Tablero geoestratégico de Ormuz: Tensión geopolítica, asimetría tecnológica militar, dilema de seguridad multidimensional
Por Luis Alberto Villamarín Pulido
Introducción:
- Paz del mundo en vilo por un estrecho
En gran medida, la actual estabilidad económica y la seguridad energética del planeta dependen de una franja de agua de 33 kilómetros de ancho en su punto más angosto y crítico. El estrecho de Ormuz no es una simple ruta comercial. La guerra de Irán lo ubicó como epicentro de una confrontación que desafía las lógicas de la guerra convencional y pone a prueba la arquitectura del orden internacional.
La guerra Estados Unidos-Israel contra Irán no es un conflicto regional. Es el síntoma de un sistema en reconfiguración, donde la superioridad tecnológica de una superpotencia se enfrenta a la resistencia asimétrica de una potencia regional, y donde las decisiones políticas de corto plazo han generado un escenario de incertidumbre global sin precedentes.
- Origen del problema: Una escalada sin red de seguridad
El núcleo de la crisis identifica la erosión de los mecanismos de contención diplomática, debido a la male fe de las partes. La doble moral iraní encaminada a continuar subrepticiamente el proyecto nuclear a pesar de que preexistía un acuerdo para suspenderlo, ocasionó en 2018 la salida unilateral de Estados Unidos del pacto y, desmanteló el marco de inspección que garantizaba un "tiempo de ruptura" de un año.
Desafiante, Irán aceleró su enriquecimiento de uranio, alcanzando niveles cercanos al grado militar para fabricar armas nucleares. En respuesta, Estados Unidos impulsó una estrategia de "máxima presión" en aras del colapso económico del régimen iraní. Acto seguido, Teherán concluyó que si su país no puede exportar su petróleo, ningún otro productor de crudo en la región debería hacerlo de forma segura.
- Antecedentes históricos y geopolíticos: De Galípoli a Montreux
La historia universal aporta una advertencia sombría: la campaña de Galípoli (1915-1916). Winston Churchill subestimó la capacidad de resistencia del Imperio Otomano en un espacio geográfico restringido, resultando en un desastre militar que costó la vida de más de 130.000 hombres. Para los estrategas en Washington, un paso estrecho puede parecer un problema técnico que se resuelve por la fuerza, obviando y hasta ignorando que son pruebas de soberanía y equilibrio de poder.
No obstante, la historia también ofrece soluciones. La Convención de Montreux de 1936 demostró que es posible conciliar la libertad de navegación con las preocupaciones de seguridad del Estado con costas sobre estrechos geosestratégicos. Este modelo preservó la libertad de navegación mercante en tiempos de paz, al tiempo que restauró la soberanía de Turquía sobre los estrechos de Bósforo y Dardanelos.
- Realidades de la guerra y capacidades asimétricas
La dinámica de la guerra actual es preocupante. La reducción del 90% en el tráfico comercial a través de Ormuz disparó los precios de la energía y generó una inflación persistente. Irán ha perfeccionado una especie de "jujitsu naval", utilizando drones y misiles de bajo costo para modificar el cálculo de riesgo de toda la industria naviera mundial. En la práctica, las fuerzas armadas iraníes no necesitan hundir a toda la armada estadounidense; solamente, necesitan hacer que el tránsito comercial sea inviable.
- Presumibles errores estratégicos de la administración Trump
Analizando la gestión de la administración Trump de forma objetiva, se observan conductas que podrían configurar fallas en la planificación y la conducción estratégica de la guerra, con base en criterios de seguridad multidimensional:
1. Subestimación de la capacidad iraní para prolongar la resistencia: Asumir que las sanciones llevarían a un cambio de régimen rápido y sencillo.
2. Falta de alternativa eficaz: Retirarse del acuerdo de 2015 sin forjar una estrategia alternativa para impedir que Irán obtuviera uranio para una bomba. De remate, no haber incrementado la presión militar cuando se realizaron los bombardeos estadounidenses durante la guerra de los 12 días en 2025, e ignorar que así como Irán ideó la infraestructura de túneles en Gaza, lo obvio es que tendría muchas fábricas de drones y misiles en subterráneos escondidos en la intrincada red de montañas iraníes.
3. Unilateralismo: No consultar a los aliados occidentales antes de iniciar acciones de gran envergadura, sumado a que personalmente Trump ha minimizado a los aliados europeos, le ha dado importancia menor a la seguridad europea pese a la realidad de la agresión rusa en Ucrania, situación que originó la descomedida reacción de Europa, contestando con la misma moneda a Trump. “La guerra de Irán, no es nuestra guerra”.
