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Reintegro de generales: ¿necesidad, amiguismo o mesianismo? Carta abierta del coronel Villamarín a De La Espriella

Por Luis Alberto Villamarin Pulido

Reintegro de generales: ¿necesidad, amiguismo o mesianismo?

      Durante la última semana han circulado en redes sociales comentarios de miembros de la reserva de las Fuerzas Militares y de Policía sobre la conveniencia de llamar nuevamente al servicio activo a oficiales generales que fueron llamados a calificar servicios o retirados abruptamente al inicio de la gestión de Gustavo Petro.

      Abundan opiniones que, en apariencia, son autoelogios. Se citan autores extranjeros ajenos a la etiología, la dinámica sociopolítica y la realidad sociológica de Colombia; expertos foráneos desconocidos que poco o nada aportan a nuestra situación de Seguridad y Defensa Nacional. Sobre el reintegro al servicio activo, habría que evaluar las razones específicas en cada caso. El Gobierno Nacional tiene esa facultad, pues los militares y policías no son pensionados, sino parte de la reserva, dispuestos a aportar sus conocimientos cuando la ley así lo determine.

      Más allá del ímpetu mediático, no es claro qué beneficio institucional traería la reincorporación de quienes tuvieron el mando en gobiernos anteriores sin marcar diferencias sustanciales. Resulta de mayor cuidado que algunos ya hayan participado en campañas políticas, con la complejidad que implica mezclarse con quienes han utilizado la política en beneficio propio. Es evidente que, al nombrar a un general ministro de Defensa "untado" de politiquería, que seleccionó a dedo a sus asesores, pronto llegará con su grupo cercano, como los toreros.

      Esto ya es perceptible en el empalme con el gobierno saliente. Queda claro que la selección no responde a cualidades profesionales ni idoneidad, sino al amiguismo entre el jefe y su entorno, o a las erróneas asesorías recibidas por el señor De La Espriella. Existe ya una inclinación hacia gustos particulares, pese a la desconfianza entre los electores del sector. Si algunos de ellos son restituidos, no llegarían a cumplir reglamentos y funciones, sino a establecer "roscas" de castas políticas letales para la institución. "Pelaron el cobre" al escoger círculos poco democráticos para el equipo de empalme; lo que comienza mal, termina mal.

      El presidente De La Espriella debe asesorarse adecuadamente. No debe escuchar a quienes le hablan al oído, sino evaluar visiones estratégicas alejadas de la rapiña de cargos —incluyendo suboficiales, soldados y agentes— para armonizar planes de seguridad con desarrollo y adoptar decisiones ecuánimes. Recuperar el sendero institucional no puede ni debe inducir a politizar la fuerza pública, ni repetir el error de Gaviria, Samper, Pastrana, Uribe, Santos, Duque, Petro y sus antecesores: utilizar la institución como un "trompo de poner" para favorecer su imagen personal cuando les conviene, o abandonarla al festín de los politiqueros cuando sus intereses se ven afectados. Probablemente, hay generales retirados por Petro debido a errores, intrigas u ojerizas.

     Esto exige un análisis prospectivo que determine qué favorece a la institución, qué afecta la disciplina y qué requieren las Fuerzas Armadas para recuperar su posicionamiento constitucional. Urge, sí, retirar de la actividad a oficiales petristas plenamente identificados, quienes renunciaron a su juramento de soldados, y dar espacios a quienes mantienen una verdadera vocación patriótica. Quizá lo más técnico sería contratar a oficiales y suboficiales de la reserva como asesores experimentados —sin incidencia sobre el mando— para mejorar el bienestar, la disciplina, la instrucción y los enfoques operacionales.

      Pretender gobernar con los mismos de siempre, quienes ya se "untaron" de corrosivos amiguismos en campañas políticas, sería fomentar la corrupción, resquebrajar la institución y profundizar el daño que ya han causado Petro y sus antecesores. Les habló el teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido.

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