Publicado: 2026-02-22 Clicks: 22
Por Luis Alberto Villamarín Pulido
Dadas las características acumuladas de anteriores intervenciones en escenarios nacionales e internacionales de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, en los cuales sus discursos han sido repetitivos, autoelogiosos y sin suficiente ilación, resulta casi que previsible que el discurso ante el Estado de la Unión, sería la regla y no la excepción de esta conducta.
Probablemente matizada por la ya común conducta de impredecibilidad frente a alguna decisión en que luego de autoexaltarse, defenestrar a sus adversarios políticos, o generar tormentas mediáticas, cambia de tercio, esta vez anunciará nuevos cambios en determinada decisión política reciente, pero por regla general, no quedará ningún acuerdo o documento firmado al respecto. Táctica acumulada de ambigüedad estratégica y auto justificación de incertidumbres constantes. Algo así como gobernar desde y dentro del caos constante.
Tal vez, para el hemisferio el discurso del Estado de la Unión de Donald Trump el 24 de febrero de 2026 marcará la consolidación de un esquema de "Trumpismo Global" con un enfoque en la intervención en Venezuela, la creación de un bloque anti-China en el sur con énfasis en la reunión venidera del 7 de marzo con los mandatarios latinoamericanos alineados desde ya con la Casa Blanca, el evidente logro de meter a Petro en cintura forzándolo a viajar a Washington a rendirle cuentas y comprometerlo con la reconstrucción de Venezuela, a lo que probablemente agregará que hay una inminente luna de miel con Delcy Rodríguez.
Todo esto, utilizando la captura de Nicolás Maduro y el control del petróleo venezolano como trofeos de política exterior, el presidente Trump reafirmará su enfoque transaccional y nacionalista favorable a su expectativa de un panorama electoral de Medio Periodo altamente polarizado, por ambos partidos sin excepciones.
En el orden internacional de alta trascendencia geopolítica, Trump combinará la narrativa del nuevo pero de seguro inaplicable plazo dado a Rusia y Ucrania para terminar la guerra en el verano de 2026, pues esos cuatro años de barbarie según el no hubieran ocurrido si Trump hubiera ganado las elecciones en 2020.
De seguro, tampoco será claro en el apoyo a Ucrania ni tampoco en su cada vez mas evidente inclinación a favor de Putin enmascarada con la posibilidad de negocios e inversiones de alto valor para rusos y estadounidenses.
Por razones obvias dejará a Europa y a la OTAN a la deriva y lo más probable es que vuelva a cambiar de tono en lo referente a Groenlandia, dejando los medios internacionales dedicados al mismo tema a la vez que generara reacciones inmediatas de los mandatarios europeos.
Entre tanto, China y Rusia tomarán atenta nota de lo que diga Trump, para seguir pro aparte y en conjunto acorde con los planes de cada una de las dos autocracias analizando sus propios cursos de acción venideros contra Europa.
A juzgar por su forma de actuar, Trump presentará ante el auditorio de mas alta importancia de la política interna y externa de la gran potencia norteamericana, la idea que la Junta de la Paz para Gaza ya está prácticamente en funcionamiento, y sin haber concretado con Hamás ya la paz está en camino luego de años de eterno conflicto en esa región.
Lógicamente no desaprovechará la oportunidad para hacer un nuevo guiño a los sunitas del Golfo Pérsico y para reiterar a Irán que el plazo de 15 días para renunciar al proyecto nuclear, el desmantelamiento de las fábricas de misiles hipersónicos y la desarticulación de los grupos terroristas proiraníes, so pena de atacarlos, lo cual ya parece que es una decisión tomada.
Como es su costumbre Trump saltará de un tema al otro, sin coherente ilación entre lo nacional e internacional, revolverá el tema fiscal con la para él, inobjetable acción del ICE contra la migración ilegal y las dificultades que ha tenido con alcaldes y gobernadores demócratas, dirá que nunca la economía de su país había estado mejor, presentará cifras de cuantos puntos ha aumentado el empleo durante la era Trump II, resaltará que Estados Unidos tiene un poderío militar impresionante, móvil y con capacidad demoledora total, dirá que el Departamento de Energía y el Pentágono reinician los ensayos de armas nucleares y que China y Rusia estarán obligados a aceptar las reglas militares, comerciales y geopolíticas de la Casa Blanca. Y mucho más, que ya ha dicho en repetitivos discursos anteriores.
Quizás ni mencione el tema Eipstein. Pero si lo hace, será para atacar a los jueces y los demócratas incluidos periodistas que lo cuestionan, con la no rara posibilidad de que junte la decisión de los jueces de la Corte Suprema de Justicia frente a los aranceles con el caso Eipstein. Naturalmente, hay pondría a tirios y troyanos a hablar del tema, mientras en medio de confusiones calculadas sigue desarrollando la que el considera acertada agenda del MAGA.
Mediante pausas preconcertadas, abundarán los aplausos de pie, preparados por su bancada para opacar a los contrincantes políticos.
Desde la otra orilla, y ante su ya telegrafiada intención autoelogiosa y de afianzamiento de lo que han sido 13 meses de gobierno, los demócratas estarán preparando un esquema de argumentos, quizás mas contextualizados, pero igual de virulentos, porque tendrán, detrás del Superbowl, el escenario televisado más grande en su país y en el mundo, para lanzar la campaña demócrata con miras a las elecciones de mitad de periodo.
Al final habrá muchas frases populistas de lado y lado, incertidumbres por los mensajes que en contenido Trump dejará a medias y por deducción, el punto de partida de una contienda electoral absolutamente mas polarizada que las ultimas tres, en la que Trump y sus cercanos colaboradores se sentirán en su salsa, además porque con el poder a su favor podrán argüir victimizaciones, en las que los demócratas sin liderazgo estratégico claro, por adicionada torpeza estratégica terminarían legitimando las frases pero sobre todo las intenciones de Trump.
Para alquilar balcón. En menos de 72 horas los resultados ratificarán estas y otras predicciones.
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