Diez años de incertidumbre por robo del plebiscito y entrega de la institucionalidad al arbitrio terrorista
Reflexión introductoria
El escenario político de Colombia en el año 2016 estuvo marcado por profunda polarización social e intensa manipulación institucional. El plebiscito convocado para refrendar el acuerdo impuesto por las Farc en La Habana entre el gobierno de Juan Manuel Santos y la narcoguerrilla, germinó una encrucijada histórica.
Votar por el sí representaba apoyar la manipuladora promesa gubernamental de obtener una paz rápida y absoluta, utilizando la esperanza colectiva como mecanismo de presión electoral, sin ninguna objetividad ni beneficio para el país.
Votar por el no agrupaba la idea de sectores políticos y sociales, que advertían sobre la impunidad, la entrega de la soberanía jurídica y la validación política del terrorismo, para favorecer la voracidad mediática del trapacero presidente Juan Manuel Santos.
Cuando el no triunfó legítimamente en las urnas el 2 de octubre de 2016, se abrió una oportunidad dorada para corregir el rumbo de la nación, comenzando por exigir la renuncia de Juan Manuel Santos, sujeto desleal con el país que lo eligió creyendo en sus falsas promesas, mentiroso hasta al respirar y manipulador al extremo.
Sin embargo, los errores subsecuentes de la clase política, la maniobra marrullera del Ejecutivo y la autoproclamación de falsos representantes populares del No, autonombrados sin que nadie los hubiera elegido para tal encargo, en cabeza de Álvaro Uribe Vélez, Martha Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez Maldonado, sepultaron la voluntad soberana del pueblo colombiano y coadyuvaron a la traición, agregándole 13 páginas al fardo de imposiciones de Iván Márquez a los mediocres delegados que envió Santos a Cuba, a arrodillarse ante los terroristas.
Radiografía de un fracaso institucional y estratégico
La forma en que se condujo el proceso evidenció profundas fallas estructurales y tácticas que hoy, una década después, continúan pesando sobre la seguridad y la estabilidad de la república:
1. Oscura maniobra de Santos y complicidad opositora
Juan Manuel Santos incumplió su promesa jurada de renunciar si perdía el plebiscito. En lugar de acatar el mandato popular, implementó una asqueante y marrullera jugada política, para burlar el resultado. Y de carambola contó con la estulta complicidad autopublicitaria de Álvaro Uribe Vélez, Marta Lucía Ramírez y Alejandro Ordóñez Maldonado quienes sin mandato popular alguno, acudieron al Palacio de Nariño y convalidaron un reencauche cosmético, que incrementó el texto de 297 a 310 páginas, sin modificaciones sustanciales para el ciudadano común ni beneficio alguno para Colombia.
2. Habilidad engañosa de las Farc
En realidad, el proceso de La Habana nunca buscó la paz verdadera ni algo favorable para Colombia, sino la capitulación del Estado, con el fin de satisfacer la estulta vanidad de Juan Manuel Santos con su inmerecido Premio Nobel de Paz. Las Farc utilizaron la negociación para dilatar los plazos, conservar sus estructuras criminales, incumplir la entrega total de menores de edad y mantener zonas de concentración indefinidas.
Asimismo, las 901 caletas con armamento y municiones, jamás se entregaron con precisión bajo pretextos infantiles de pérdidas de coordenadas y fallecimientos de sujetos que sabían donde estaban. De remate nunca repararon a las víctimas, contaron con un tribunal espurio favorable a los bandidos llamado la Jep, y una comisión encabezada por un curita comunista, que les construyó a la medida, una relatoría amañada y antinatural,denominada Informe de la Comisión de la Verdad.
Y como si fuera poco nunca entregaron las propiedades, ni las cuentas en dólares y euros que aún tienen los cabecillas en paraísos fiscales, ni los lingotes de oro que esconden en Cuba y Suiza, al extremo, que se burlaron de los colombianos diciendo que entregaban traperos mohosos y escobas deshilachadas, como parte de sus inventarios. Y se les toleraron todas esas patrañas.
3. Narcotráfico, doble juego y falsos entrampamientos.
Capítulos oscuros como las disputas de rutas de cocaína evidenciadas por alias Romaña en señalamientos directos contra Timochenco, el descarado doble juego de Iván Márquez, Santrich y su círculo cercano —cuyos procesos en la justicia de los Estados Unidos desmienten cualquier teoría de entrampamiento— demostraron que el narcotráfico sigue siendo el motor financiero de estos grupos.
A Santrich lo cogieron con las manos en la masa, por ser el delincuente y narco que jugaba a dos cartas, pero los comunistas armados y desarmados con sus cómplices, dicen que fue un entrampamiento contra su querido terrorista.
Intencionalmente las Farc manipularon a los mudos negociadores de paz, que les toleraron y cohonestaron, para que no incluyeran entre sus terroristas supuestamente desmovilizados, a las milicias bolivarianas, el partido comunista clandestino y el movimiento bolivariano clandestino. Diez años después esos mismos delincuentes son quienes controlan los culttivos de coca, los laboratorios de procesamiento de cocaína, dirigen ONGS agrarias de las Farc, promueven parálisis regionales, se disfrazan de guardias campesinas y guardias indígenas, encabezan asonadas contra las tropas y coordinan la logística y la inteligencia de las cuadrillas armadas, en las regiones donde siguen delinquiendo las Farc.
4. Traición del congreso y el fast track.
Motivado por cálculos de reelección y prebendas particulares, en su conjunto y sin importar el daño que causaban a Colombia, el Congreso de la República aprobó mediante el mecanismo de fast track todas las imposiciones de La Habana.
