13 años después de la Operación Jaque

Publicado: 2021-07-02   Clicks: 806

    Operación Jaque El 2 de julio de 2008, en horas de la tarde Colombia entera celebró con alborozo, la impactante noticia, de la quirúrgica e impecable operación militar, mediante la que sin disparar un solo cartucho, en medio de 350 terroristas armados hasta los dientes y dispuestos a asesinar a quien fuera; un grupo especial de inteligencia militar del Ejército de Colombia, rescató en la zona selvática de Tomachipán Guaviare, a 15 personas que eran víctimas de secuestro y torturas por parte del cartel narcotraficante de las Farc.

      Entre los liberados estaban tres contratistas de nacionalidad estadounidense, once militares y policías; y una persona civil. La cinematográfica incursión fue la consecuencia de una minuciosa y disciplinada maniobra de engaño táctico, iniciada por la creatividad de un sargento especialista en inteligencia técnica, experimentado en desviar las comunicaciones de los bandoleros, hasta convencerlos de órdenes ficticias, inteligentemente manejadas mediante la habilidosa suplantación de las radio-operadoras de las cuadrillas del Bloque Oriental de las Farc.

       Pese a las resistencias iniciales de algunos superiores directos, el sargento insistió en la necesidad de intentar esa novedosa e inesperada maniobra, para inducir a los terroristas a caer en la red. Ese fue su mérito y la clave de la exitosa operación.

      Finalmente el general Mario Montoya Uribe, a la sazón comandante del Ejército, aceptó la sugerencia del convencido suboficial, y dada la dimensión de la audaz decisión, se apersonó del planeamiento de la increíble incursión aeroterrestre con tropas desarmadas, para extraer sanos y salvos a 15 secuestrados.

       Así, el 2 de julio de 2008, en menos de media hora sobre el objetivo, los terroristas cayeron en la trampa. Incrédulo ante la impotencia de la realidad, Alfonso Cano, cabecilla principal de las Farc aseguró que César y Gafas habían traicionado la “moral revolucionaria” y ante el despiporre interno urdió el Plan Renacer, concebido a partir del fortalecimiento de las milicias bolivarianas y la guerra urbana.

      Hugo Chávez y sus cómplices de la mal llamada ONG “Colombianos por la Paz” que en la práctica era “Colombianos por las Farc”, quedaron sin aire y sin la estratagema de la “medicación humanitaria”, encaminada maliciosamente a buscar el estatus de beligerancia para los terroristas.

      Los demás comunistas del continente no salían del asombro. En menos de seis meses, la arrogancia de los cabecillas de las Farc, estaba en el ridículo. Durante el mes de marzo de 2008, habían muerto Tirofijo, Iván Ríos y Raúl Reyes. El Estado colombiano conocía todos los secretos estratégicos del grupo narcoterrorista. El mono Jojoy y Alfonso Cano eran blancos de una insaciable persecución militar. Atortolados y con la complicidad de Chávez, Timochenco e Iván Márquez se escondían en Venezuela. Sin margen de maniobra, Joaquín Gómez estaba dedicado a traficar coca desde el Caquetá y Putumayo. Mientras que Catatumbo, Lozada y Pastor Alape se dedicaban a la pedofilia, que es su deporte favorito.

      Desafortunadamente, el presidente Álvaro Uribe Vélez había cometido el peor de todos los errores políticos en que incurrió, con varios de los cuestionados nombramientos de algunos de sus asesores. Nombró en el inmerecido cargo de ministro de defensa al tramposo demagogo Juan Manuel Santos. Tahúr reconocido, falso y mendaz, Santos se apropió del éxito militar de la Operación Jaque, e inventó que él había sido el autor intelectual de la audaz incursión táctica aeroterrestre. Y hasta contrató consuetas para que le escribieran una fantasiosa historia, propia de un mentiroso patológico.

