Ataque del Eln con drones contra cuartel de Ocaña, impone replantear estrategias militares
Guerra de drones del Eln es estrategia para golpear al Estado desde las sombras
El ataque narcoterrorista del Eln contra el Cantón Militar El Trapiche, en Ocaña —donde lamentablemente murieron el capitán Marco David Pirajón Montezuma y los soldados profesionales Joel Alberto Jiménez Jaramillo y Jhon Carlos Marrugo Manjarrez— corrobora audaz tendencia de un salto cualitativo en las maniobras guerrilleras.
La incorporación de drones comerciales artillados con explosivos permite al terrorismo golpear sin arriesgar combatientes, sembrar sorpresa, causar bajas y lograr un impacto psicológico desproporcionado frente al bajo costo de los artefactos. El objetivo no es contrarrestar el dron sino la estructura que lo hace posible Combatir únicamente al operador del dron en el terreno es atacar el último eslabón de la cadena. La supervivencia del Eln reside en una red integral: enlaces urbanos, logística, finanzas y colaboradores encubiertos.
El reto de inteligencia militar no es solamente derribar el aparato, sino rastrear la cadena completa: quién compra los equipos, los ingresa al país con la presumible corrupción en las aduanas que les permiten el paso, quien los almacena, los modifica con explosivos y suministra las coordenadas de los objetivos. El ataque con drones del Eln y las Farc es una operación política Estas acciones persiguen dos fines: exhibir músculo militar y forzar políticamente el retorno a la mesa de negociaciones mediante la conmoción nacional.
Paralelamente, operan sectores que impulsan narrativas funcionales al grupo armado. Frente al reclutamiento forzado, el enfoque debe ser contundente: el objetivo real del Estado es proteger y rescatar a los menores desarticulando y combatiendo directamente al reclutador, no frenar las operaciones militares bajo falsos dilemas, ni complicidades perversas enmascaradas con la farsa de proteger la niñez. Catatumbo y la dimensión transfronteriza El Catatumbo es laboratorio de esta guerra debido a su geografía, posición geoestratégica y corredores de contrabando aptos para la logística de drones. A esto se suma el histórico aporte de la profundidad territorial venezolana como retaguardia estratégica del Eln y las Farc.
La gabela de territorio extranjero para perpetrar ataques en Colombia transforma el conflicto en una amenaza regional, exigiendo la atención activa de la comunidad internacional y de aliados como Estados Unidos, en particular con la suigéneris situación de la continuidad de la narcodictadura del cartel de los soles a pesar de la captura de Maduro. Desarticular redes de apoyo al narcoterrorismo, no solamente las cuadrillas de narcoterroristas La respuesta militar exige una ofensiva judicial y de inteligencia liderada por la Fiscalía y el CTI sobre las redes de apoyo logístico y financiero. La acción de la justicia debe ser ciega a las coberturas políticas, sindicales, jurídicas o religiosas.
Quien utilice investiduras, credos o el ejercicio legal para colaborar con el narcoterrorismo contra Colombia debe ser investigado y judicializado sin contemplaciones. Recuperar la iniciativa estratégica Frente al nuevo escenario de confrontación, el Estado no puede limitarse a reaccionar bajo el ritmo que impone el narcoterrorismo apadrinado desde Cuba y Venezuela. Se debe arrebatar la iniciativa combinando inteligencia técnica y humana, sistemas antidrones eficaces, protección de puntos críticos y consolidación de la presencia estatal en el territorio.
Esta confrontación no se define únicamente en el campo de batalla rural. Derrotar la arquitectura terrorista Ocaña representa una advertencia táctica. El riesgo de fondo no es el aparato que vuela, sino el entramado humano que lo financia, lo arma y lo coordina. Colombia no ganará la guerra limitándose a derribar drones; la victoria solo llegará si se destruye por completo la estructura clandestina que los pone en el aire.
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