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2021
Por su contenido, enfoque, análisis, acervo documental y sustanciación argumentativa, los lectores de los escritos del teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido, han exteriorizado por escrito comentarios de reconocimiento al importante trabajo de reconstrucción de la memoria histórica de la violencia política contra Colombia, dramática circunstancia en la que por vocación y funcionalidad constitucional, el Ejército Nacional ha aportado ingentes cuotas de sangre, sudor, lágrimas y sacrificios, para sostener la institucionalidad. Al comenzar la década de 1960, la población inerme de Colombia estaba sumida en un estado de caos y desazón, por la presión coactiva de bandas armadas de manera sistemática y similar por algunos dirigentes políticos de los partidos liberal, conservador y comunista. Y hasta siniestras alianzas tenían entre ellos en la vida política normal, como fue el caso de Alfonso López Michelsen con el bandolero comunista Juan de la Cruz Varela, con quien ocuparon curules en el congreso. En respuesta, por medio del ministro de Guerra General Alberto Ruiz Novoa, el Ejército nacional con apoyo de las demás Fuerzas Armadas, condujo un inteligente y estratégico plan de reconstrucción nacional mediante la integración cívico-militar como deber ser la solución lógica al problema, encaminado a apaciguar los espíritus belicosos y quitar el caldo de cultivo al comunismo internacional, que en plena guerra fría, ya tenía a Colombia en la mira. Este programa de integración institucional para combatir la violencia tripartidista se denominó Plan Lazo Desde Moscú, La Habana, y Pekín, los comisarios políticos de las estructuras de agitación y propaganda marxista-leninistas, promovían en Colombia la creación de guerrillas comunistas, las cuales contaron con el auspicio de Gilberto Vieira, Gloria Gaitán, Alfonso López Michelsen, Camilo Torres, Diego Montaña Cuéllar, Carlos Romero, y muchos europeos de esos que hablan enredado el castellano, quienes cuando vienen a Colombia, son elogiados por esnobistas políglotas criollos y “periodistas” de oportunidad, que los tratan con categoría de majestades reales.