Muerte de "Sangrenegra", otro éxito del Plan Lazo

Publicado: 2021-06-12   Clicks: 541

   

      Jacinto Cruz Usma alias “Sangrenegra” nació en Santa Isabel (Tolima), el 1° de julio de 1932 y murió a la edad de 31 años en zona rural de El Cairo (Valle) el 26 de abril de 1964. Fue primero un bandolero colombiano liberal de la década de 1950, que luego se convirtió en sañudo perseguidor contra los conservadores.

      Sangrenegra ganó fama y renombre por el brutal acto del 'corte de corbata', mediante el cual asesinaba a sus víctimas, haciendo una incisión de lado a lado de la garganta, por donde extraía la lengua del occiso.​

      Su extenso prontuario acumuló 377 homicidios agravados incluida la decapitación con un azadón contra un teniente de la policía, 270 secuestros, 300 violaciones de mujeres de diferentes edades, 150 casos de lesiones personales, 147 casos de extorsión, chantaje y 107 atracos a mano armada.​

      Igual que Tirofijo, el Mono Jojoy, Timochenco, Pablo Catatumbo, Pastor Alape, Carlos Antonio Lozada, Iván Márquez, Efraín Guzmán, Nicolás Rodríguez Bautista, Fabio Vásquez Castaño Pedro Brincos, Desquite, Raúl Reyes, Melco, Zarpazo, Tista o Chispas, sin duda Sangrenegra, fue igual de cruel y sádico, a estos sanguinarios bandoleros de la historia colombiana.

       Jacinto Cruz Usma nació en el seno de una familia de filiación liberal. Los primeros años que siguieron al Bogotazo el 9 de abril de 1948, Sangrenegra fue ajeno a la violencia partidista que azotaba al país. Sin embargo, debido a la muerte de unos primos suyos asesinados en la estación de Policía de El Cairo (Valle del Cauca), Sangrenegra se transformó en asesino y juró venganza permanente contra los policías y militares.

      De allí salió para el norte del Tolima, donde permaneció hasta 1959 involucrado con las guerrillas liberales de la zona.

       A partir de 1959 y mientras el presidente Alberto Lleras Camargo anunció una amnistía con los grupos armados de los tres partidos políticos, de sus senos surgieron numerosas bandas dedicadas al robo, la extorsión y el asesinato denominadas "bandoleros", que actuaban motivados por venganza o al servicio de gamonales y terratenientes.

      Uno de esos bandoleros era Miguel Villarraga alias ‘Almanegra’, quien encabezaba una cuadrilla liberal, a la que se integró Jacinto Cruz Usma a principios de 1960.

       Alma Negra imponía duras pruebas a quien quisiera pertenecer a su cuadrilla. Por lo tanto, pidió a Jacinto que asesinara a un campesino, le hiciera el “corte franela” en la garganta y se tomara cinco tragos de sangre de la víctima; desafío que Usma cumplió casi sin pestañear. Desde entonces su nombre se volvió un mito: Sangrenegra.

      Por su parte, Almanegra fue capturado y encarcelado, pero escapó del centro penitenciario y tres meses después fue abatido en combate contra tropas del batallón Colombia. Desde ese día, Sangrenegra quedó al mando de la cuadrilla, reclutó más hombres y se dedicó a asolar las veredas del norte tolimense.

       Así, en la vereda las Juntas del municipio de Anzoátegui (Tolima), Sangrenegra cometió su primera masacre en febrero de 1962, donde dieciséis personas fueron asesinadas por su cuadrilla. Dos meses más tarde, ‘Desquite’ convocó a ‘Sangrenegra’. para emboscar en la vereda El Taburete, el convoy del Ejército que todos los meses se dirigía con los víveres para los soldados, desde El Líbano (Tolima) hacia el corregimiento de Santa Teresa. Como ya se anotó, en este ataque criminal, murieron trece militares y dos civiles.

