrana y garantizar la “coloca a Mora”, sin importar el padecimiento de familiares de soldados muertos, o el drama de los heridos y lisiados de guerra. Lo importante era que Mora y Pastrana estuvieran bien.

      Años más tarde cuando Juan Manuel Santos orquestó un show personal financiado por los colombianos, en aras de su premio Nobel, quizás gracias a tan nefastos antecedentes, el general Mora fue escogido a dedo “como representante democrático de las Fuerzas Militares y las reservas”, ante la mesa de imposiciones de las Farc en La Habana-Cuba.

       Desde el primer día en Noruega, Mora demostró ser mandadero de Santos y lacayo de De la Calle, quien en presencia de todos los periodistas le ordenó callarse. De ahí en adelante, Mora fue un mudo convidado de piedra, sin ningún aporte diferente, que reunirse eventualmente con los mandos militares para transmitirles, lo que le ordenaban Santos y De La Calle.

      Al final del sainete de La Habana, Santos regaló a Mora un premio dizque de líder Portafolio y lo envió a los cuarteles a decir mentiras acerca de la maravillosa paz, inclusive cuando el pueblo colombiano dijo en las urnas no a esa farsa, Mora fue el primero en llegar al Palacio, para posar al lado de Santos lamentando la derrota, eso si, sin reconocer lo fatídico de su nefasta actuación en Cuba.

      Ahora y con el mayor cinismo, el general Mora aparece lavándose las manos, cuestionando a los demás convidados de piedra, echando la culpa a otros de su propia ineptitud, y hasta promocionando un escrito de su supuesta autoría. Es evidente, que al ir a Cuba, a Mora solo le interesaban los dólares oficiales, que le pagaban por pasear y cohonestar la farsa de Santos. Desvergüenza total.

       Es lo que da la tierrita y no hay abono para mejorar la cosecha. Por vividores como Trujillo con su campaña publicitaria gracias a la labor de los soldados, o por ineptos como Mora, que se cuelan en las altas esferas del poder nacional, es que la abnegada labor las Fuerzas Militares, es manipulada con fines personales, por demagogos, culebreros de pueblo y encantadores hábiles para fingir transparencia.

       Ni Colombia, ni sus soldados merecen estas afrentas. El Ejército colombiano es el garante de la seguridad y el desarrollo nacional, no un juguete de politiqueros y oportunistas mentirosos.

      Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 38 libros sobre estrategia, defensa nacional y geopolítica

       www.luisvillamarin.com

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