      Operación Jaque aplicada a los negocios y las ventasDe remate, dentro de las Fuerzas Militares, se multiplicaron por obra y gracia del Espíritu Santo, los gestores intelectuales y los supuestos estrategas que “concibieron, planearon y dirigieron” la operación Jaque. De la noche a la mañana se multiplicó la cosecha de “geniales estrategas” al respecto. Pero la verdad es solo una: La ideó un sargento y todo el desarrollo posterior fue obra de la dirección del general Montoya. Todos los ejecutantes trabajaron bajo su comando y control directos. No hubo mas aportes geniales al respecto, diferentes a mantener el secreto, y desarrollar todas las medidas de engaño y contrainteligencia afines a la decisión del comandante.

       Por desgracia para Colombia, politiquero como siempre, Juan Manuel Santos aplicó la trapacera técnica, propia e la fauna de su especie, de que para llegar a ocupar una silla la forma más efectiva es arrastrarse, llevándose por delante todo lo que encuentre. Vendió la falsa imagen de ser un estratega y un enemigo de quienes en realidad eran sus amigos del alma. Para colmo de males, 9 millones de colombianos le creyeron y lo eligieron, para el también inmerecido cargo de presidente de la república.

       Y ahí comenzó la tragedia que actualmente padece el país. Desmedido en su vanidad y malas prácticas éticas, Santos urdió todas las componendas imaginables para “lagartearse” un inmerecido e innecesario Premio Nóbel de Paz. Para el efecto, contó con la complicidad de cinco poco confiables negociadores de paz, encabezados por Humberto De la Calle y el general Jorge Mora Rangel, quienes estuvieron casi tres años en Cuba, arrodillados ante lo que les ordenaban e imponían Iván Márquez y Jesús Santrich.

       Finalmente se firmó un “pacto de cuervos” entre Santos y las Farc. Nunca se supo si los criminales entregaron las armas o no, pues la misión de la ONU se convirtió en parte del problema no de la solución. Hasta en bacanales y orgías “con guerrilleras indisciplinadas de la cintura para abajo”, estuvieron los “imparciales mediadores de la ONU”.

        De repeso, las Farc nunca desmovilizaron a sus milicias urbanas y rurales, ni a su partido comunista clandestino; además, consiguieron curules y escoltas, siguieron “traqueteando” y nunca entregaron los bienes que son multimillonarios.

       Ahora, en 2021, trece años después de que el Ejército Nacional quebró el espinazo al Plan Estratégico de las Farc y sacó de sus guaridas a la joya de la corona que eran los militares y polcías secuestrados, los mismos cabecillas que en ese momento estaban asediados y dedicados a la pedofilia para “superar el estrés de la guerra”, volvieron a poner en jaque al país, con la complicidad de los promotores de la “protesta pacífica” los narcos mexicanos que financian la violencia terrorista de los criminales infiltrados en la “primera línea” y la connivencia de políticos corruptos ansiosos de sacar réditos personales de la tragedia del pueblo colombiano.

       Trece años después de la Operación Jaque, en la que prácticamente se destruyó la “moral combativa fariana”, Colombia sigue presa de la violencia comunista, y queda claro que Juan Manuel Santos, Alfonso Cano con su plan Renacer y el Mono Jojoy, cada uno con su propia narrativa, estaban de acuerdo en lo mismo: “Las Farc se vendrían para las ciudades a continuar su guerra revolucionaria”

      En síntesis, de nada o muy poco sirvió la emblemática operación para la esquiva paz de Colombia. El riesgo que corrieron los militares que rescataron a los 15 secuestrados, y la hecatombe sicológica al interior de las Farc, terminaron siendo una fortaleza para los comunistas armados y desarmados, que en plena pandemia, con la economía contraída, están destruyendo a Colombia, con la obsesiva aspiración de imitar el “brillante modelo de miseria narco-comunista de Venezuela”

      Todo esto, debido a la mentalidad traicionera, mentirosa y falaz de Juan Manuel Santos, quien ni merecía ser ministro de Defensa, ni Presidente de Colombia, ni Premio Nóbel de Paz. Pero así es la suerte de los tahúres, porque siempre habrá incautos dispuestos a dejarse engañar en la mesa de naipes.

      Lección para aprender y no olvidar.

       Teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido

       Autor de 39 obras de geopolítica, defensa nacional y estrategia

       www.luisvillamarin.com

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