       Ante la desbordada violencia tripartidista el general Alberto Ruiz Novoa, envió al batallón Colombia para erradicar el bandolerismo del norte del Tolima. Por lo tanto, en desarrollo del Plan Lazo, entre 1962 y 1965, se libró en esta zona del país, la batalla continuada contra los bandoleros de todas las filiaciones políticas.

       Pese a la intensa persecución militar, ‘Sangrenegra’ no detuvo su trasiego criminal. Se transformó en vengador inclinado a todo tipo de delitos: raptar y violar campesinas y mujeres que laboraban como docentes en alejadas escuelas rurales; asaltar buses para robar y asesinar pasajeros conservadores, incendiar sementeras, expulsar campesinos de sus parcelas, atacar a indefensos labriegos, etc.

      Producto del odio arraigado contra policías y militares, Sangrenegra no desperdiciaba ocasión para atacarlos por sorpresa. Su origen campesino y excelente estado físico, le permitían moverse a pie y recorrer diariamente grandes distancias, a la vez que alimentaba dentro del campesinado y la atónita población urbana, un halo de invulnerabilidad frente a las tropas.

       En febrero de 1963, la cuadrilla de Sangrenegra cruzó el río Magdalena e ingresó a Cundinamarca, donde realizó tres asaltos en San Juan de Rioseco, asesinando a ocho personas. ​

       De nuevo en el Tolima, el 19 de marzo de 1963, Sangrenegra cometió una masacre en la vereda Totaré del municipio de Alvarado, donde decapitó a ocho campesinos, arrojando sus cabezas al río, en presencia de los moradores de la región.  

      Al mediodía del 20 de marzo, en Los Guayabos, en la carretera que de Alvarado conduce a Anzoátegui, asaltó varios vehículos, y allí, la cuadrilla asesinó a trece pasajeros y un teniente de la policía que viajaba de civil. Con el filo de un azadón Sangrenegra decapitó al oficial. Algunos pasajeros escaparon del sitio y avisaron a la policía, pero cuando los agentes del orden se acercaban a socorrer a las víctimas, el bandolero los emboscó asesinando a tres carabineros.​

      Obviamente la presión militar se incrementó contra la cuadrilla de Sangrenegra, quien remontó la Cordillera Central y se refugió durante un tiempo en la zona de los nevados. El 9 de septiembre de 1963, sus hombres asaltaron a una patrulla del Ejército en zona rural de Pereira, donde asesinaron a cinco militares.

       De regreso al Tolima, dos semanas más tarde, ‘Sangrenegra’ cometió la última masacre, cuando asesinó a diecinueve campesinos incluidos 6 niños, en Totarito municipio de Santa Isabel (Tolima).

       El destino de Sangrenegra era su muerte violenta. La búsqueda y persecución de las fuerzas del orden era implacable contra su cuadrilla. El pueblo colombiano pedía su captura o eliminación en combate. Todos los servicios de inteligencia desarrollaban ingente esfuerzo de búsqueda, para localizar su paradero.

       Los hechos que configuraron los últimos días de la existencia del afamado criminal, podrían resumirse en lo conceptuado mediante el criterio táctico-operacional de la Escuela de Infantería para ambientes de guerra irregular: "La población civil es para las guerrillas, como el agua para el pez". Las cuadrillas que por presión de las tropas de un sector se vean obligadas a salir de su área de operaciones, sucumben al ocupar regiones en las que no han preparado un ambiente a su favor.

      La eliminación de la cuadrilla se produjo como resultado de una serie de hechos ocurridos entre los días 26 y 28 de abril de 1964, en la región de las Amarillas y El Clavel, en el área rural del municipio de El Cairo (Valle) en donde fueron dados de baja Jacinto Cruz Usma alias Sangrenegra, Evelio Rodríguez alias Malasuerte, Delfín Cardona Arias alias Cantinero y N. N. alias Avenegra, por unidades de la policía del Distrito N° 7 "Cartago", bajo control operacional del comando del batallón "Vencedores".

