Incidencia geopolítica de la batalla de Boyacá en al construcción de la Gran Colombia

Publicado: 2018-09-23   Clicks: 346

      Geopolítica de Colombia

    Durante la quinta jornada académica del Centro de Geopolítica Colombia realizada el 31 de agosto de 2018 en Bogotá, el coronel Luis Alberto Villamarín Pulido presidente de la Fundación dictó una conferencia magistral dirigida a los miembros fundadores y adherentes del Centro, en torno a Incidencia geopolítica de la batalla de Boyacá en al construcción de la Gran Colombia,

    Para el efecto el expositor inició el conversatorio explicando que la batalla de Boyacá ocurrida el 7 de agosto de 1819 sobre el río Teatinos, fue el hecho de armas mas trascendental de todos cuantos sucedieron en el continente, pues con ella se selló el punto de quiebre para la permanencia del coloniaje impuesto durante casi cuatro siglos por parte de la poderosa corona española.

    cover delirio del libertadorComo hecho de armas, la batalla de Boyacá fue el punto culminante de la asombrosa campaña libertadora emprendida por los generales Simón Bolívar y Francisco de Paula Santander en las llanuras venezolanas, con soldados muy mal dotados con excepción de las disciplinadas tropas de la Legión Británica que fueron enviadas por la corona inglesa a apoyar esta etapa definitiva de la guerra de independencia

   Como componente geopolítico se conjugan una multiplicidad de factores en la campaña libertadora, que a juicio del expositor aún está por hacerse en la academia colombiana. Por ejemplo la decisión del Libertador de constituir un gobierno provisional de la Gran Colombia en Angostura, instalarlo y dejarlo sesionando como sustento político a la audaz e imprevisible campaña libertadora, la forma como los decretos de reclutamiento tuvieron la fuerza del imán para atraer a todos los jóvenes de las regiones por donde pasaba el ejército libertador, y al calor de las marchas y exigentes maniobras tácticas adecuar diferente rasgos culturales y personales a un objetivo común.

   Realizadas las impresionantes jornadas militares del Pantano de Vargas y la batalla de Boyacá, el libertador instaló el gobierno del vicepresidente Santander en Santafe de Bogotá y continuó la guerra contra España en Venezuela, Ecuador y luego se extendió a Perú y Bolivia.

    La rebelión del coronel Rafael Riego en España y el armisticio que firmaron Simón Bolívar y Pablo Morillo en Santa Ana Venezuela, para regularizar al guerra entre dos estados, y quitar los motes de insurrectos y delincuentes, que la corona española daba a las tropas libertadoras, tuvieron una trascendencia enorme en el futuro y el destino del continente, gracias a la genialidad política y militar del Libertador.

    Los siguientes hechos de armas en Carabobo, Bomboná y Pichincha así como las múltiples batallas contra los indómitos pastusos que seguían jurando lealtad a la corona española, no solo magnificaron el tesón y el genio militar de Simón Bolívar, sino que marcaron el derrotero geopolítico de los demás países del continente que se vieron estimulados a seguir el ejemplo, verbigracia el de Panamá que de inmediato se unió a la Gran Colombia y del Archipiélago de San Andrés y Providencia que en poco tiempo izó la  bandera grancolombiana y expulsó a las autoridades de la regencia española que quedaban en las islas.

    El encuentro con el general argentino José de San Martín en Guayaquil en julio de 1822, cuando el fulgor de la gloria política y militar encumbraba la imagen del Libertador Simón Bolívar, es otro evento geopolítico de profunda trascendencia no solo en el continente sino en la historia de la humanidad, pues aunque se ha elucubrado demasiado acerca de lo que se dijo y se acordó en esta reunión a puerta cerrada, lo visible y verificable es que San Martín se retiró del Perú y permitió que las tropas encabezadas por Simón Bolívar, Antonio José de Sucre y José María Córdova, libraran las victoriosas batallas de Junín y Ayacucho, donde el imperio español claudicó definitivamente cualquier pretensión para seguir ocupando militarmente a Suramérica.

    Después vendrían como lógica consecuencia geopolítica de la acción de Libertador Simón Bolívar, el nacimiento de Bolivia como hija predilecta del Libertador, o la independencia definitiva de Chile, Argentina, Paraguay y Uruguay, Centro América y México, quedando pendientes solamente Cuba y Puerto Rico, cuyos procesos independentistas de la corona española fueron auspiciados a finales del siglo XIX por Estados Unidos, como parte de la doctrina Monroe.

Consolidada la independencia de los países bolivarianos, el Libertador puso en marcha el mas audaz proyecto geopolítico y geoestratégico que se haya concebido en beneficio de la proyección estratégica del hemisferio, al convocar en 1826 el Congreso Anfictiónico de Panamá, con el fin de congregar a todas las naciones hispanoparlantes del hemisferio en un solo bloque de poder económico, político, social, militar y geopolítico con capacidad de confrontar en todos los campos a las potencias europeas de la época o a cualquier agresor externo que pretendiera interferir en los procesos autónomos e independientes de los países latinoamericanos.

    Desafortunadamente ese gran sueño geopolítico del Libertador Simón Bolívar comenzó a deshacerse cuando Argentina, México, Estados Unidos y otras naciones sabotearon la asistencia a la cumbre de Panamá, sugirieron una nueva reunión en México y sembraron la división entre los recién independizados pueblos del continente.