4. Retórica inestable: Aunque ya es parte del paisaje político internacional, la facilidad con que Donald Trump cambia de posición frente a decisiones ya tomadas o anuncios mediáticos, hechos como pasar de amenazas de "arrasamiento" a admitir que no se tiene idea de cómo liberar el estrecho del control iraní, solo sirven para aumentar la incertidumbre que se refleja en volatilidad en los mercados, poca claridad para las tropas y mensajes ambiguos para el mundo entero.
V. Soluciones Inteligentes: Diversificación y modelo "Montreux para Ormuz"
Para que la innegable superioridad militar de Estados Unidos no se empantane en una guerra interminable de desgaste, es imperativo transitar hacia soluciones que combinen la diplomacia de alto nivel con controles efectivos internacionales para que Irán no pretenda volver a engañar al resto del mundo, porque por elementales razones, Israel reiniciará operaciones de arrasamiento contra los proyectos iraníes.
1. Un nuevo acuerdo marítimo (inspirado en Montreux)
Washington podría explorar la disposición de Irán a vincular un alto el fuego a un marco multilateral que garantice la libertad de navegación, como parte esencial para acuerdos posteriores más espinosos.
a. Soberanía y seguridad: El acuerdo propuesto debe reconocer la soberanía de Irán y Omán sobre sus aguas territoriales, pero bajo compromisos legalmente vinculantes para permitir el paso comercial, so pena de sanciones internacionales fuertes.
b. Regulación de fuerzas navales: Establecer normas para evitar conflictos entre fuerzas navales y disposiciones en tiempos de guerra que determinen las actividades concretas de los buques de guerra que naveguen por el Golfo.
c. Mecanismo de supervisión: Implementar un mecanismo externo —a través de Omán, las Naciones Unidas o un grupo de contacto de naciones árabes— para supervisar el cumplimiento.
2. Diversificación de la infraestructura energética (solución técnica)
La vulnerabilidad de la cadena de suministro debe subsanarse mediante la diversificación de la producción y de los métodos de transporte. Las rutas alternativas propuestas son:
a. Ampliación del oleoducto Este-Oeste (Arabia Saudí): Este sistema de 1200 km de longitud permite transportar petróleo desde la Provincia Oriental hasta el puerto de Yanbu en el Mar Rojo, evitando totalmente el paso por el Estrecho de Ormuz. Para hacerlo más eficiente, se debe invertir en llevar su capacidad más allá de 7 millones de barriles diarios actuales.
b. Corredor Kirkuk-Ceyhan (Irak/Turquía): Urge igualmente, reactivar y fortalecer la exportación hacia el norte, asegurando acuerdos estables entre Bagdad y el Kurdistán para garantizar un flujo constante hacia el Mar Mediterráneo.
c. Oleoducto Habshan-Fujairah (Emiratos Árabes Unidos) El propósito es maximizar el uso de esta infraestructura que permite cargar crudo directamente en el Golfo de Omán, fuera del alcance del malintencionado bloqueo iraní.
d. Producción en yacimientos fronterizos: Con el fin de diversificar las fuentes de producción petrolera y evitar que Irán siga jugando con la suerte de la economía mundial, urge fomentar la inversión en regiones menos expuestas a calamidades geopolíticas, tales como Guyana, Surinam, Argentina y Brasil, cuya producción marina de alta complejidad es menos vulnerable a sabotajes como el iraní, que por demás era una crónica anunciada.
Conclusiones y visión de estadistas
La solución inteligente no reside en la destrucción de Irán, sino en su neutralización estratégica. Desarrollando planes alternos concretos y con base en metas estratégicas, Estados Unidos puede ofrecer garantías de que pondrá fin a la guerra y mantendrá al régimen en el poder si Irán entrega todo su material fisible y detiene las hostilidades.
Al mismo tiempo, la comunidad internacional debe construir una arquitectura energética que haga que el Estrecho de Ormuz deje de ser el "cuello de botella" del mundo. Solo cuando el estrecho pierda su valor como moneda de cambio y chantaje geopolítico, la seguridad multidimensional global dejará de ser rehén de la inestabilidad en el Golfo Pérsico y las marrullas agresivas de la teocracia iraní con la complicidad de China y Rusia.
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