Marchas en Colombia, un caso típico de guerra política comunista

Publicado: 2019-11-17   Clicks: 789

      Análisis del conflicto armado colombiano

     Pacto Farc-Santos Tras el triunfo de la revolución bolchevique de octubre de 1917 en Rusia, los soviéticos iniciaron la expansión por el planeta de la teoría y la praxis de su ideología totalitaria, mediante la combinación de todas las formas de lucha, metodología que años después, los comunistas chinos condensaron en las tesis de la guerra política con ramificaciones conocidas como guerra de masas, guerra de organizaciones, guerra psicológica, guerra de inteligencia, guerra militar y guerra ideológica.

       Con el paso del tiempo, en Colombia el M-19, las Farc, el Epl y el Eln, las estrategias comunicacionales, las acciones jurídicas manipuladas, y las interceptaciones electrónicas se adhirieron a los componentes de este tipo de guerra revolucionaria integral, encaminada a derrocar el capitalismo e imponer la dictadura del proletariado en el mundo.

        Visto ese modelo, son evidentes las coincidencias y analogías de lo sucedido con las marchas de protesta en Colombia durante el último mes, en las que los objetivos concretos aunque habilidosamente camuflados en la catarata de razones de la portesta, son:

        1. Que el gobierno negocie con el Eln y las supuestas disidencias de las Farc, 2. que suspenda definitivamente todos los bombardeos contra las guaridas de los terroristas, 3. que no fumigue los cultivos de coca con los que siguen financiando su plan estratégico, 4. que entregue otras 16 curules del congreso de la república a las Farc y 5. que el Esmad no impida los actos de vandalaje. Todo esto acorde con un plan estratégico.

          En reiteradas ocasiones se ha insistido que desconocer el plan estratégico de las Farc y el plan vuelo de águila del Eln, es el epicentro de todos los desaciertos políticos, militares y de negociación con esos grupos terroristas, pues nunca se les ha entendido su idioma ni mucho menos se ha creído en sus verdaderas intenciones, que además son descarados y las exteriorizan. Como diría Sun Tzu: “se desconoce al enemigo” Pero lo que es peor, se desconoce su estrategia.

         No haber obligado a las Farc a desenmascarar a los miembros del partido comunista clandestino enquistados en sensibles posiciones públicas, ni haber exigido la salida a la luz de los miembros del movimiento bolivariano clandestino, ni haber entregado a los miembros de las milicias bolivarianas, y fuera de eso haberles dejado permanecer eternamente an las “zonas transitorias”, por físico desconocimiento del plan estratégico de los terroristas, son factores que confluyen en la razón por la que ahora son más fuertes en la instrumentalización política de la protesta social, por medio de  movilizaciones callejeras coadyuvadas por muchos idiotas útiles, que salieron a hacer coro de protesta por lo divino y por lo humano.

         Con premeditación producto del planeamiento metodológico, las Farc llevaron a Cuba a algunos integrantes de su aparato político clandestino y hasta los presentaron entre las víctimas del conflicto, mientras que las “organizaciones sociales” afines a su ideario se dedicaron a exigir el cumplimiento del pacto Farc-Santos, sin importar el daño que esto haga a Colombia.

        En consecuencia las marchas para derrocar a Duque, imponer diálogos y conseguir las 16 curules son objetivos de las protestas, sutilmente enmascaradas con cacerolazos, guerrilleritos del Chicó, jóvenes ignorantes de la historia del país que creen que Petro es un arcángel y agitadores financiados por los narcos mexicanos, encargados de promover el desarrollo de la estrategia que se urde desde Rusia y Cuba, mientas aquí los sabios que opinan sobre todo de lo que desconocen, o buscan el muerto aguas arriba en los meandros de la liviandad y la ligereza de la información, proveniente de los medios de comunicación sin análisis ni sindéresis.

       Entre tanto las Farc y sus cómplices desarrollan la guerra política a la medida de su plan estratégico, aprovechando la ignorancia de quienes suponen que el sueño comunista en el continente es cosa del pasado y que los terroristas colombianos contentarían con algunos puestos en la burocracia estatal:

        Guerra sicológica o de propaganda: dentro y fuera de Colombia hay equipos de propaganda comunista con capacidad de reproducir por las redes sociales y las páginas de internet, informaciones elaboradas, que son multiplicadas a granel, gracias a la influencia de dineros provenientes del delito, con los compran conciencias, o les sirven para la multiplicación de sus mensajes por afinidad ideológica, o porque por ingenuidad caen en las redes de la estratagema marxista-leninista.

       Poco a poco las Farc y los demás promotores de las marchas manipulan con artificiosos mensajes, a determinada cantidad de personas, como si se tratara de un irrefrenable e irreversible sentimiento nacional, para forzar al gobierno Duque a aceptar sus imposiciones.

