Eventual caída del régimen de Afganistán: ¿Inicio de nueva geopolítica del yihadismo?
Cerca de cumplirse 20 años de los ataques terroristas contra el World Trade Center en el Bajo Manhattan y el Pentágono en Virginia, las entonces derrotadas fuerzas talibán, no solo sostuvieron la ofensiva táctica terrorista durante dos décadas contra las fuerzas de la Otán y el régimen proccidental de Kabul, sino que están a punto de obtener una ruidosa victoria político-estratégica de incalculables réditos geopolíticos para el terrorismo islámico, y el ansiado sueño extremista de crear un califato extremista regido por la Sharia. Curtidos en la guerra en el desierto y las montañas que se han convertido en “cementerios de los imperios” Afganistán vive una compleja crisis, en la que, la aun débil estructura de desarrollo copiada de Occidente, parece estar a punto de derrumbarse, como corolario de una sangrienta batalla, próxima a desatarse en Kabul. No hay otra opción en el panorama para el corrupto y descompuesto gobierno. De paso, tan oscuro horizonte afecta por partida múltiple a Estados Unidos. A primera vista, queda claro que la muerte de Osama Bin Laden no causó el efecto sicológico deseado; que la larga sociedad con los señores de la guerra de la Alianza del Norte tampoco dio frutos; que el narcotráfico y el terrorismo que se dan silvestres en Afganistán y son dos puntos álgidos en la agenda de seguridad internacional de la Casa Blanca, crecieron durante las últimas dos décadas; que fue perdido el entrenamiento táctico y la asistencia militar estadounidenses a las tropas afganas y a las milicias leales a Kabul; que cuatro mandatarios con sus respectivos secretarios de guerra y los comandantes de tropas con la parafernalia de asistentes y especialistas en Asia Central, tampoco fueron capaces de generar soluciones… Y la lista de conclusiones negativas, atadas con las irreparables pérdidas de vidas humanas, el abandono de la Otán a la azarosa empresa y el agotamiento de la opinión publica doméstica, se agrega la pérdida de credibilidad de Estados Unidos como potencia en Afganistán y otros escenarios de Asia Central y África, a donde el empoderamiento talibán, llevará renovadas células terroristas.