Colombianos: a reflexionar en el futuro político para el 2022. Y a actuar enconsecuencia.

Publicado: 2021-09-27   Clicks: 898

      Se acercan las elecciones para Congreso de la República y Presidente de la República, periodo 2022-2026. Igual que en épocas anteriores, se alborotaron los afanados por hacer parte del sistema que ha tenido al país estancado en corrupción, violencia, rapiña por los cargos donde se manejan nóminas y presupuestos, alianzas para acompañar candidatos no con base en programas; y, todas las torceduras propias de este esquema bicentenario de politiquería criolla.

       Según la revista Semana se han inscrito 59 aspirantes a la presidencia de la república. Además de insólito, resulta ridículo este guarismo. Si se decantara tanta ambición egocéntrica y de desmedida diferencia entre la gana de figurar y las capacidades para cambiar el rumbo de Colombia, quedaría claro, que lo de menos importancia para estos “estadistas de oportunidad” son los programas, los objetivos y las estrategias para trazar la senda que no ha tenido nunca el país.

       Todo indica, que lo importante para esos personajes, es que “yo soy el candidato”, “soy el salvador” o lo que es peor “voy a participar en primera vuelta para ver que alianza (de corruptelas por supuesto) consigo para la segunda vuelta y que cargos de mermelada me tocan en el nuevo gobierno.

       Mientras tanto, no se ve ni se oye por ningún lado que los afamados “estadistas de oportunidad” coligados con extensos séquitos de miles de aspirantes al congreso (ansiosos de los 35 millones de pesos mensuales y otras arandelas), hablen de los temas esenciales para cambiar el errático rumbo que lleva el país.

      No hay programas claros por parte de la multiplicidad de grupos y candidatos, acerca de la seguridad y el desarrollo nacional, que son las dos funciones básicas de todo Estado y sobre las cuales deben gravitar los programas de gobierno de los partidos políticos, para que los electores se los aprueben.

       Por lo visto hasta ahora, ninguno de los 59 aspirantes al solio de Bolívar, ni mucho menos el frondoso ramillete de autoelogiados “transparentes aspirantes al Congreso”, ha dicho al país como se reactivará la economía postpandemia, cómo resolver el drama de la creciente migración venezolana, cómo va a coordinar la lucha internacional contra el narcotráfico para erradicar la eterna violencia en Colombia…

      Tampoco nos han contado como van a atender el empleo juvenil “caballito de batalla de los promotores de la “violencia pacífica” durante las recientes marchas de “protesta social”, o cómo va a ser el arduo camino que le espera a Colombia en las relaciones con la narcodictadura venezolana, que saldrá fortalecida después del sainete con la desprestigiada oposición que les montó López Obrador en México:

        Eso por no abordar por ahora con ellos, los temas de desarrollo agroindustrial, ordenamiento urbano estratégico, futuro marítimo, carga pensional de la tercera edad, demandas de salud, lucha contra la corrupción, readecuación de los sistemas y la cobertura educativa pensando en Colombia 2050, desarrollo de la infraestructura vial, política energética, turismo, impulso a la empresa privada, cooperativismo etc.

        Mucho menos se escucha hablar de cuales serán los planes de contingencia para evitar que la inversión china en la economía nacional, se convierta en más de lo mismo, que los avarientos chinos ya han hecho en otras latitudes, poniendo en sumo riesgo nuestros activos estratégicos.

        Pero como si fuera poco todo lo anterior, la izquierda armada y desarmada con sus cómplices organizadores de la violenta “protesta pacífica”, tienen como as bajo la manga, utilizar descontentos e insatisfacciones sociales, para manipular a miles de “idiotas útiles”, que por estar presentes en las calles reclamando lo divino y lo humano, sirven de megáfono a los terroristas de las Farc, el Eln y los agentes comunistas de las dictaduras de Cuba, Nicaragua y Venezuela, incrustadas dentro de la “primera línea” para causar vandalismo y terrorismo urbano.