    Para colmo de males, el general Antonio José de Paéz se rebeló en Venezuela contra las directrices que emanaba el gobierno central desde Bogotá, Bolívar no tomó acciones más drásticas contra Paéz; y, al mismo tiempo el general Florez se declaró independiente en Ecuador. Pero como si faltaran males al problema, Perú invadió a Ecuador, y fue necesaria la presencia militar de tropas colombianas encabezadas por el propio libertador para derrotar a los peruanos y obligarlos a respetar la autonomía de los otros países.

    Entretanto y forzado por las circunstancias del convulso escenario geopolítico en el que cada líder regional quería ser el caudillo con su propio feudo, sin importar para nada la proyección geoestratégica del continente, el Libertador se vio forzado a emitir una constitución de corte dictatorial para imponer el orden con mano dura. Obviamente, los legalistas santafereños que ya no querían ver al Libertador en el poder, sino unirse a las patrañas santanderistas, urdieron desconocerlo, le impidieron comandar tropas en el exterior y lo obligaron a regresar a Bogotá.

    Cuando el Libertador regresó a la capital de la Nueva Granada, el ambiente era tenso. La solución fue convocar una convención con delegados de todas la provincias de la Gran Colombia para revisar al Constitución de Cúcuta de 1821 y diseñar el futuro del país que en ese momento estaba integrado por las actuales Colombia, Venezuela, Ecuador y Panamá.

    Como era de esperar, la convención de Ocaña se convirtió en un tinglado de agresiones verbales, intrigas y gamonalismos mezquinos, por lo tanto fue disuelta incrementando los odios, las pasiones politiqueras y las ambiciones caudillescas regionales.

     Ante ese panorama tan sombrío, el general Pedro Alcántara Herrán declaró dictador al Libertador y lo instaló en el palacio de gobierno nacional, con la consecuente terminación del periodo vicepresidencial de Francisco de Paula Santander. Por esta razón, los derrotados santanderistas urdieron la más abominable de las conspiraciones escenificadas en suelo colombiano, y atentaron contra la vida del Libertador quien se salvó de milagro.

    Aunque algunos conspiradores fueron fusilados, otros escaparon vivos, y el general Santander fue enviado al exilio, las heridas morales y geopolíticas causadas a la Gran Colombia eran muy profundas. Se acusó al libertador de ser un tirano, de querer proclamarse monarca, y para colmo de males las enfermedades acumuladas por tantos años de vida en campaña en zonas inhóspitas, pasaron factura a la salud de Bolívar.

    No obstante, como ya se anotó en medio de todas esas durezas, fue personalmente hasta el sur del país a sofocar las insurrecciones y las deslealtades de José María Obando y José Hilario López, así como a comandar la batalla del Portete de Tarqui en al que soldados dirigidos por Antonio José de Sucre derrotaron a los avarientos peruanos que pretendían anexar parte del Ecuador a su territorio.

     Y como si fuera el cierre de un mal designio, los dos generales más brillantes de la guerra de la independencia y aliados incondicionales del Libertador en las duras gestas de la guerra, tuvieron destinos finales trágicos. El colombiano José María Córdova, murió asesinado a manos del irlandés Ruperto Hand luego de que el valeroso general granadino se levantara en armas contra Bolívar y fuera necesario enviar un batallón de experimentados soldados a someterlo. Pero herido e indefenso Córdova cayó en manos de Hand quien lo asesinó de manera miserable y cobarde.

     Pocos meses despúes, facciones santanderistas unidas con mezquinos gamonales regionales asociados con Obando, López y Florez asesinaron en la espesura de las montañas de Berruecos al general venezolano Antonio José de Sucre, cuando este regresaba a Ecuador para reunirse con su esposa e hija y planeaba retirarse de la turbulenta vida política. Lo asesinaron porque eran conscientes de su enorme liderazgo, de su amplia visión geopolítica y porque en esencia era la mejor opción para remplazar al Libertador en la continuación del sueño panamericanista y la unidad básica de la Gran Colombia.

    A la cada vez más deteriorada salud del Libertador, esas dos noticias lo afectaron mas. Vía al exilio voluntario hacia Europa, paró en Santa marta para recuperarse de los incesantes ataques de fiebre, tos y otras enfermedades de orden gástrico, el 17 de diciembre e 1830 a la 1 de la tarde expiró en la Quinta de San Pedro Alejandrino, el hombre mas grande que haya parido la América española, y el único estadista y líder con visión geopolítica y acción concreta en este campo que haya visto la luz en todo el hemisferio americano.

     Once años después de que la batalla de Boyacá puso a brillar un sol y abrió un firmamento geopolítico de unidad panamericana, murió su gestor y con su muerte se consolidó el final de la Gran Colombia. 200 años después el continente sigue a la deriva, dividió en países sin deseos programáticos de desarrollo articulado y afectado por la corrupción, la miopía geopolítica y los mismos males sociales que tanto deseó solucionar el Libertador a lo largo de su meteórica carrera geopolítica y de estratega político-militar.

     El coronel Luis Alberto Villamarín es especialista en Defensa Nacional, Estrategia y Geopolítica, temas sobre los cuales ha publicado 35 libros y mas de 1600 artículos especializados. Es presidente fundador del Centro de Geopolítica Colombia y miembro de la Sociedad Bolivariana de Colombia, Academia de Historia Militar de Colombia y Academia de Historia del Huila.

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