       El área general donde se presentaron los combates está compuesta por terreno quebrado, montañoso en su parte más alta y semicubierto de vegetación en su parte más baja. Pero, inicialmente la acción se desarrolló en una casa sobre terreno completamente descubierto. Con posterioridad, durante la persecución del grupo de bandoleros, nuevamente hubo enfrentamientos armados sobre una carretera en terreno descubierto.

       Por informaciones de un habitante de la región, el alcalde del municipio El Cairo tuvo conocimiento de la presencia de Sangrenegra en los alrededores de San Rafael, San José y las Amarillas. Recibida la información del alcalde, el comandante del batallón Vencedores y el oficial S-3 procedieron a entrevistar a los habitantes de la región de Las Amarillas, que iban constantemente al área urbana de la localidad de El Cairo.

        Con base en esta información, el alcalde salió con cinco agentes de policía de El Cairo y buscó la colaboración de un hermano de Sangrenegra, para que le facilitara el reconocimiento ante un posible enfrentamiento armado con la cuadrilla de bandoleros.

       Durante el registro de área, el 26 abril de 1964 a las 12:00 del mediodía ocurrió un choque armado entre los agentes de la Policía Nacional y la banda de Sangrenegra, en una casa ubicada en la vereda Las Amarillas, donde fue dado de baja el antisocial N. N. alias Avenegra. De este enfrentamiento, Sangrenegra escapó herido de ese lugar, e inclusive fue reconocido por su hermano, quien lo identificó en medio del tiroteo. Un agente de policía también resultó herido.

        Hecha la apreciación de situación correspondiente y al considerar el medio hostil y la falta de conocimiento del terreno, que jugaba en contra de los bandoleros, por medio de boletines radiales el batallón Vencedores alertó a los habitantes de la región, y los invitó para que informaran sobre la presencia de los dos antisociales.

       Dichos mensajes alcanzaron su objetivo y la totalidad de los pobladores del sector permanecieron alerta, e informaron todo lo que vieron acerca de los movimientos de los acorralados bandoleros.

        Analizadas y valoradas las informaciones se concluyó que Sangrenegra estaba herido y sus dos acompañantes lo habían dejado solo. Sangrenegra había tomado la dirección sur hacia la Serranía de los Paraguas y sus dos únicos acompañantes huyeron en dirección norte, hacia Mirolindo y Alto Galápagos.

         Dentro del concepto operacional de la maniobra táctica combinada Ejército-Policía, se previó el posible escape de los bandoleros por la carretera, ya que la parte norte en Galápagos estaba cerrado con un pelotón de infantería, que instaló posiciones de bloqueo sobre eventuales puntos de paso. Así, el control de la carretera quedó bajo responsabilidad de la policía, complementado con un retén de Ejército.

        El desarrollo de la maniobra se caracterizó por la marcada colaboración de los habitantes de la región quienes, hastiados de la violencia bandolera, informaron a las tropas todo lo que notaban acerca de los desplazamientos efectuados por los dos últimos antisociales.

         El equipo de rastreo inició un registro minucioso de la zona y a una distancia aproximada de cuatro kilómetros del sitio Las Amarillas en la Serranía de Paraguas, encontró el cadáver de Sangrenegra.

        Simultáneamente los restantes equipos de registro del área integrados por el batallón Vencedores y la Policía Nacional, siguieron la posible ruta tomada por Evelio Rodríguez alias Malasuerte, y Delfín Cardona Arias alias Cantinero, quienes alcanzaron a llegar a la carretera El Cairo-Cartago, pero cerca de 50 civiles armados con escopetas y machetes ayudaron a  localizar y seguir las huellas dejadas por los delincuentes, hasta acorralarlos en el sitio El Clavel, situación que facilitó la acción contundente de la policía, cuando se produjo el intercambio de disparos y murieron los dos criminales.

        A los cuatro bandoleros les fueron decomisadas 2 pistolas, 5 revólveres, 3 granadas de fragmentación MK II, municiones, una placa de detective del SIC, sellos del comando revolucionario, Fuerzas rebeldes del Norte del Tolima, y Comando guerrillero del Quindío.  

