Geopolítica de Estados Unidos

Enseñanzas geopolíticas de 250 años de historia de Estados Unidos

Por Luis Alberto Villamarin Pulido
Enseñanzas geopolíticas de 250 años de historia de Estados Unidos

Visión general

La historia de Estados Unidos no es solamente la crónica de una nación en expansión, sino el laboratorio más estudiado de la geopolítica moderna. Desde su nacimiento como república fundada sobre un conjunto de trece colonias periféricas, hasta su consolidación como potencia hegemónica global, el derrotero estadounidense ha sido guiado por un pragmatismo implacable, a menudo disfrazado de idealismo democrático.

Este escrito examina la trayectoria de Washington bajo el prisma de la trascendencia geopolítica relacionada con búsqueda constante de seguridad, control de líneas de comunicación marítimas, proyección de poder blando y duro, y gestión de una complejidad financiera que ha sostenido su dominio.

En ese orden de ideas, exploraremos cómo la metamorfosis del poder americano asediado por China, la voracidad rusa, la posición reactiva de Europa, el terrorismo islámico, el narcotráfico, la migración ilegal y la volatilidad de carácter de Trump, revela las constantes y las contradicciones de una potencia que, hoy, enfrenta el reto de mantener su invulnerabilidad en un escenario diferente al de la guerra fría con la Unión Soviética y el lustre militar, tecnológico y comercial de la postguerra a partir de 1945.

Imperativo territorial marcado desde el nacimiento hasta la consolidación

El nacimiento como Estado-Nación gobernada de manera republicana, sobre los cimientos de trece colonias británicas rebeladas contra la corona, no fue solamente el publicitado acto de destino manifiesto, sino un ejercicio de realismo geopolítico.

En realidad, la alianza con Francia, España y los Países Bajos causó una fractura geopolítica y geoestratégica al imperio del monarca Jorge III. La independencia de las 13 colonias no fue el fin, sino la liberación de las manos propias para la expansión de una nueva visión de presencia geopolítica planetaria.

La Guerra de 1812 contra la corona británica, demostró que la seguridad nacional de la Unión Americana requería el control de las fronteras continentales, mientras que la Doctrina Monroe publicada en 1823 indicó la selección unilateral del hemisferio americano como  zona de exclusión para potencias del viejo continente, en un escenario denominado patio trasero bajo la tutela de Washington.

El siglo XIX fue una vorágine de compras territoriales tales como Florida, Luisiana y Alaska y de anexión por la fuerza de parte del territorio de México. La Ley del Guano de 1856 es el ejemplo temprano de cómo Estados Unidos entendió que los recursos estratégicos eran vitales para su seguridad y proyección de poderío.

Al mismo tiempo, la obsesión por la presencia y control físico del mar encontró su mentor en el Almirante Alfred Thayer Mahan, cuya tesis sobre el poder naval convenció a Washington de que la grandeza nacional dependía del dominio de las rutas oceánicas, una marina de guerra poderosa, la preminencia comercial y la inversión financiera en los principales puertos y mercados del mundo. Esta visión impulsó la construcción del Canal de Panamá, gracias a que la Doctrina de Theodore Roosevelt instrumentalizó el "derecho internacional" al expoliar el istmo de Panamá, separándolo de Colombia para asegurar el paso interoceánico.

Era de las dos guerras mundiales y síndrome de la posguerra

Estados Unidos entró en la Primera Guerra Mundial para evitar una hegemonía continental alemana que amenazara el equilibrio del Atlántico. No obstante, su repliegue del Pacto de Versalles fue un error geopolítico de cálculo. Es sencillo, una potencia global no puede retirarse de las instituciones que ella misma ayuda a moldear.

La Segunda Guerra Mundial consolidó el American Century. Al finalizar, con Europa en ruinas, Estados Unidos emergió como la única nación capaz de sostener el sistema capitalista. Tras el diseño geoeconómico de Bretton Woods, el dólar estadounidense se convirtió en la moneda de reserva global, mutando hacia el esquema de petrodólares en la década de 1970.