        Guerra de Organizaciones: Cientos de pequeñas “organizaciones sociales” no gubernamentales, dentro y ramificaciones fuera de Colombia, manejadas por los integrantes de los equipos políticos de las Farc que pasaron de agache en Cuba, muchas de ellas integradas por los mismos personajes pero con distintos nombres, complementan la propaganda exigen diálogos y cumplimiento de las imposiciones de Iván Márquez a los delegados de Santos en Cuba. Nada distinto a lo que por años han hecho tradicionales organismos de fachada de los grupos terroristas en Colombia.

       Guerra de masas: Aplicando el principio leninista de utilizar al enemigo para el propósito propio de avanzar hacia el socialismo marxista, las células subversivas enquistadas en las universidades públicas extendieron el virus del escándalo entre jóvenes de otras universidades, e inclusive el Gustavo Petro invitó por las redes sociales a los estudiantes de secundaria, para que salieran a la calle a multiplicar el caos. En este aspecto han sido vitales la guerra sicológica y la guerra de organizaciones.

       Guerra de inteligencia: Gracias a la infiltración en organismos clave, las células comunistas armadas y desarmadas han obtenido información precisa en modo tiempo y lugar, acerca de las previsiones del Estado para contrarrestar los efectos nocivos de las marchas y sus intenciones político-estratégicas.

        La exigencia de suspender bombardeos contra las guaridas de los terroristas y disponer el retiro del Esmad de las áreas urbanas afectadas por el vandalismo y la violencia, son parte estructural de la guerra de inteligencia para maniatar al Estado, con argumentos manipulados de derechos humanos, tolerancia, conciliación etc.

        Guerra militar: Mientras las células urbanas de las Farc y el Eln promovían el sabotaje en las ciudades, las cuadrillas rurales atacaron con un carro bomba a los agentes de policía en Santander de Quilichao, sus mensajeros y cómplices desataron el escándalo mediático de los terroristas menores de edad caídos en un bombardeo en el Caquetá, hasta que por medio de la propaganda sistemática, vendieron la idea que eran simples niños y no criminales capaces de acometer las ya conocidas atrocidades de las Farc, u otras peores…

        Guerra ideológica: Gracias a la combinación de las anteriores formas de guerra política, las Farc y sus cómplices, no solo continuaron en el desarrollo de su plan estratégico, sino que lograron que como idiotas útiles muchas personas desinformadas de quienes son y que buscan los comunistas colombianos, reclamaran por lo humano y lo divino, y que sin percatarse porque creyeron estar actuando en consonancia con sus necesidades insatisfechas, les sirvieron de caja de resonancia con cacerolas, marchas, bloqueos y todo lo que contempla la protesta social en contra de la tranquilidad de millones de colombianos, algo en lo que son expertos las Farc, el Eln y Petro; a quienes se sumaron los santistas del cartel de la mermelada, ávidos de volver a pelechar de los recursos de los colombianos.

        Ante tan evidente realidad, urge al gobierno Duque ver más allá del circulo de la mediocridad que caracteriza a los elogiosos asesores del mandatario, quienes para no perder los puestos y las prebendas que de sus cargos se derivan, ni profundizan en el tema, ni consultan a quienes podrían ilustrarlos al respecto, sino que adulan al jefe y es probable, que hasta buscan sacar ventajas personales de estos sucesos, por medio de la inusitada figuración en los medios y la obvia feria de contratos que caracteriza al sector oficial, con fundaciones de expertos y agencias que venden tiquetes y paquetes hoteleros, para movimientos permanentes de grupos humanos. Se debería poner una lupa bien grande en estos aspectos.

       Una vez más no cabe la menor duda, de que la primera baja en las guerras es la verdad, que las guerras favorecen intereses económicos de empresas privadas que venden lo que el Estado necesita en determinado momento de una confrontación o una crisis, y que casi siempre se produce el ascenso político de funcionarios grises que pelechan de las guerras.

       Todo esto está sucediendo en Colombia desde la orilla gubernamental y de la “sociedad civil” con privilegios otorgados a esos grises burócratas, mientras que las Farc y sus correligionarios, siguen desarrollando asertivamente (para ellos) su plan estratégico de guerra integral… Sucede a la luz del día y ante la indiferencia del país.

       Ni más ni menos. Nada nuevo bajo el sol. Mas de lo mismo desde hace seis décadas en Colombia.

       Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 36 libros sobre geopolítica, defensa nacional y estrategia

       www.luisvillamarin.com

 

 

 

 

 

 

Reciba gratis noticias, articulos y entrevistas

* indicates required

Maintained and Created by: { lv10 }

LuisVillamarin.com, 2015©