Geopolítica del Medio Oriente

Irán intenta transformar escenario geopolítico mediante estrategia de escalada en Ormuz y Bab el Mandeb

Por Luis Alberto Villamarin Pulido
Irán intenta transformar escenario geopolítico mediante estrategia de escalada en Ormuz y Bab el Mandeb

Visión panorámica del teatro de operaciones

La dimensión militar comienza a producir consecuencias geopolíticas de alcance global en la guerra entre Irán y Estados Unidos. Teherán ya no parece limitarse a resistir la presión estadounidense sobre su territorio, sus puertos y su economía, sino que intenta convertir en instrumento de negociación, vulnerabilidades de rutas energéticas internacionales.

La situación es más compleja por la actuación de los huthíes en Yemen. La captura de posiciones estratégicas sobre el litoral del mar Rojo, incluida la ciudad portuaria de Moca y posteriormente la isla de Perim —Mayun—, coloca a este grupo terrorista en condiciones de amenazar el estrecho de Bab el Mandeb, mientras Irán mantiene bajo presión el estrecho de Ormuz.

La pregunta central, por tanto, no es solamente cuánto territorio pueden conquistar los huthíes, sino ¿hasta dónde puede llegar la utilización iraní de un actor irregular para modificar el equilibrio estratégico de todo el Medio Oriente?

Y aquí aparece una primera conclusión provisional: Irán está demostrando que la guerra asimétrica no necesita producir una victoria militar convencional para generar resultados políticos.

1. ¿Cuál es la real capacidad militar de los huthíes?

Los huthíes no constituyen una fuerza militar convencional comparable con Arabia Saudita, Turquía, Pakistán o Estados Unidos. Su fortaleza reside precisamente en otra cosa: combinar territorio, ideología, experiencia irregular, misiles, drones, inteligencia, movilidad y capacidad para convertir la geografía física en un arma estratégica.

Su capacidad tampoco debe ser subestimada. Durante los últimos años han desarrollado una estructura militar capaz de operar misiles balísticos, misiles de crucero, drones de ataque y sistemas antibuque. Además, han adquirido experiencia atacando buques comerciales y militares en uno de los corredores marítimos más importantes del planeta.

La evidencia disponible contradice la idea de que los huthíes sean completamente independientes de Irán. El Council on Foreign Relations considera a Irán su principal benefactor y documenta transferencia de armas, entrenamiento e inteligencia. En 2025, fue interceptado un cargamento de aproximadamente 750 toneladas de armamento destinado a los huthíes, con misiles, radares, componentes de drones y otros sistemas vinculados a la industria militar iraní.

Pero existe un matiz fundamental.

Los huthíes no son simples soldados iraníes disfrazados de movimiento yemení. Poseen estructura política, intereses locales, experiencia propia y capacidad industrial creciente. Una investigación reciente muestra que buena parte de los componentes utilizados para fabricar sus sistemas procede de múltiples países y que los huthíes han incrementado la producción y ensamblaje local.

Por ello, la relación correcta debe entenderse como interdependencia o tal vez coordinación estratégica. Irán proporciona capacidades que los huthíes difícilmente podrían desarrollar con la misma rapidez, mientras los huthíes ofrecen a Teherán profundidad estratégica, negación plausible y un segundo frente contra sus adversarios.

2. ¿Quién más está detrás de la capacidad huthí?

Es necesario evitar simplificaciones. Aunque por ahora no existe evidencia suficiente para afirmar que Rusia o China estén dirigiendo militarmente a los huthíes, es evidente que si han incidido en esta guerra para sabotear la política exterior de Washington, pues la dinámica de la guerra contemporánea permite que una organización irregular obtenga componentes, tecnologías y capacidades procedentes de redes internacionales mucho más amplias que una alianza militar formal.

Investigaciones sobre las cadenas de suministro huthíes han identificado componentes provenientes de China y de numerosos países. Naciones Unidas documentó, por ejemplo, cargamentos procedentes de China que incluían drones, componentes, sistemas de control, módulos GPS y equipos de vigilancia.

Estados Unidos también ha sancionado redes de adquisición huthíes relacionadas con empresas y operadores localizados en China, Emiratos Árabes Unidos y otros lugares.

