Geoestrategia iraní de guerra híbrida en Ormuz puso en jaque poderío estadounidense
El sistema geopolítico internacional contemporáneo experimenta una mutación profunda, dentro de la que están colapsando estrepitosamente aquellas premisas de la hiperglobalización comunes durante la década de 1990, tras la caída de la Unión Soviética, que por su naturaleza viraron en sostenedoras de la ilusión de la aldea global, con un mundo idealizado sin distancias, desprovisto de fricciones geográficas y dominado por la fluidez digital y financiera.
No obstante, la realidad geopolítica actual demuestra que las cadenas de suministro, los puntos de estrangulamiento energético y el control territorial continúan dictando el pulso del poder mundial y que la lectura miope de estas realidades conduce a incrementar los problemas propios de la interacción geopolítica internacional.
Lo que las potencias occidentales interpretaron erróneamente como la obsolescencia de la integración de todas las geografías como artífices de la geopolítica y del poder militar clásico, porque en teoría se acabarían las fronteras internacionales, es en su justa dimensión, un profundo desconocimiento de la fenomenología geoestratégica, característica común de dirigentes políticos más preocupados por cazar votos que por construir proyectos de Estado.
El reciente caos económico derivado de la interrupción del tráfico marítimo en el golfo Pérsico y el mar Rojo evidencia que el comercio —motor primigenio de las sociedades humanas— sigue siendo el eje sobre el cual gravitan e interactúan la seguridad nacional, los aranceles, el surgimiento del dinero y la necesidad imperiosa de la protección militar en las fronteras.
Esta vulnerabilidad quedó expuesta de forma dramática con la escalada de ataques con drones y misiles perpetrados por milicias huthíes apoyadas por Irán contra petroleros e infraestructuras críticas —verbigracia, las instalaciones de Saudi Aramco en Riad—, obligando a las fuerzas estadounidenses a escoltar buques en medio de un cierre casi total de esta vital arteria energética, al extremo que las reservas mundiales de petróleo procesado descendieran drásticamente de 10.000 a 6.000 millones de barriles.
Génesis y evolución del poder visto desde el comercio primitivo hasta la síntesis geoestratégica
Desde el inicio de las sociedades organizadas, el comercio determinó la necesidad de erigir defensas militares para neutralizar a los salteadores y salvaguardar los flujos mercantiles de las apetencias de potencias rivales. A lo largo de la historia moderna, la planificación de la seguridad mundial estructuró una serie de doctrinas geopolíticas basadas en la hegemonía espacial, tales como, la teoría del poder naval de Alfred T. Mahan, el dominio del Heartland terrestre de Hartford Mackinder, o el despliegue del poder aéreo teorizado por Giulio Douhet.
A estas se sumaron posteriormente las dinámicas tecnológicas desatadas tras la Segunda Guerra Mundial y las subsecuentes escuelas de geopolítica formal e informal, algunas de ellas nominales y sin escolástica, al punto que hoy abundan en la academia y los medios “expertos geopolíticos” analistas de lo divino y lo humano, por cuya reccomendación, los gobernantes que los siguen, caen en graves e históricos errores.
El déficit analítico de la dirigencia política actual en todo el planeta, radica en la incapacidad de los dirigentes de turno para comprender que la geopolítica no es un ejercicio fragmentado, sino la articulación armónica de la geografía física, política, económica, tecnológica, social, humana, militar, histórica e inclusive cuántica para estructurar la geoestrategia y proyectar el poder nacional.
Al ignorar esta verdad histórica, los líderes políticos toman decisiones erráticas impulsadas por ambiciones personales o partidistas, desconectadas de los intereses nacionales permanentes, porque los carcomen los deseos autocráticos.
Así las cosas, por ejemplo, subsiste una grave contradicción metodológica y científica entre proclamar la supuesta abolición de las fronteras y la exigencia simultánea de nuevas tecnologías para militarizarlas y protegerlas.
Fallas estructurales, decisiones unipersonales y vulnerabilidades energéticas
La crisis actual destapa una miopía imperdonable en los centros de decisión de Washington y Europa. Resulta inconcebible que las potencias occidentales, autodenominadas garantes del orden energético global, no hayan previsto que un actor hostil como Irán pudiera instrumentalizar la geografía política y militar del estrecho de Ormuz, para imponer su control mediante el miedo y desbordar las capacidades de protección naval estadounidenses en el Golfo Pérsico.
