24 años después de la masacre en la base militar de las Delicias Farc y demás Bacrim siguen asesinando colombianos

Publicado: 2020-07-20   Clicks: 378

     Análisis del conflicto armado colombiano

   Drama, Pesadilla y Espectáculo  A partir de las 7 de la noche del 30 de agosto y durante 17 horas continuas, la selva amazónica en el departamento de Putumayo, trajo al escenario de violencia y el narcoterrorismo comunista contra Colombia, una siniestra copia de los sangrientos ataques en las arroceras y áreas rurales vietnamitas.

      Esa noche 415 terroristas encabezados por Joaquín Gómez, Fabián Ramírez y el mocho César, atacaron a 100 soldados que ocupaban la Base militar de Las Delicias y se disponían a iniciar operaciones de control de área y destrucción de la infraestructura narcotraficante del bloque sur de las Farc.

     Al cabo del desigual y sangriento ataque, perecieron 28 soldados de la más humilde condición y estrato social. Un alto porcentaje de ellos rematados con tiro de gracia, como fue el caso del capitán Orlando Mazo, comandante de la unidad atacada. Otros 60 militares que sobrevivieron a la arremetida terrorista, fueron secuestrados y 12 militares heridos a quienes les robaron todo el material de dotación, fueron abandonados a suerte, por los delincuentes que partieron hacia la selva con el “botín de guerra”, para presionar al débil y desprestigiado gobierno Samper a que les concediera estatus político, a cambio de la liberación de los soldados en poder de las Farc.

      En ese momento la situación política interna y externa de Colombia era vergonzosa. El entonces presidente Ernesto Samper Pizano era señalado por las autoridades antinarcóticos de haber recibido dineros del cartel de Cali, acusación de la que se salvó en el congreso de la república mediante una sucia y oscura componenda, derivada de su cercanía personal con la comisión de absoluciones que lo exoneró de los graves cargos.

      Las Farc estaban envalentonadas. Los bloques sur y oriental dirigidos por Joaquín Gómez y el Mono Jojoy estaban dedicados de lleno al narcotráfico, le terrorismo rural y la “protesta social” con las marchas cocaleras. Mucha agua ha corrido por debajo de los puentes desde entonces, pero muy poco ha cambiado la dinámica de la guerra comunista contra Colombia, financiada por el narcotráfico.

      En 1996 las Farc tenían nexos con el cartel de Cali, el mismo grupo narco que financió parte de la campaña presidencial del dúo Ernesto Samper-Humberto De la Calle. En 2020, las Farc tienen congresistas, barco judicial, brazo político en el congreso y las mal llamadas disidencias armadas en la periferia o “hinterland” colombiano, dedicadas eso si a la “organización de masas cocaleras, como método de protesta social defendido a rajatabla por todos sus cómplices.

      Igual que en 1996, 24 años después en 2020, el Ejército Nacional sigue empeñado en buscar la paz y la tranquilidad de los colombianos, poniendo ingentes cuotas de sangre sudo y lágrimas. E igual que en esa luctuosa fecha, muchos beneficiados del sacrificio supremo de esos connacionales con uniforme militar de estratos 1, 2 y 3, ignoran y hasta les importa muy poco, la abnegación y entrega de esos soldados que silenciosos y patrióticos, les permiten vivir en relativa calma.

      Si no fuera por la entrega y fortaleza moral de las tropas que defienden la soberanía nacional y la vida, la honra y los bienes de nuestros compatriotas, hace años que los comunistas armados y desarmados, untados hasta la médula de narcotráfico y crímenes de lesa humanidad, estarían gobernando a Colombia.

       Pero como ni siquiera el arrodillamiento de Juan Manuel Santos y su cohorte de descriteriados en Cuba, les ha permitido la toma total del poder central, por esa razón y no por otra, es que las Farc y sus “colegas políticos” pretenden maniatar al Ejército, con guerra política, calumnias, “protestas sociales”, guerra de organizaciones, guerra jurídica, guerra de estratagemas, guerra mediática, etc.

       Por lo tanto, 24 años después de la masacre de las Delicias, las Farc y las demás Bacrim con las que se repulsan o se acercan en la dinámica del narcotráfico siguen masacrando a los colombianos. Con la complicidad de “honorables congresistas”, comunistas confesos, “lideres sociales farianos”, y una larga lista de miembros del partido comunista clandestino que no es tan clandestino.

 

Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

Autor de 38 libros sobre geopolítica, estrategia y defensa nacional

www.luisvillamarin.com

 

 

 

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