Hay quienes afirman que eso no significa que Pekín haya decidido convertir a los huthíes en su instrumento militar, por que China tiene intereses económicos enormes en la estabilidad del comercio marítimo. Pero hay dudas razonables pues de manera mañosa, XI Jing Pin pide a los Terroristas yemeníes que no ataquen sus flotas comerciales.

La situación es reveladora: China puede no querer la guerra, pero tampoco quiere perder capacidad de maniobra dentro del nuevo orden que está surgiendo de ella.

Tal vez, la explicación más plausible no es una conspiración ruso-chino detrás de los huthíes, pero si una combinación de apoyo iraní directo, producción local, redes internacionales de adquisición y aprovechamiento oportunista de tecnologías de origen múltiple con la venia de Putin y Xi Jing pin, pensando en sabotear a Estados Unidos en la zona.

3. Arabia Saudita ya no puede limitarse a esperar a Estados Unidos

La situación saudí es el punto más delicado. Arabia Saudita construyó durante décadas su seguridad estratégica sobre la asociación con Estados Unidos. Sin embargo, la guerra está demostrando que una garantía militar no necesariamente significa protección absoluta de cada infraestructura crítica.

El cierre del oleoducto Este-Oeste saudí después de un ataque con drones constituye una señal extraordinariamente importante. Esa infraestructura permitía a Riad reducir su dependencia de Ormuz; ahora también está sometida a presión.

Por consiguiente, Arabia Saudita tiene que adoptar una estrategia propia de supervivencia energética. No significa necesariamente declarar una guerra abierta contra Irán. Puede significar reforzar defensa aérea y antidrones, proteger terminales petroleras, incrementar inteligencia, fortalecer fuerzas navales y construir una coalición regional capaz de garantizar la navegación. Pero a la larga eso sería prolongar la agonía.

Y aquí aparece el pacto de defensa entre Arabia Saudita, Pakistán y Turquía firmado en agosto de 2026, que establece que un ataque contra uno de los tres países será considerado un ataque contra los tres.  Eso transforma progresivamente la arquitectura de seguridad regional.

4. ¿Intervendrá Pakistán?

Pakistán enfrenta un dilema extraordinario. Por una parte, mantiene una relación estratégica con Arabia Saudita. Por otra, está intentando desempeñar un papel mediador entre Washington y Teherán. Islamabad confirmó que continúa comprometida con el proceso diplomático establecido mediante el Memorando de Islamabad y con los mecanismos de diálogo desarrollados junto con Catar.

Por ello, una intervención militar directa pakistaní contra Irán o sus proxies,  sería extremadamente costosa. Sin embargo, el problema cambia si Arabia Saudita es atacada nuevamente y el ataque se interpreta como una agresión contemplada por el pacto de defensa.

En ese caso, Islamabad tendría tres alternativas: participar militarmente, ampliar su apoyo defensivo sin entrar directamente en combate o intentar utilizar su relación con Irán para detener a los huthíes. Sería algo muy enredado y de hipocresía mayúscula.

Aunque más hipócrita aún, la tercera opción continúa siendo la más racional para Pakistán mientras pueda sostenerla y que Islamabad dijera conviene corregir un punto del planteamiento inicial: no encontré evidencia fiable de que India haya firmado un pacto de defensa mutua con Arabia Saudita.

 Por ahora, lo que sí está documentado es que Narendra Modi ha exigido a Irán preservar la libertad de navegación y la seguridad del comercio marítimo, mientras India intenta mantener relaciones simultáneamente con Irán, los países árabes, Israel y otras potencias.  Por eso, Nueva Delhi probablemente continuará utilizando diplomacia, presión económica y protección de sus intereses marítimos antes que entrar directamente en una guerra.

5. ¿Los países del Golfo abandonarán a Estados Unidos?

No parece probable una ruptura completa. Sí es probable, en cambio, una reducción progresiva de la dependencia exclusiva de Washington.

Los países del Golfo tienen una contradicción estructural puees necesitan a Estados Unidos para determinadas capacidades militares, pero también necesitan convivir geográficamente con Irán.

La reunión prevista en Omán sobre el futuro de Ormuz es significativa precisamente por eso. Teherán intenta transformar una situación militar excepcional en algún tipo de reconocimiento político de su papel en el estrecho. Incluso ha planteado mecanismos que podrían incluir el cobro de tasas a los buques, propuesta que encuentra resistencia de Omán.

