Reflexiones político-estratégicas de tormenta mediática contra general Nicasio Martínez

Publicado: 2019-06-01   Clicks: 2003

      El desafortunado ruido mediático que alcanzó connotaciones internacionales acerca del ascenso del general Nicasio Martínez, comandante del Ejército Nacional, luego de la publicación de un reportaje del periódico The New York Times, en el que se sugiere con intenciones  políticas y hechos no probados, endilgar al alto oficial la autoría intelectual del tampoco probado resurgimiento de supuestas conductas ilícitas en el campo operacional, no puede pasar a ser borrón y cuenta nueva, ni dejarse en el ambiente con mantos de duda, ni pasar inadvertido para la institución militar, pues por donde se le mire, este hecho ataca el corazón de la cohesión y la sincronización de los escalones de mando.

     Una vez publicada, la acusación por parte del periódico estadounidense, las redes sociales se inundaron de comentarios a favor del general Martínez y en contra de un general recién retirado y de otros generales activos, señalados de ser los autores intelectuales de una supuesta conspiración orquestada desde las toldas santistas, para buscar que Martínez fuera removido del cargo y al mismo tiempo, subido a esta posición, uno de los generales defensores de la para muchos etérea doctrina Damasco, el gaseoso concepto de ejército multimisión y la muy cuestionada paz de Santos con las Farc.

      Que en la redes sociales los usuarios opinen a favor o en contra de determinada persona o determinada situación política, ni es pecado, ni es nada extraño. Lo que si parecería ser pecado y resulta muy extraño, es que los acusados con nombre propio en las redes sociales, hayan guardado silencio respecto al tema; máxime si se tiene en cuenta el refrán popular que quien calla otorga.

      En consecuencia, ahora que el Congreso de la República dio el espaldarazo al gobierno nacional y al propio general Nicasio Martínez, sería de esencial trascendencia para el país y para la unidad monolítica del Ejército colombiano, que como oficial más antiguo y superior jerárquico de  los generales en actividad señalados en las redes sociales de ser desleales, el general Nicasio Martínez Espinel les ordene que despejen todas las dudas ante los medios de comunicación  y ante el país, sobre cual es la verdad de los hechos, claro está sin desmedro de las acciones disciplinarias y hasta penales a que hubiere legal.

      Aunque en Colombia nos acostumbramos a que un presidente vanidoso y mentiroso, se burle del resultado de una consulta popular y haga lo que le de la gana firmando a nombre de los colombianos todo lo que le impusieron las Farc en Cuba; o a que las espurias decisiones de jueces y magistrados tengan en el congreso a pedófilos, terroristas y narcotraficantes; a que un senador con evidentes signos de graves problemas mentales muestre las nalgas ante el mundo en una sesión del congreso y muchas aberraciones más; lo sucedido con el general Martínez es demasiado grave y no puede quedarse en el borrón y cuenta nueva.

      Si hay responsables de una conspiración, debe caerles el peso de la ley. Sin importar sus abolengos, apellidos, cursos realizados dentro y fuera del país, cargos actuales y anteriores, idiomas que hablen, estampa física de modelos de ropa fina, u otras cualidades personales que tengan. Los traidores dentro de las instituciones armadas, deben ser desenmascarados y castigados de acuerdo con las leyes vigentes. Es la única forma de sentar precedentes para reencauzar y fortalecer la disciplina

      Si es cierto que existió esa conjura, no es de poca monta que algunos altos oficiales entre quienes dirigen a las tropas en todo el territorio nacional, que tienen bajo su control el poderío militar terrestre del Estado colombiano y que con sus decisiones, inciden en la conducta de cientos de miles de subalternos, en contravía con el juramento de lealtad a la bandera y a la disciplina militar, se asocien como delincuentes, para deponer a su comandante natural y que para lograr el perverso propósito, supuestamente se alíen para tales fines con personas ya retiradas de la institución, además de como se sugiere en las redes sociales, con grupos políticos, que se inferiría, pensando en afectar al gobierno de turno, son capaces de urdir las peores bajezas imaginables.

      Es tan grave el daño causado por esos supuestos conspiradores al país, que producto de una ligereza política para bajar la temperatura de las siniestras acusaciones contra el general Martínez, el presidente Duque, probablemente aconsejado por el senador Uribe y la vicepresidente Ramírez, anunció en alocución televisada, la absurda decisión de conformar una comisión de “tres expertos en excelencia militar” dizque para revisar el derecho operacional del Ejército. Por salvar su imagen personal, Duque sacrificó a las tropas. Nada nuevo en la conducta egocéntrica de los mandatarios en Colombia desde siempre.

      Y para colmo de males, el general Luis Navarro comandante de las Fuerzas Militares, salió ante las cámaras de la televisión nacional e internacional, a anunciar su sumisa disposición a que se haga dentro del Ejército, todo lo que se le ocurra al señor Alfonso Gómez Méndez jefe de esa comisión de expertos en temas militares, pese a que ni siquiera prestaron servicio militar.

