Humillantes arbitrariedades de Maduro en la frontera demuestran pobreza de política exterior colombiana.
Y mientras esto ha sucedido, los presidentes y los minúsculos congresos de la república, ínfimos no en cantidad sino por calidad, han mantenido al pueblo colombiano enfrentado en guerras fratricidas, visto al Ejército como un mal necesario para sostener sus intereses de élite privilegiada y al resto de los colombianos como la “indiada, o los guaches” que deben elegirlos y reelegirlos cada cuatro años, para satisfacer los egos de sus castas.