Pero una cosa es negociar con Irán y otra aceptar su hegemonía. Los Estados del Golfo tampoco pueden simplemente olvidar los daños sufridos y aceptar que Teherán conserve indefinidamente la capacidad de cerrar rutas energéticas.

Por ello, el escenario más probable es que Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Catar, Baréin, Kuwait y Omán “no den la espalda” a Estados Unidos.

Es algo más complejo: intentarán conservar a Estados Unidos como garante militar, mientras simultáneamente construyen mecanismos regionales propios para no quedar indefensos si Washington decide limitar su intervención.

6. ¿Qué hará Donald Trump?

Este es quizá el interrogante decisivo. Donald Trump afirmó que espera que la guerra termine inmediatamente después de las elecciones legislativas estadounidenses de noviembre. Al mismo tiempo, ha dicho que no se arrepiente de haber entrado en guerra con Irán.

Esto significa que Washington está atrapado entre dos necesidades contradictorias. La primera es demostrar que Estados Unidos conserva capacidad de coerción estratégica.

La segunda es evitar que la guerra se transforme en un conflicto interminable que aumente los precios de la energía y desgaste políticamente al gobierno estadounidense.

El avance huthí introduce una tercera variable: si Irán consigue mantener simultáneamente bajo presión Ormuz y Bab el Mandeb, Washington tendría que decidir entre aceptar una nueva realidad regional o ampliar sustancialmente su intervención.

Y cada opción tiene costos. Una retirada sin resultados visibles podría interpretarse como una victoria iraní. Una guerra mayor podría producir exactamente el efecto económico y político que Teherán busca reflejado en petróleo caro, inflación y presión sobre los aliados estadounidenses.

Conclusiones geopolíticas

1. Irán viró la geografía en poder de negociación

La verdadera victoria iraní no sería conquistar Arabia Saudita ni derrotar convencionalmente a Estados Unidos. Sería lograr que Washington, Riad, Nueva Delhi, Islamabad y los Estados del Golfo modifiquen decisiones debido a la amenaza sobre Ormuz y Bab el Mandeb. Eso es poder geopolítico.

2. Los huthíes corroboran tesis de la transformación de la guerra asimétrica

Un actor irregular relativamente pequeño puede adquirir relevancia estratégica mundial cuando controla o amenaza un punto de estrangulamiento marítimo. Los huthíes no necesitan destruir la economía mundial. Les basta con hacer suficientemente costoso, inseguro y riesgoso el tránsito marítimo para modificar precios, seguros, rutas comerciales y decisiones políticas.

La captura de Moca y las posiciones próximas a Bab el Mandeb demuestra hasta dónde puede llegar esta estrategia.

Está naciendo una arquitectura de seguridad más autónoma en Medio Oriente

La consecuencia más profunda puede ser la progresiva pérdida del monopolio estadounidense sobre la seguridad regional. No significa que la influencia de Estados Unidos desaparecerá del Golfo. Significa que Arabia Saudita, Turquía, Pakistán, India, Irán y los demás Estados regionales estarían comenzando a construir múltiples relaciones de seguridad simultáneas.

El pacto saudí-pakistaní-turco, la mediación pakistaní, las conversaciones de Omán, la diplomacia india y el comportamiento pragmático de China son piezas de una misma transformación en el que el sistema regional está dejando de ser exclusivamente bipolar —Washington contra Teherán— para convertirse en un tablero multipolar, donde cada Estado intenta maximizar su autonomía estratégica.

La gran pregunta ya no es quién ganará militarmente la guerra. La verdadera pregunta es ¿quién conseguirá convertir la guerra en una arquitectura política favorable cuando llegue el momento de negociar la paz?

Y, en ese terreno, Irán ha demostrado que entiende algo esencial de la estrategia contemporánea, donde una potencia no siempre necesita dominar físicamente un espacio para conseguir que los demás actores tengan que negociar con ella como si lo dominara.

 Acerca del Autor:
     El teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es un oficial veterano del Ejército de Colombia, reconocido analista internacional de asuntos estratégicos, geopolítica y seguridad nacional. Autor de más de 40  libros sobre el conflicto colombiano y  terrorismo internacional. Además conferencista internacional y consultor experto en defensa y liderazgo militar en los medios de comunicación en español, más relevantes del mundo. Acerca del Autor:
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