Se marginó intencionalmente al pueblo colombiano de toda deliberación y se otorgó un anómalo estatus internacional, a un acuerdo interno mediante su registro en Ginebra, con la venia de la ONU que incapaz de poner en cintura a Rusia por las barbaridades que cometían sus tropas en Siria o le cohonestaban a Bashar Al Assad, para poder justificar que la ONU hacía algo por la paz del mundo, optaron por enviar a Colombia a unos bailarines y oarraderos, dizque en condición de “observadores neutrales”, quienes contrario a su misón, a menudo iban a los campamentos de los terroristas a participar de bacanales, parrandas, boato y se rumora que hasta en orgías, pero que lógicamente justificaban ante el resto del mudno, el rol pacifista de la ONU.
5. Omisión de los partidos políticos.
Las colectividades políticas tradicionales eludieron su deber histórico de exigir la dimisión del presidente Santos, tras la derrota plebiscitaria, prefiriendo convertir el drama nacional en una plataforma de cálculo electoral mezquino.
Sin excepción todos los politiqueros corruptos con poder buscaron sacar ventajas personales de la farsa de la paz en Cuba y del descarado robo del plebiscito al pueblo colombiano.
6. Evolución y atomización criminal.
Asi, las Farc no solo no desaparecieron, sino que se han fragmentado y expandido en estructuras como la Segunda Marquetalia, las facciones de Calarcá, o de Iván Mordisco, sumadas a redes como los cabuyos, el autodenominado Estado Mayor Bolivariano y los Comandos de Frontera, manteniendo el control territorial bajo peores condiciones a las anteriores al plebiscito.
Tras el paso condicionado de la administración de Duque —golpeada por la pandemia y la debilidad de carácter del cuestionado mandatario—, el país sufrió el embate del terrorismo urbano disfrazado de protesta social, allanando el camino para que Gustavo Petro asumiera el poder e instalara una supuesta paz total, que sirvió de componenda para desarticular la inteligencia militar, minimizar la capacidad aérea, desconfigurar las Fuerzas Especiales, debilitar el servicio militar, ridiculizar el ministerio de Defensa en cabeza de los ineptos petristas Iván Velásquez y Pedro Sánchez, con el fin de favorecer los planes estratégicos del Eln y las Farc, con quienes Petro negoció sin resulatdos, enviando ineptos representantes a conversar con los terroristas.
Lecciones aprendidas para el futuro de la nación
De estos graves errores históricos, Colombia debe extraer lecciones fundamentales para enfrentar futuras amenazas contra su seguridad:
1. Cero impunidad y sometimiento estricto. No se puede volver a negociar bajo la premisa de conceder impunidad jurídica y cuotas de poder político a criminales de lesa humanidad. La única vía legítima es el combate frontal y el sometimiento incondicional a la justicia, advirtiendo eso sí, que la izquierda armada y desarmada hará todo lo posible por sabotear cualquier iniciativa de las autoridades, para bloquear sus planes estratégicos integrados de la combinación de las formas de lucha.
2. La urgencia de un proyecto de nación. Ante la ausencia de partidos políticos serios y estructurados, el país requiere la consolidación de un proyecto político de largo aliento, que blinde las políticas de desarrollo, seguridad y defensa, convirtiéndolas en políticas de Estado permanentes, para ser desarrolladas con base en objetivos nacionales, no en los gustos particulares de cada mandatario durante su periodo.
3. Acción integral del Estado (Plan Lazo 2.0). Cualquier ofensiva militar contundente contra las estructuras armadas ilegales debe estar acompañada de manera ineludible por una fuerte acción social y la presencia permanente de toas las instittuciones del Estado en las regiones apartadas, para que cada operación militar exitosa vaya de la mano con integración a la vida nacional, de las zonas apartadas y eternamente abandonadas por el Estado.
Conclusiones político-estratégicas
1. El balance a diez años del funesto robo plebiscito de 2016 confirma que el pacto de La Habana constituyó una entrega formal de la majestad de la república al arbitrio del terrorismo.
2. Estratégicamente, el Estado renunció a su monopolio legítimo de la fuerza y de la ley, permitiendo que los victimarios reescribieran las reglas institucionales.
3. Los errores tácticos de la clase dirigente tradicional, sumados a la debilidad de los gobiernos sucesivos y al copamiento ideológico actual, han dejado al país en un estado de perpetua incertidumbre.
4. Para salvar a Colombia del colapso institucional, es imperativo recuperar la capacidad de inteligencia militar, desarticular las componendas cómplices con el delito y restaurar el principio de autoridad en todo el territorio nacional, cerrando definitivamente las puertas a la farsa de falsas paces que solo han traído más violencia y narcotráfico.
5. Sin partidos políticos rigurosamente estructurados, es decir sin proyectos de Estado como plataformas de campaña política, será imposible conseguir convivencia pacífica y quitar a los comunistas el caldo de cultivo, para que sigan impulsando la violencia narcoterrorista contra los colombianos, porque los corruptos que dicen representar al pueblo por medio de las urnas, siempre lo traicionarán para satisfacer sus egos y vanidades. La historia así lo demuestra.
Tags
#Plebiscito2016, #PazDeMentiras, #Farc, #InstitucionalidadHerida, #JuanManuelSantos, #SeguridadNacional, #PoliticaColombiana, #TerrorismoYNarcotrafico, #PlanLazo, #LuisAlbertoVillamarínPulido
Comentarios
Inicie sesión para participar en la conversación.
Iniciar Sesión