 Es decir, la Casa Blanca financió su expansión militar imprimiendo la divisa que el resto del mundo necesitaba para comprar energía y hacer transacciones comerciales. Sin embargo, el lustre del poderío americano comenzó a deslucirse tras la Segunda Guerra Mundial. El fiasco en Corea —tablas en el ajedrez geopolítico— fue el punto de partida para el Síndrome de Vietnam, donde quedó demostrado que la tecnología no doblega voluntades nacionales cohesionadas amparadas en guerras de guerrillas y desgastes prolongados sin precisar al adversario en el terreno.

Ambivalencia estratégica, lo que va de Taiwán a Ucrania

En el tablero geopolítico global, Washington maneja ambivalencia estratégica calculada para contener a sus rivales. La política respecto a Taiwán —una autonomía de facto respaldada militarmente, pero bajo deliberada ambigüedad diplomática— busca frenar parcialmente la expansión china sin precipitar un conflicto abierto.

Esta postura encuentra eco en el conflicto en Ucrania. No es inconsistencia moral, sino arquitectura de contención donde el apoyo con altibajos a Ucrania frente a Rusia permite desgastar la capacidad proyectiva del adversario sin que Washington comprometa tropas en el frente, priorizando preservar su ventaja estratégica regional.

Pugna tecnológica y Golfo Pérsico, nuevo campo de batalla

La relación Washington-Pekín mutó de la competencia comercial clásica a una guerra tecnológica de suma cero. La contienda por los semiconductores, el dominio de la Inteligencia Artificial y la soberanía sobre las redes de fibra óptica 5G y 6G son pilares de la seguridad nacional del siglo XXI.

Estados Unidos emplea una estrategia de "asfixia tecnológica", restringiendo el acceso de China a herramientas críticas y talento, mientras Pekín responde con un ambicioso programa de autosuficiencia radical y dominio de la industria de minerales raros. Esta desconexión forzada está reconfigurando cadenas de suministro globales, obligando a terceros países a elegir bloques, lo cual tiende a fracturar la economía mundial en ecosistemas incompatibles.

En paralelo, el Estrecho de Ormuz permanece como epicentro de inestabilidad. Los desenlaces de la crisis en esta zona bajo la actual administración apuntan a un escenario de alta tensión donde el "handicap" financiero de Estados Unidos es presionado por una creciente alianza entre Irán, Rusia y China. Si Washington persiste en una política de sanciones máximas sin estrategia diplomática de contención en el Golfo, corre el riesgo de que las potencias rivales terminen consolidando una ruta energética alternativa que eluda completamente el control del dólar y de la armada estadounidense.

Prospectiva de escenarios realistas

1. En el Golfo Pérsico: La inestabilidad favorece a los actores que buscan desplazar a Washington, obligándolo a mantener una presencia militar costosa que agota su presupuesto mientras China gana influencia comercial.

2. La fragilidad interna: El mayor riesgo geopolítico de Estados Unidos sigue siendo la incapacidad para combatir el narcotráfico dentro de sus fronteras, mientras exige a sus socios controles externos. Esta desconexión erosiona su legitimidad como líder del orden global. Y aunque no incide por ahora en las elecciones internas, con el paso del tiempo se añadiría a problemas derivados de inmigración, inflación y la alarmante polarización bipartidista.

3. Hegemonía cuestionada: El futuro geopolítico estadounidense dependerá de si la actual administración puede trascender la pugna tecnológica inmediata y diseñar un modelo de competencia que no convierta al resto del mundo en un tablero de sacrificios tácticos.

En conclusión, la lección geopolítica de 250 años es clara: la geopolítica favorece al actor que entiende que el poder no es solo la fuerza militar, sino la capacidad de proyectar una visión estable. Para su reflexión, Washington pasó de arquitecto del mundo a actor defensivo, cuya mayor amenaza está en China, y en su propia dificultad para armonizar acciones externas con realidades internas.

   Acerca del Autor:
     El teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es un oficial veterano del Ejército de Colombia, reconocido analista internacional de asuntos estratégicos, geopolítica y seguridad nacional. Autor de más de 40  libros sobre el conflicto colombiano y terrorismo internacional. Además conferencista internacional y consultor experto en defensa y liderazgo militar en los medios de comunicación en español, más relevantes del mundo.

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