¿Está la seguridad nacional de Colombia en manos de los estratos 1, 2 y 3?

Publicado: 2020-05-20   Clicks: 2502

        Ante la tormenta mediática desatada en contra del Ejército Nacional por la conducta torva de algunos de sus integrantes, implicados en aberrantes casos de violencia sexual, contra una menor de edad de una etnia indígena, salen a la luz muchas realidades, que muy pocos o casi nadie se atreven a poner en blanco y negro sobre el tapete del análisis:

      He aquí algunas reflexiones al respecto:

  1. En Colombia el problema de los abusos sexuales es mucho más grande y más grave de lo que se conoce o es noticia. El caso de Yuliana Samboní así lo demostró. En todos los estratos sociales, sin excepción hay depredadores sexuales, que en todos los casos, en su niñez fueron víctimas de abusadores y cuando llegan a la adultez, repiten el mismo ciclo contra menores indefensos. Ocultar esa verdad, es pacatería, morronguería, y guarda marrullera de apariencias.
  2. Este es un problema estructural y no coyuntural, del que parecería o podría ser, que quienes se rasgan las vestiduras, crucificando al Ejército, estarían escondiendo sus propias desgracias, escudados en un micrófono, una cámara o un escrito agresivo.
  3. Este es un problema de salud mental que debe ser tratado con mayor rigor terapéutico desde cuando se detecten los hechos. No de disimularlo, sindicando solo un sector de la sociedad por que eso ocurre a diario en todos los estratos, aún en familias de “dedo parado”
  4. Al satanizar al Ejército por la conducta siniestra de algunos soldados, que desde luego por sus actuaciones, deben ser castigados con todo el peso de la ley y sin contemplaciones, se está ocultando el lado oscuro de otros sectores sociales, donde también ocurren estos casos, pero por aquello del estrato y el buen nombre pasan desapercibidos.
  5. La afectada es la sociedad colombiana en su conjunto, no un segmento de ella representado en los soldados. A menudo los diarios publican casos aberrantes de depredaciones sexuales por parte de sacerdotes o pastores cristianos, dirigentes políticos, docentes, directores deportivos, lideres sociales, familiares de niños afectados, padres depravados contra sus hijas, guerrilleros, narcotraficantes, etc. Por fortuna los porcentajes de soldados incursos en tan abominables crímenes son pocos, y aunque se pida y se exija con sobradas razones que les caiga el peso de la ley, esa misma petición debería extenderse a todos los casos similares, sin importar el estrato o la profesión del depredador sexual.
  6. Tal vez esa virulencia verbal y mediática contra los soldados, radica en que como los estratos 4, 5 y 6 huyen o eluden el servicio militar, escudando su cobardía y falta de amor patrio, en el argumento barato y baladí que si son soldados, pierden un año de sus vidas y bla, bla, bla…
  7. Y cuando excepcionalmente los “niños bien” van a filas militares, lo hacen para que los envíen en comisión del servicio a la Península del Sinaí, o a ser estafetas de oficinas de un Estado Mayor, o para ocupar cargos muelles, pero jamás como soldados de verdad. De remate personajes sin carácter se prestan para las payasadas políticas como la del supuesto servicio militar del hijo de Juan Manuel Santos, quien salió de su paseo por Tolemaida, mas condecorado que el general Eisenhower después del desembarco de Normandía.
  8. Por desgracia, las reservas de las fuerzas militares y de policía carecen de un partido político que las represente ante los estrados legislativos o refuten con argumentos sólidos, a los “analistas y estrategas de escritorio”, que hablan de lo divino y lo humano acerca de las “demoniacas” conductas de los soldados, que en realidad son las mismas, en las que los “moralistas de oficio” podrían estar inmersos, o tal vez tener casos muy cercanos en sus familias.
  9. Parecería ser que por la misma razón que esos periodistas, columnistas y opinadores plagados de moralidad pacata, eluden el servicio militar y hasta en muchos casos recurren a oscuros procederes para eludir el servicio bajo banderas de sus críos, instalan cortinas de humo en el espacio de sus propias afugias.
  10. Así cargadas de vilipendios, por parte de quienes les hacen señalamientos morrongos, y utilizan artificiosas mamparas para esconder la propia cobardía y la ausencia de identidad nacional, eludiendo la obligación constitucional de defender la bandera patria, entre tanto, las tropas que defienden la soberanía nacional están integradas por los estratos 1,2 y 3, por ende, más frágiles para tener acceso a los medios de comunicación y a la posibilidad de manipular la realidad de una grave enfermedad mental, que afecta a muchos mas colombianos agredidos por depredadores sexuales.
  11. Si los hijos de los empresarios, de los periodistas, de los dirigentes políticos, de las familias de “alta alcurnia”, de los “doctores” que abundan en todas las profesiones, los docentes marxistas, etc., prestaran servicio militar y cumplieran ese deber constitucional, probablemente también ocurrirían esos casos dentro de las filas, porque el problema no es del origen social de los soldados, sino de una enfermedad mental que es escondida con marrullas por muchos de los afectados y también por los depredadores. Duro decirlo, pero así es. Y la solución no es ocultar el problema sino destaparlo y actuar para corregirlo, sin importar el estrato social, el apellido o el linaje del depredador.
  12. Por extensión si esos “niños bien” prestaran el servicio, la participación de los colombianos sin excepción en la defensa nacional no estaría estratificada para campesinos, obreros y gentes humildes, sino que para combatir el terrorismo comunista en Caquetá, Guaviare, Putumayo, o el Chocó por citar algunos lugares de la geografía colombiana, estarían todos los hijos de la misma patria defendiendo los mismos intereses nacionales… Y quizás serían menos marcadas las diferenciaciones sociales clasistas, con la obvia disminución de tantas prevenciones contra el Ejército, todas ellas con fines politiqueros siniestros.

       En síntesis, el problema de los depredadores sexuales escondidos en un uniforme militar se debe sancionar con el rigor de la ley, pero además, el Estado colombiano debe ir más allá del oportunismo mediático del ministro de Defensa, haciendo politiquería barata con el drama de las tropas, y en consecuencia, buscar soluciones terapéuticas a un problema grave de salud mental, oculto y manipulado para salvar muchísimos casos de “buena imagen y apariencias sociales”

      Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 38 libros de geopolítica, estrategia y defensa nacional

         www.luisvillamarin.com

 

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