Por espejismo de Ormuz, improvisación diplomática entregó control petrolero mundial a Pekín y Teherán
A veces la errática historia de grandes potencias no se escribe con grandes batallas, sino con la pluma descuidada de un diplomático inexperto. El Estrecho de Ormuz, el "punto de estrangulamiento" más crítico del planeta por donde fluye una quinta parte del petróleo y gas natural licuado del mundo, es hoy el escenario de una encrucijada estratégica sin precedentes para Estados Unidos.
Algo que comenzó como un intento de Donald Trump por aliviar la inflación global mediante un enredado acuerdo de reapertura, se ha transformado en una pesadilla geopolítica, materializada en formalización del control iraní sobre una vía marítima vital, lograda no por la fuerza, sino por la impericia negociadora de la Casa Blanca.
Crónica de una complea situación anunciada
Desde el inicio de las hostilidades tras los ataques coordinados entre Washington e Israel a finales de febrero, Irán comprendió que su mayor arma no eran solamente los misiles y los drones, sino la capacidad de asfixiar la economía global. Ante la parálisis del tráfico marítimo, la administración Trump, desesperada por contener los precios del combustible y la inflación interna, buscó una salida rápida. Sin embargo, su enfoque fue errático y arrogante.
El primer esfuerzo —el "Proyecto Libertad" para escoltar buques— colapsó en 48 horas tras la negativa saudí a permitir el uso de su espacio aéreo. En lugar de recalibrar opciones estratégicas, la Casa Blanca optó por una "diplomacia discreta" delegada. Aquí comenzó el error garrafal. Subcontratar la gestión de una crisis de seguridad nacional a terceros como lo hizo con Pakistán, una potencia regional que carece tanto de la influencia necesaria sobre Teherán como de la capacidad coercitiva para imponer condiciones.
Displicente con los diplomáticos de carrera, la administración Trump confió la estrategia a figuras como el yerno del presidente Trump, a un vendedor de casas en Nueva York amigo del presidente, y el vicepresidente JD Vance. Sin comprensión profunda del "ADN" negociador iraní —una cultura de persistencia, ambigüedad estratégica, geopolítica y táctica además de resistencia al martirio—, el equipo estadounidense aprobó el 14 de junio un memorando de entendimiento, cargado de ambigüedad.
Al aceptar dentro delos 14 puntos del cuestionando memorando, frases tales como que "Irán haría lo posible por garantizar el paso seguro", los negociadores de la Washington entregaron a Irán la baza diplomática y geoestratégica que necesitaba para legitimarse como el guardián —y, por tanto, el controlador— del estrecho.
Juego iraní gravita alrededor de la dictadura y el martirio como estrategia
Mientras Washington improvisa, Teherán ejecuta un plan metódico orquestado en contubernio con China. Irán sabe que su economía sufre, pero su dictadura está dispuesta a llevar a su pueblo al "martirio" con tal de atornillarse en el poder y mantener su hegemonía regional a través de proxies.
Con astucia Irán logró que Estados Unidos aceptara un statu quo en el que, en la práctica, los buques deben elegir entre pagar peajes ilícitos en el corredor norte, reforzando la soberanía iraní, o arriesgarse a ser atacados en la ruta sur de Omán. El silencio calculado de los estados árabes, víctimas históricas de la agresión iraní, refleja un miedo profundo a ser el próximo objetivo, mientras desde la distancia, Israel espera su momento, entendiendo que el acuerdo de junio es una capitulación que altera el equilibrio de poder en todo Oriente Medio.
Enseñanzas estratégicas
Este ejemplo sui generis de diplomacia errada por desconocimiento e impreparación, totalmente ajeno de la historia diplomática estadounidense deja algunas lecciones aprendidas, tales como:
1. La diplomacia no es un ejercicio de marketing: Escribir un mensaje triunfalista por parte de Trump en su red social con la frase "¡Que fluya el petróleo!" no significa ni sustituye a una política exterior coherente. La falta de objetivos estratégicos claros convierte el éxito mediático en fracaso geopolítico real.
2. El riesgo de la delegación externa: Confiar la mediación a países sin capacidad real de control o sin intereses alineados, verbigracia el caso de Pakistán, demuestra falta de concepción estratégica para conducir los objetivos geopolíticos del Estado.
3. Es vital conocer al adversario: pese a que en las academias militares y de política exterior se estudia a fondo a Sun Tzu y sus enseñanzas se complementan con el histórico pragmatismo diplomático de la Casa Blanca, esta vez la incapacidad de la actual administración para leer el ADN estratégico iraní, los indujo a firmar un documento ambiguo, que por el afán de hacerlo visible como un logro de Trump, otorgó autoridad legal al agresor.
4. La ambigüedad es el arma del enemigo: En negociaciones con países revisionistas, las frases "vagas" nunca son neutrales; son premeditadas y luego interpretadas por la parte más astuta a su favor.
5. La fuerza militar aliada necesita una base legal y regional: Sin el respaldo geopolítico y de seguridad de los aliados árabes, cualquier intento de imponer seguridad marítima está condenado al fracaso.
6. No se debe subestimar el factor ideológico: Una dictadura dispuesta al martirio de su población no se detendrá por sanciones económicas mayores o menores. Requiere una estrategia de contención integral.
Conclusiones para la Geopolítica Mundial
Así mismo surgen varias conclusiones al respecto:
1. Asfixia calculada de la libre navegación: El Estrecho de Ormuz ha pasado de ser un bien común internacional a un activo gestionado por Irán bajo un velo de legalidad.
2. Debilidad de la "Diplomacia de Aficionado": La falta de diplomáticos de carrera y estrategas militares con amplios conocimientos de geopolítica en la mesa de negociación dejó a Estados Unidos sin medidas de seguridad ante las trampas semánticas iraníes.
3. La irrelevancia actual del derecho internacional: El Memorando de Entendimiento firmado en junio de 2026, sin ser analizado y refutado por especialistas en diplomacia, geopolítica y negociaciones de alto nivel, desvió el curso de la convención de la ONU, legitimando una gestión unilateral iraní que el mundo entero afectado por la volatilidad de los precios del crudo, no ha podido contrarrestar.
4. El dilema energético global: La economía mundial se convirtió en rehén de la estabilidad interna iraní; si el régimen siente que su poder se resquebraja, utilizará el "cierre del estrecho" como un interruptor de emergencia para colapsar los mercados.
5. Un vacío de poder regional: El silencio de los vecinos árabes y la actitud de Israel confirman que el orden de seguridad tradicional en el Golfo ha colapsado, y Estados Unidos ya no es el garante indiscutible del paso marítimo, a pesar de tener la fuerza y el poderío militar para hacerlo, pero las elecciones internas de medio término pesan mucho en las decisiones de esta guerra.
Acerca del Autor:
El teniente coronel Luis Alberto Villamarín Pulido es un oficial veterano del Ejército de Colombia, reconocido analista internacional de asuntos estratégicos, geopolítica y seguridad nacional. Autor de más de 40 libros sobre el conflicto colombiano y terrorismo internacional. Además conferencista internacional y consultor experto en defensa y liderazgo militar en los medios de comunicación en español, más relevantes del mundo.
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