       Pese al contundente éxito operacional para la seguridad nacional y la tranquilidad de la región, la baja de la cuadrilla de Sangrenegra generó roces institucionales innecesarios derivados del afán de protagonismo, según consta en escribió al respecto, en la elaboración del caso táctico respectivo, el coronel Armando Vanegas Maldonado comandante de la Octava Brigada:

      “Si bien es cierto que el planeamiento de la operación correspondió al comando del batallón "Vencedores" con agregación operacional de la Policía Nacional, los elementos participantes de esta fuerza explotaron en forma equivocada y con fines publicitarios el hecho físico de la baja de los antisociales. Este aspecto produjo efectos contrarios en la moral de las tropas, que en forma encomiable, cumplieron la misión asignada”.

      Con este golpe, las Fuerzas Militares y de Policía, sumaron al exitoso trasiego del Plan Lazo, la baja en combates, de otro cabecilla bandolero de resonancia nacional. Ya no quedaban sino Manuel Marulanda Vélez alias Tirofijo quien sobrevivió 54 años más depredando a Colombia a nombre del Partido Comunista, Efraín González del Partido Conservador muerto en 1965 y Conrado Salazar alias Zarpazo, dado de baja en 1967. Claro está, que aún pervivían otros bandoleros menos publicitados, pero apropiados de abultados prontuarios delictivos.

       Gracias al contundente golpe contra la cuadrilla de Sangrenegra en el Valle del Cauca, el 4 mayo de 1964 a las tres de la tarde, se presentó al cuartel general de la Octava Brigada un informante voluntario, quien manifestó que había oído una conversación en Calarcá sobre la presencia de un antisocial herido, integrante de la cuadrilla de  "Sangrenegra", escondido en una vivienda rural en la cordillera en los límites entre Caldas y Tolima cerca al sitio denominado El Campanario, y que además, el antisocial herido sabía dónde se encontraba escondido un material de guerra perteneciente a la cuadrilla de  "Sangrenegra".

       Con base en las informaciones precedentes se decidió de efectuar un golpe de mano, con el Grupo Móvil de Inteligencia que entró al área vestido con ropas de civil, haciéndose pasar por bandoleros de la cuadrilla de Sangrenegra que buscaban a unos compañeros que estaban en la parte alta de la cordillera, pero obviamente la intención era engañarlo y hacerle confesar donde estaba escondido el material de guerra.

      La tarea no fue fácil, puesto que inicialmente no se obtuvieron resultados positivos. Inclusive cuando la patrulla regresaba con las manos vacías a Armenia, un campesino informó a los soldados, que a varias horas de camino a pie, había un bandolero herido oculto en la montaña. Ante tal información el grupo de inteligencia se dirigió hacia ese lugar, donde fue capturado Alberto Villamil Ruiz alias "Conejo", quien sin sospechar que estaba con militares cayó en la trampa de ir con ellos hasta Armenia, donde fue apresado e interrogado por especialistas en el tema.

       Finalmente, el capturado confesó la existencia de un armamento perteneciente a la cuadrilla de "Sangrenegra" escondido en la finca El Rancho, corregimiento de Juntas, municipio de Ibagué, en jurisdicción de la Sexta Brigada. Hechas las coordinaciones de rigor, el Grupo Móvil inició la aproximación hacia el objetivo. Al llegar a la finca del cómplice de Sangrenegra, el "Conejo" se hizo reconocer por el administrador de la misma, al mismo tiempo que los soldados pasaron como miembros de una cuadrilla de bandoleros.

      Confiado el mismo administrador condujo al grupo de inteligencia hasta un sitio denominado Santa Elena, localizado a tres horas de camino a pie desde la finca, donde se halló una caleta con el fusil ametrallador N° 614086, hurtado en una emboscada a la Compañía de Lanceros de la Octava Brigada el 7 de septiembre de 1963, una subametralladora Reinsig N° 3005, una carabina San Cristóbal, un fusil Famage y dos fusiles calibre 7 mm.

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