      Basta con decir que el señor Gómez Méndez es adversario natural de la institución militar. Por militancia política, por ideología y por credo personal. A lo largo de su vida pública este abogado tolimense ha destilado hiel contra los militares, como si estos fueran un obstáculo para sus propósitos políticos personales. En ese orden de ideas, nada bueno se puede esperar de las conclusiones de esta persona, o siquiera esperar que proponga cursos de acción positivos, para la lucha del Ejército contra los actores generadores de violencia en el país.

      De carambola y sin estarlo buscando en este preciso momento, los comunistas armados y desarmados, que desde hace varias décadas habían intentado abrir el boquete o la brecha para meter baza en la doctrina y criterios operacionales de las Fuerzas Militares, con el estulto argumento que en Colombia no hay enemigo interno; aprovecharán lo bueno, lo malo y lo feo que diga Gómez Méndez en su informe final, para “exigir” la reorientación de la doctrina militar colombiana “alejada de los intereses del imperialismo yanqui y bla, bla, bla”

      Lo que de allí se derivaría sería impredecible y podría generar serias fisuras en la moral de las tropas, la eficiencia operacional y los graves peligros de defensa nacional que se ciernen con la continuidad en la presidencia venezolana del régimen de Maduro.

       Aquí se juntan dos realidades: Primero: que si fue cierto lo del complot contra el general Martínez, los conjurados serían personas de muy poca valía militar y escasa visión geopolítica de los factores que afectan la seguridad nacional, por ende nunca merecieron llegar a los cargos actuales, ni mucho menos seguir portando indignamente el uniforme. Y segundo, que en la práctica, si existe una crisis institucional de mando y control, con énfasis en la proyección integral de los oficiales que llegan a generales.

      No es fortuita, la arrodillada ante las Farc en Cuba por parte de los generales Jorge Mora, Javier Florez, Martín Nieto y otros que fueron a La Habana  a sabiendas que no negociaban la desmovilización de los terroristas, sino que por ganar viáticos en dólares y pasear por la isla caribeña, estaban facilitando la inmerecida adjudicación del Premio Nobel de Paz a Juan Manuel Santos.

       Tampoco es fortuito, que de manera sucesiva los generales Juan Pablo Rodríguez Barragán y Alberto Mejía Ferrero hayan sido serviles frente a las veleidades autopublicitarias de Juan Manuel Santos, poniendo la dignidad de las tropas al servicio de los intereses personales del cuestionado presidente.

     No es fortuita la estupidez operacional del general Rubén Alzate en el Chocó cuando fue secuestrado por terroristas de las Farc, debido a que en contraste con su experiencia militar y alto cargo que ocupaba, se encontraba fuera de su puesto de mando, sin las debidas medidas de seguridad y lo que es peor sin haber coordinado ese movimiento con las unidades bajo su comando.

     Mucho menos es fortuita la falta de deontología militar de un general comandante de Brigada que se paró detrás del demagogo Enrique Peñaloza, para anunciar a los televidentes capitalinos, que fue capturado un peligroso ladrón de tapas de alcantarilla, y lo que es peor que el general asomó la cabeza entre los asistentes al show publicitario del alcalde, para que la cámara de televisión lo enfocara y mostrara que él está ahí.

      Y tampoco es fortuito que un comandante de una Fuerza de Tarea, al parecer de manera inconsulta, no solo se deje manipular de un camaleón político como Roy Barreras y un terrorista de las Farc que viajaban en la comisión senatorial al Catatumbo, sino que salga ante los medios de comunicación, a pedir perdón por supuestas acciones ilegales de sus subalternos, sin que estos hayan sido vencidos en juicio.

      La lista de graves errores de algunos generales es más extensa y por la gravedad de los hechos, indica que los actuales comandantes de las Fuerzas Militares y del Ejército, están obligados a desenmascarar a los conjurados si los hubiere, a conformar su propia comisión de verdaderos expertos militares, para verificar y corregir lo que pudiera estar mal en temas operacionales, a leer mejor que lo que firman para impedir ambigüedades, como la que al parecer fue aprovechada por los supuestos conjurados, para buscar la abrupta salida de Nicasio Martínez, y desde luego a evaluar con seriedad y corregir lo que esta sucediendo con la progresiva formación de los oficiales, con énfasis a quieners llegan a ser generales de la república.

      Los casos de los errores de los generales enunciados en Cuba, el Chocó, Bogotá y el Catatumbo, indican que algo o mucho está fallando en este aspecto, y que sin apasionamientos contra quienes adviertan estas realidades, es necesario replantear una serie de conductas de liderazgo, don de mando, deontología militar, y educación doctrinaria en temas de geopolítica, estrategia, defensa nacional, etc.

      De lo contrario, habrá más de lo mismo y vendrán episodios iguales o peores, que sumados al desentendimiento del gobierno nacional en torno a legítimos derechos pensionales, salariales y de salud, al interés de los comunistas de meter baza para causar fracturas internas, y a la hasta ahora señalada pero no confirmada división entre generales santistas y uribistas, podrían generar un complejo caos institucional, que como en río revuelto serian aguas ideales para la labor de los pescadores extremistas.

      Coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       www.luisvillamarin.com

      Especialista en geopolítica, estrategia y defensa nacional. Autor de 35 libros sobre estos temas.  

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