Consecuencias políticas del atentado septembrino de 1828 contra el Libertador Simón Bolívar
Historia de Colombia Hace 192 años, la nefanda noche del 25 de septiembre de 1828, sucedió en Santa Fe de Bogotá, el más ignominioso episodio de la historia política de Colombia. Un piquete de sediciosos armados ingresó por la fuerza al Palacio gubernamental de San Carlos, con el oscuro propósito de asesinar a sangre fría al padre de la patria. La conjura había sido orquestada por enemigos políticos del Libertador, con la venia y complicidad del general Santander, a quien un año antes el general Bolívar había retirado de la vicepresidencia, y la situación se había complicado debido a la fallida Convención de Ocaña, con la lamentable consecuencia que el general Pedro Alcántara Herrán declaró dictador al Libertador y por la dinámica de la compleja situación del momento, este aceptó esa denominación en contra de sus credos y conducta. Es mucho lo que se ha escrito para dejar limpio el nombre del general Santander en la asqueante conjura, aduciendo y hasta justificando un odio insepulto contra los militares venezolanos de esa época, porque eran guerreros y no “gentes cultas” como era la aristocracia criolla santafereña. El escenario político de la Gran Colombia era tenso en esa época, como desafortunadamente ha continuado siendo dos siglos después. Había intereses de las potencias europeas para instaurar una monarquía, Estados Unidos promulgaba pasos firmes alrededor de la doctrina Monroe, y las dirigencias políticas criollas se peleaban los cargos públicos por abolengos o por intrigas, pero no por capacidades o visiones de estadistas. Esa no era su preocupación. El atentado contra la vida del Libertador trajo como consecuencia la disolución de la Gran Colombia, el intento del general peruano José Lamar para ocupar militarmente a Ecuador y anexarlo parte de ese territorio al gobierno de Lima,y muchas pugnacidades políticas que culminaron con el asesinato del general Sucre, y desde luego el deterioro creciente de la salud del Libertador. Atrás quedaban sus glorias militares en los campos de batalla y sus ambiciosas percepciones geopolíticas. El sueño del congreso anfictiónico pasó al olvido, y de paso se estimuló a los traidores panameños para que luego de 14 intentos, se separaran definitivamente de Colombia en 1903.