Paradójicamente, la política exterior estadounidense ha acumulado desaciertos de gran magnitud. Aunque la erradicación de regímenes hostiles formaba parte de una necesaria e impostergable agenda de seguridad, la persistencia de narcodictaduras corruptas en el continente —como el cartel de los soles en Venezuela ahora con Delcy Rodríguez al mando de la mafia chavista— demuestra una gestión probablemente incoherente.
Aunque se intente justificar un supuesto control sobre la renta petrolera venezolana, la realidad es que el mercado global padece desequilibrios severos y que, por ausencia absoluta de liderazgo estructurado sobre un proyecto político, la cacareada opción que tenía Venezuela era que María Corina Machado subiera al poder para que los causantes de la debacle chavista regresaran como guerreros santos desde el exterior, a recuperar sus prebendas personales, no a reconstruir estratégicamente a Venezuela.
El caso de Estados Unidos ilustra una trampa estructural. Al erigirse como la columna vertebral del petrodólar, su propia producción interna está diseñada para sostener precios altos que terminan lesionando su economía doméstica y alimentando la inflación global. A esto se suma el error estratégico de naciones periféricas como Colombia, donde funcionarios ignorantes del tema y desorientados, en cabeza de Petro intentaron desmantelar la industria de los hidrocarburos mediante absurdos pretextos ideológicos, perdiendo la oportunidad histórica de posicionar al país como un proveedor confiable, capaz de coadyuvar en la mitigación de la actual crisis de abastecimiento internacional.
Por otro lado, la audacia de China capitaliza estas debilidades, apoyando de manera clandestina las acciones de Teherán en el golfo Pérsico y demostrando que las alianzas tradicionales —incluida la OTAN, debilitada por presiones unipersonales de Trump atadas a la crónica dependencia de Washington, y la ONU convertida en un organismo inoperante— han perdido su capacidad de disuasión y equilibrio institucional para garantizar la paz mundial.
Esto se agrava debido al profundo error de cálculo diplomático de Donald Trump, al enviar al Medio Oriente negociadores impreparados, quienes han pretendido gestionar la crisis mediante intermediarios indirectos como Qatar o Pakistán, dilatando peligrosamente el conflicto en lugar de tomar el toro por los cuernos, sentando formalmente a China como parte activa de la solución, y reconociendo de frente los intereses legítimos de Israel y de las naciones sunitas del Golfo Pérsico.
Enseñanzas y lecciones aprendidas de la crisis
De la evolución de los acontecimientos recientes se desprenden experiencias prácticas fundamentales para la comprensión de la realidad mundial:
1. La logística como eslabón crítico: La falsa premisa de que la tecnología y la globalización eliminaban la necesidad de trasladar físicamente las mercancías ha dejado al descubierto la vulnerabilidad operativa de las cadenas de suministro globales, evidenciada en la crisis de los petroleros atacados permanentemente por Irán en Ormuz o por los huthíes en el Mar Rojo, y la consecuente necesidad de desviar rutas hacia oleoductos terrestres, alargar las rutas o navegar a oscuras en medio de terroristas navales.
2. El peligro de la miopía directiva: Los centros de poder internacional demostraron grave falta de previsión al no calcular que actores regionales secundarios podían instrumentalizar puntos de estrangulamiento geográfico como el estrecho de Ormuz, el Estrecho de Malaca, el Suez, el paso por Bab el Mandeb al occidente de Arabia Saudita y Yemen, o que el cambio climático pudiera poner en riesgo la navegación marítima por el canal de Panamá, agrandando más los problemas comerciales tan sensibles para la geopolítica mundial.
2. Impacto de las decisiones energéticas locales: Las políticas internas desorientadas en materia de hidrocarburos —como el desmantelamiento de la industria petrolera nacional en países como Colombia, o la falta de visión geopolítica materializada en no desarrollar esa industria por causa de conflictos internos en otros países productores, restan capacidad de maniobra geopolítica y debilitan el abastecimiento hemisférico, lo cual coadyuva a generalizar una crisis en la que las reservas mundiales de crudo se redujeron drásticamente.