        No se sabe tampoco, cómo harán los 59 presidenciables para evitar que los comunistas armados y desarmados sigan destruyendo el país, instigando menos producción privada y más asistencialismo, desestimulando la empresa privada y aumentando la inseguridad o la violencia; con miras a montar sí o sí, una asamblea constituyente de orientación izquierdista, con la probable venia de politiqueros corruptos de los partidos tradicionales que solo ven el signo $$$$ en cada acción que acometan.

        Algo muy grave, porque ahí podría estar el salto cualitativo que desde hace décadas han buscado los comunistas armados y desarmados en el continente.

        Por ahora, solo se ve más de lo mismo que ha caracterizado a la descuadernada historia de Colombia. Desde ya, se evidencian muchos “estadistas de oportunidad”, que en breve saldrán a proponer hasta la pavimentación del río Amazonas y la inmediata construcción con cáscaras de huevo de una carretera submarina, o sobre el mar, para viajar en automóvil entre Cartagena y San Andrés.

        Anestesiado por la pandemia, los altibajos de la selección Colombia de fútbol, y la desvergüenza de muchos demagogos de oficio, el pueblo colombiano sigue a la deriva.

       Ante esta realidad de muchos llamados y pocos escogidos, el país quisiera encontrar no a un Mesías Salvador, sino a un partido con proyectos e ideas claras, integrados por cuadros políticos estructurados en los temas enunciados, que sean disciplinados y estén comprometidos para realizar los proyectos, porque además los acompaña una visión geopolítica a largo plazo.

         Pero, ese partido político no existe en Colombia. Ni entre los tradicionales, ni entre los grupos significativos de ciudadanos, impulsados a hacer politiquería, afectados por la calentura de la pandemia y tal vez, por el efecto tropical de nuestra ubicación geográfica. Ese partido está por crearse, y podría ser liderado por miembros de las reservas de la Fuerza Pública, con profesionales de todas las disciplinas que quieran el país y que estén dispuestos a encarar el reto.

         La explicación es sencilla: Los problemas complejos de una nación son resueltos por estadistas con visión de estrategas. No los resuelven ni los “estadistas de oportunidad”, ni los lenguaraces, ni los demagogos, ni mucho menos los corruptos de siempre. Los resuelven los verdaderos estadistas, que por desgracia escasean en estas latitudes.

         Dicha realidad se interpreta mejor si se analiza, que quienes han detentado el poder nos han sumido en caudillismos de Mesías salvadores, violencia y polarizaciones, entonces lo lógico, es cambiar ese modo de vivir e integrar una fuerza renovadora, cuyo eje de gravedad sea el compromiso, el conocimiento y la visión mínimo a 2050.

        Para el caso específico de las reservas de las cuatro fuerzas armadas de Colombia, el camino está trazado alrededor de programas con objetivos. La historia así lo exige. Será un error, seguir inmersos en acompañar a quienes dan la palmadita en la espalda y ensalzan a militares y policías como los héroes, que en esencia los ayudan a seguir pelechando del poder, mientras mueren muchos uniformados que todas las veces pasan al olvido.

         Pero también será un grave error no participar como una fuerza electoral grande, con un partido propio integrado con ciudadanos colombianos honestos, que marque la diferencia y evite que los comunistas armados y desarmados se salgan con la suya, ingresando a Colombia a la esfera del nefasto socialismo del siglo XXI.

        La grandeza espiritual de los seres humanos se demuestra pensando en grande y actuando en consecuencia. No con autoelogios, que en el ejercicio de la política, solo conducen a ser “estadistas de oportunidad”.

         Sensata invitación a todos los colombianos para reflexionar en el futuro político para después de las elecciones del 2022.

         Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

          Autor de 39 libros de geopolítica, estrategia y defensa nacional

          www.luisvillamarin.com

 

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