Análisis
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2021
Análisis del conflicto armado en Colombia El 4 de noviembre de 2011, el mundo recibió la noticia, que en una sorpresiva incursión aeroterrestre, en e área rural de Suarez Cauca, tropas del Comando de Operaciones Especiales d las Fuerzas Militares, dieron de baja en combate al capo del narcotráfico y cabecilla del grupo terrorista Farc, Guillermo León Saénz Vargas, más conocido en la agrupación criminal con el alias de Alfonso Cano, quien en ese momento, era el cabecilla principal de la organización delictiva. Oportunista, el presidente Juan Manuel Santos dijo que la noticia de la eliminación de este capo del narcoterrorismo le había sacado lágrimas. Casi todos los exministros de Defensa también se dieron aires de popularidad arguyendo supuestas genialidades anteriores ideadas por ellos, para por fin llegar al capo de capos del cartel de las Farc. Y como suele suceder, en los medios de comunicación se multiplicaron los analistas que saben y opinan con vehemencia sobre todo de lo que no conocen. Pocos días después quedó al descubierto, que al estilo de cualquier monarca africano, y ansioso por ganar reelección presidencial y premio Nobel de Paz, Juan Manuel Santos tenía a su propio hermano Enrique, en calidad de mandadero coordinando con otros capos del cartel fariano, el inicio de conversaciones. Y que, por esa misma razón, Santos había disfrazado de soldado a uno de sus delfines y hasta había consumado la “cantinflada”, de parar un desfile militar frente a la tribuna presidencial, para bajar a darle un beso en la mejilla al supuesto soldado de Fuerzas Especiales, con la misma desfachatez que posó en calzoncillos en una casa sin cuota inicial para una familia de escasos recursos en Valledupar. Tropicalismo puro y duro. En medio de ese sainete de oportunismo y populismo, el extraordinario éxito táctico de la Operación Odiseo contra Cano, que puso a las Farc al borde de la extinción, se convirtió en una derrota político-estratégica para el país, porque ante la ineptitud de los negociadores enviados por Santos a Cuba, los capos que representaban a los terroristas en La Habana, fueron más hábiles e impusieron la agenda, el ritmo, la concepción jurídica del asunto y las 298 páginas del espurio acuerdo, al que de remate los autonombrados de la derecha, le agregaron 12 páginas, porque no podían por fuera del show politiquero del momento.. Para legitimar el pacto de Santos con las Farc, los complotados de lado y lado, contaron con el apoyo de la Secretaría General de la Onu, entidad del alto organismo multilateral, que a falta de resultados tangibles en complejas situaciones como las guerras civiles en Siria, Libia y Yemen, o las ya consuetudinarias hambrunas del África, optó por “apoyar” el embeleco pacifista de Santos, y hasta le legalizó el documento final con la “categoría de acuerdo internacional”. Léase pacto entre dos Estados en igualdad de condiciones.