Como no hay quorum para el voto en blanco, tocaría votar por Rodolfo Hernández es el menos nocivo de los dos candidatos

Publicado: 2022-05-30   Clicks: 319

   Ni Petro ni Rodolfo tienen condiciones para gobernar a Colombia

 

        Las elecciones presidenciales 29 de mayo 2022, en las que pasaron a segunda vuelta Rodolfo Hernández y Gustavo Petro, dejan profundas preocupaciones para los colombianos. Ninguno de los dos personajes tiene las condiciones para gobernar el país.

      Gustavo Petro es un sujeto incendiario, resentido, con mentalidad bandoleril, con antecedentes terroristas, amigo de invitar a sus seguidores a hacer trampas, con oscuras nexos con lo peor de la política colombiana y con una fijación inigualable, de querer ocupar el solio de Bolívar, porque ya es hora que los representantes del terrorismo izquierdista que tanto atraso y males han casuado a la nación, sean la nueva corriente política de "cambio" en Colombia. Linea procedimental, plagada de populismo, asistencialismo, promotor de la antiindustria privada, amigo de las expropiaciones, y peoncito de de la dictadura cubana.

       Copia de los nefastos gobiernos izquierdistas en Venezuela, Nicaragua, Argentina con los Kirchner, los corruptos Lula y Dilma en Brasil, Castillo en Perú y la lista sigue.

     Por su parte, Rodolfo Hernández está fuera de todo contexto: populista, grotesco, irrespetuoso, agresivo, y con aparentes signos de demencia senil.

      Por su edad antecedentes, y conducta permanente de confrontación, igual que Petro, sin ningún programa de gobierno acorde con los retos y las dinámicas internas y externas del mundo actual, este personaje pretende desgobernar a Colombia, por él solo deseo, de ocupar el solio de Bolívar.

      Sinembargo y en aras del análisis, cabe añadir que son muchas las razones para qué el país, desde siempre sumido en la confrontación interna, la politiquería, la demagogia, la ausencia de objetivos nacionales, haya llegado a este vergonzoso episodio histórico, para elegir presidente de la república, entre dos candidatos de muy escasa catadura y ausencia total de condiciones como estadistas.

       Aparte de haberse convertido en montoneras untadas hasta los tuétanos de corrupción, clientelismo y politiquería, los partidos liberal y conservador, son empresas electorales qué otorgan avales sin tener proyectos estratégicos, ni planes de gobierno a largo plazo, sin gravitar alrededor de objetivos nacionales, sin pensar en políticas de Estado, y sin tener líneas estratégicas para contener y derrotar el populismo marxista, qué de contera se alinea con muchos corruptos de ambas colectividades.

       La ineptitud de los dos partidos tradicionales, que tocaron fondo por sus bajos niveles de credibilidad, ha sido suplida por movimientos populistas, emotividades y oportunismos que están siendo llenados con caudillismos, y esperanzas de un pueblo absolutamente desorientado, porque su cultura política es mínima. Cruda y dura realidad.

      La complicidad de los dos partidos políticos tradicionales en el congreso de la república, para aprobar el fast track, que legitimó la vergonzosa arrodillada ante los bandidos por parte de Humberto De la Calle y sus mudos acompañantes en Cuba, es prueba de la anterior aseveración y una de las razones, para qué el país haya caído tan bajo, como ocurrió el 29 de mayo de 2022, con la inadecuada e inoportuna selección de quiénes pasaron a segunda vuelta.

   La verdad no hay que escoger, ni a quién escoger entre los dos aspirantes finales a dirigir el país desde la casa de Nariño a partir del 7 de agosto de 2022. La ausencia de líderes con visión de estadistas y mentalidad de estrategas, es una grave dolencia mundial. Y, Colombia no es la excepción. Su dirigencia política es parte de esta regla.

     Lo más sensato, lo más moral, lo más conveniente para el país, sería votar en blanco y obligar al Estado colombiano a convocar a unas nuevas elecciones. Pero eso es muy difícil por ahora, en un entorno sociopolítico, en el que "quien tenga más saliva, más harina come", o " quién primero se arrodilla, primero se confiesa".

     Infortunadamente, las circunstancias obligarían a votar por el menos nocivo, el menos malo, quien sería Rodolfo Hernández. A sabiendas, de su presumible problema psiquiátrico, de su escaso programa de gobierno, y de las evidentes limitaciones de su avanzada edad, a lo que se suma, la carencia de equipo de trabajo con cualidades estratégicas para gobernar a Colombia y encajarla dentro de la dinámica geopolítica mundial, regional y local.

      Entregarle las riendas del Estado a Gustavo Petro, sería dar patente de corso al terrorismo cubano, a la corrupción rampante de los populistas que están destrozando el futuro del continente, abrir boquetes para qué las Fuerzas Militares se llenen de "asesores" cubanos y rusos, legitimar a los terroristas del Eln, hacer convenios mafiosos con el cartel de Los Soles de la narcodictadura venezolana, hacer pactos oscuros con todos los carteles de narcotráfico, aumentar las tensiones de los izquierdistas continentales contra Estados Unidos, propiciar escaladas de fugas de capitales, incrementar asistencialismos parasitarios y mantener la vida política del país, en permanente estado de confrontación.

     Así las cosas, Colombia no puede seguir de brazos cruzados mirando su desarticulación progresiva. Es hora de iniciar sin pérdida de tiempo, la construcción de un proyecto político, a partir del 2026, con presidente de la república, congresistas, diputados, alcaldes, gobernadores y personas, formadas para ejercer adecuadamente la administración pública. Un partido que presente al país un proyecto serio, estructurado, con objetivos nacionales, con políticas de Estado, con programas de gobierno, que sean medibles y verificables.

     Ni Petro, ni Hernández dan la talla. Como no hay posibilidad de que el voto en blanco ponga las cosas en su sitio, tocaría aceptar al menos nocivo de los dos, qué es Rodolfo Hernández, eso sí, conscientes que por sus limitaciones mentales y físicas y por su conducta grotesca este personaje, tampoco era el indicado.

      Las desgracias no vienen solas. En política son consecuencias de errores acumulados. Y en Colombia abunda esa acumulación. No hay que llorar sobre la leche derramada. El paso necesario, lógico, inaplazable es construir desde ahora, un partido político serio, o tendremos que lamentar en una década, qué haber prolongado la agonía con el menos malo, resultó letal para todos.

Teniente coronel Luis Alberto villamarín Pulido

Autor de 40 libros de geopolítica estrategia y defensa nacional

www.luisvillamarín.com

 

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