3. Instrumentalización financiera de las crisis: Sobre el tablero del ajedrez geopolítico China y Estados Unidos, en condición de superpotencias no solo compiten con despliegues de fuerza militar, sino mediante la monetización del comercio y la evidente contraposición estratégica de Washington y Pekín para evitar la coerción de las rutas de tránsito marítimo por parte de iraníes, huthíes y otros proxies de Teherán, que disparan a ciegas con drones y misiles para desestabilizar los mercados respaldados por China desde la sombra.
4. Erosión de la seguridad colectiva: Las instituciones multilaterales y las alianzas tradicionales han mostrado incapacidad operativa ante crecientes liderazgos unipersonales o autocráticos en el mundo, y el realineamiento encubierto de potencias rivales como China.
5. Inutilidad de la diplomacia improvisada y de terceros intermediarios: Delegar la gestión de crisis geopolíticas del más alto nivel a enviados carentes de rigor estratégico —tal como se observa en la administración de Donald Trump y sus impreparados jefes de equipos negociadores— o pretender solucionar el problema por medio de terceros como Qatar o Pakistán en lugar de tomar el toro por los cuernos y sentar a China, a Israel y a las naciones del Golfo Pérsico en la misma mesa, solo sirve para dilatar indefinidamente el conflicto.
Conclusiones de la evolución geopolítica contemporánea
Como síntesis analítica del impacto del comercio, las decisiones de liderazgo y el retorno de la geografía, se establecen las siguientes conclusiones:
1. Supremacía ineludible de la geografía física: Ningún avance tecnológico, financiero o digital puede suplantar el valor estratégico del control territorial y de los nudos logísticos del comercio mundial, los cuales continúan dictando la correlación de fuerzas de forma implacable frente a crisis de suministro energético.
2. Fracaso metodológico del liderazgo unipersonal: Las decisiones geopolíticas tomadas al margen de la previsión geoestratégica y de los intereses nacionales permanentes conducen inexorablemente a callejones sin salida económicos y militares.
3. Vulnerabilidad estructural del petrodólar: El sistema financiero y energético global actual genera distorsiones internas lesivas para las propias potencias garantes, obligándolas a sostener esquemas de precios que alimentan la inflación y la inestabilidad ante la alarmante reducción de inventarios mundiales de crudo.
4. Falacia de la apertura fronteriza sin defensa: Existe una contradicción científica insostenible entre proclamar la desaparición de las fronteras y la urgencia de desarrollar costosas tecnologías para custodiarlas frente al narcoterrorismo, la coerción externa y la inestabilidad derivada de conflictos híbridos en puntos neurálgicos como el Golfo. Negarlo es querer tapar el sol con los dedos.
5. Vigencia absoluta del interés nacional: La conducción de los Estados debe fundamentarse en una lectura geopolítica avanzada de los escenarios potenciales venideros, evitando que los caprichos coyunturales de los gobernantes, por lo general ignaros en estas lides, sacrifiquen la estabilidad y la proyección geoestratégica de sus naciones.
6. Imperativo de la alta diplomacia especializada frente al mercantilismo coyuntural: Habida cuenta que este problema está causando serias dificultades a Estados Unidos como país y a las ambiciones electorales de Donald Trump para su partido político, la solución definitiva a esta crisis exige personas altamente especializadas, que conozcan de geopolítica, de estrategia, de diplomacia y de la historia cultural del Medio Oriente. Expertos que entiendan a cabalidad el fenómeno cultural que choca a Oriente con Occidente y, que posean habilidad genuina para concitar soluciones reales.
Esto arranca de raíz la peligrosa presencia de negociadores improvisados, expertos en transacciones comerciales particulares o de compra de vivienda, cuyas mentes están ocupadas únicamente en buscar qué ventajas particulares sacan para ellos o para sus grupos económicos y familiares, simulando una solución teóricamente favorable que en realidad encubre intereses limitados en medio de la guerra.
Acerca del autor: El teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es un oficial veterano del Ejército de Colombia, reconocido analista internacional de asuntos estratégicos, geopolítica y seguridad nacional. Autor de más de 40 libros sobre estos temas. Además conferencista internacional y consultor experto en defensa y liderazgo militar en los medios de comunicación en español más relevantes del mundo.
#geopolitica, #geografiaestrategica, #seguridadnacional, #ormuz, #petrodolar, #narcoterrorismo, #poderglobal, #estrategiamilitar, #comerciomundial, #LuisAlbertoVillamarinPulido
Comentarios
Inicie sesión para participar en la conversación.
Iniciar Sesión